La comunidad del corazón

Fue un domingo, mientras almorzaba, que me dio por conectar el televisor y curiosear en su programación. Hace tiempo que desconfío de la información que vierte ese electrodoméstico y suelo emplearlo únicamente como soporte para el visionado de series. Emitían “Corazón”, en La Primera de TVE, y me pareció un buen lugar donde pasar el rato. Un programa blanco, banal y efímero. Perfecto para la lápida dominical. Pero a medida que iba escuchando las introducciones de la presentadora a los reportajes, la voz en off de los redactores sobre el montaje de imágenes del famoso o la famosa de turno, empecé a ser consciente de que esa información no tenía nada de insustancial y que, al contrario, sí tenía mucha responsabilidad en el modelo de sociedad que llevamos décadas construyendo.

Me sorprendió comprobar que, pese a los años, la línea editorial de los programas y la prensa del corazón sigue siendo extremadamente conservadora. La pareja, el matrimonio y la familia son los tres pilares sobre los que se construye el relato. En esas crónicas, la mujer tiene un protagonismo extraordinario por su belleza –característica que suelen valorar junto a su edad-, la cantidad de veces que ha sido madre –dato relevante también a la hora de evaluar su cuerpo- y lo afortunada que es si ha encontrado el amor. Ellos son, fundamentalmente, los triunfadores seductores que sientan la cabeza al encontrar una mujer y formar una familia. Que les encanten los niños es un valor principal. Y ahora también son esclavos del físico. “Con la separación reconoció haber ganado mucho peso”, escuché sobre un hombre. Todo el peso del fracaso sobre cada uno de sus kilos de más. Igualarnos en el estigma es más práctico que desactivarlo y vencerlo.

Escuché frases como “la actriz se acerca a los cuarenta con dos sueños cumplidos: ser madre y vivir esa aventura con la persona que considera adecuada para ello”, para acabar el párrafo con una contundente pregunta: “¿se puede ser más afortunada?”

La felicidad plena es el amor y la familia. No conseguirlo no se vende como un fracaso siempre y cuando confieses que sigues creyendo en esos valores para poder “volver a sonreír” cuando te enamores de nuevo. A eso le llaman “rehacer tu vida”. El embarazo es consecuencia del matrimonio y, cuando no es así, hay que preguntar continuamente por la boda, a la que suelen referirse también con la expresión “paso por el altar”. Hablan de “la parejita” cuando se refieren a la descendencia de la pareja y emplean expresiones como “darle una oportunidad al amor”, como si esto fuese una cuestión de oportunidades.

Las características de sus contenidos, el lenguaje empleado, las actitudes de sus protagonistas van filtrándose en nuestra identidad social hasta crear todo un código de valores, pautas de comportamiento y aspiraciones tóxicas al estar obligatoriamente relacionadas con el éxito y la felicidad.

Este tipo de noticias, llamadas ‘de evasión’ cuando en realidad se trata de sugestión, son las que más nos influyen en nuestra identidad porque actúan sobre nuestras emociones y sensibilidad. También sucede eso con la información de sucesos pero mientras que esas crónicas provocan reacciones impulsivas, muy causa-efecto, la información rosa va dosificando su discurso, mucho más sibilino, sobre lo que está bien y lo que está mal, sobre los valores y aspiraciones de la buena mujer y el buen hombre, dejando fuera a todos aquellos que no logren cumplir con las expectativas.

La audiencia de este tipo de prensa y de programas hace tiempo que ya no es exclusivamente femenina. El arco se ha ampliado en género y edad. Incluso han asumido la diversidad afectivo sexual no tanto con el objetivo de visibilizarla como con la intención de homonormativizarla. Hablan de parejas gais –las lesbianas siguen invisibilizadas- para presentarlas como quien da la bienvenida a los nuevos vecinos en las zonas residenciales estadounidenses. Solo aparecen parejas estables a las que preguntar también por la boda y por su proyecto de formar una familia. O sea, no te aceptan por tu diferencia sino porque estás haciendo lo posible por parecerte a ellos. Y eso, no es diversidad. Y mientras lo veía pensé en si había llegado ya el momento de empezar a reclamar algo más que la mera visibilidad y comenzar a fijarnos en el mensaje.

La prensa rosa, desde los juicios morales y agresivos de “Sálvame” a la supuesta crónica inocua y simpática de “Corazón”, desde la ensoñación de “Hola” hasta el escarnio del “Cuore”, tiene un efecto moralizante en su audiencia. Nos construye más como sociedad que cualquier otro contenido periodístico. Por eso sería interesante que alterase ese relato tan conservador, tan estereotipado, y dejase de fabricar nuestra identidad sobre valores como el casamiento, el embarazo y la búsqueda de amor como una competición en la que no tener pareja es la evidencia de haber fracasado.

prensa-rosa

 

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