PP Horror Story

Esta semana he conocido a un lector. Me dijo: “Hace mucho que no escribes de política. Te salía bien.” Le aclaré que estaba equivocado; que me resulta imposible escribir de otra cosa que no sea política porque, para mí, la literalidad de algunas susceptibilidades, las cacas de perro en medio de la acera, las muestras de amor en público de dos mujeres, los productos que me encuentro en el supermercado, los programas de televisión, las personas que me miran mal por comer carne, los precios del alquiler de la vivienda o el fútbol, son política. Todo lo que tenga que ver con los seres humanos, con lo que sienten, con lo que desprecian, con lo que les gusta, con la gestión de sus derechos y libertades, con sus obligaciones, es política. Por ponerme aristotélico diría que el hombre es un ser social por naturaleza, como los animales, y el raciocinio es lo que le empuja a marcarse objetivos, tener una concepción de la justicia y un punto de vista respecto a la desigualdad, algo que le conduce, obligatoriamente, a hacer política. También es verdad que Aristóteles decía que el mejor sistema político era aquel en el que los mejores gobernasen y desde aquella Grecia, nadie ha sido capaz de determinar esa excelencia. Por eso Ana Botella llegó a ser alcaldesa de Madrid. Por eso y porque era esposa de Aznar. Como Claire Underwood en House of Cards, solo que aquí la maldad no estaba directamente relacionada con la perversidad y sí con la deficiencia.

En una cosa sí que tenía razón el lector. Hace mucho tiempo que no escribo columnas inspiradas en políticos españoles. Pero eso es otra cosa. He escrito sobre Donald Trump pero he reprimido mi deseo de hacerlo sobre Susana Díaz, sobre Pablo Iglesias, sobre el presidente de Murcia y sobre los contratos de Més. Sé que los partidos políticos no son bancales de ejemplaridad. De hecho, aquellos a quienes elegimos para que nos representen, hace décadas que dejaron de ser elogiables, aleccionadores y modélicos, si es que alguna vez pretendieron serlo. Las decisiones y conductas de los políticos, que por suerte no son toda la vida política, han conseguido que, por hastío, dejen de apasionarme. Me limito a ir apuntando cada uno de sus desmanes, abusos, delitos, conductas impropias, en un cuaderno, para tenerlo muy presente la próxima vez que debamos ir a votar. Así seré yo mismo –y no ellos, abusando de la frágil memoria- quien elabore mi propia estadística, sopese la magnitud y responsabilidad de sus errores y decida mi voto con respeto a la democracia y, sobre todo, a mí mismo.

Que me dé una pereza horrible escribir sobre ellos no significa que no me hayan proporcionado motivos para hacerlo. No han dejado de escandalizarme ni un solo día. Los viejos partidos, porque sanearlos es tan imposible como reinventarse la historia de los últimos cincuenta años de España. Los nuevos, porque apenas necesitaron un trimestre para tener los mismos vicios y arranques que aquellos a los que prometieron no parecerse. Será el poder, que marca las reglas del juego.

En lo que llevo tiempo fijándome es en el enorme potencial, como fuente de inspiración dramática, que tienen los políticos españoles y el poco juego que le estamos sacando en materia de ficción. Los estadounidenses tienen House of cards, Homeland, y aún late en nuestra mente El ala oeste de la Casa Blanca y la tercera temporada de The Wire. Los británicos crearon House of cards, aunque luego haya sido Estados Unidos quien la convierta en un fenómeno mundial, y esa joya llamada Primer Ministro. Los daneses tienen Borgen; los franceses, Les hommes de l’ombre y los italianos, Gomorra y 1992. Nosotros, Cuéntame.

Aprovecho la columna para recomendarles la serie de no ficción Muerte en León, dirigida por Justin Webster, para que vean que no me equivoco en absoluto. Webster crea cuatro capítulos sobre el asesinato, en 2014, de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, que son puro thriller. Puede que el Partido Popular no quiera bajar el IVA del cine pero lo que nos está inspirando… eso no tiene precio. Porque Isabel Carrasco tenía una serie pero, ¿qué me dicen de Rita Barberá? ¿O de la Gurtel? ¿O la familia Fabra? Sin ir más lejos, el pasado martes, el PP hacía que Pedro Antonio Sánchez, ahora ex presidente de Murcia, dimitiese después de haber defendido su honestidad. Fascinante. Y si a eso añadimos que el PSOE es capaz de dejar el capítulo de la boda roja de Juego de Tronos a la altura de un especial de Pocoyo, estarán conmigo en que necesitamos cadenas valientes dispuestas a dejarnos contar esas historias. Si existiera un Ryan Murphy en España, ya hubiese presentado PP Horror Story, una serie antología, con temporadas autoconclusivas pero mismos personajes, para narrar los casos en los que cerca de trescientos cargos del partido, afines o vinculados, están imputados. Más que un partido, es una productora. Mira, pensándolo bien, creo que voy a volver a escribir sobre políticos. Es lo que nuestra ficción necesita.

 

spanishhorrorstory

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: