La balanza trucada

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Cuando uno se atreve a cuestionar la presión que los cánones de belleza ejercen sobre gran parte de la sociedad, resulta curioso que la primera reacción de esa misma sociedad sea analizarte físicamente. Y con un único objetivo: desactivar tu discurso. Necesitan saber si careces de musculatura, si estás gordo, si tu dentadura es fea o si tienes los ojos saltones para proporcionarles una razón que les haga comprender que tu opinión es solo fruto de la envidia, de la frustración, de una autoestima empobrecida, para así neutralizar toda reflexión implícita. Igual sucede cuando esa opinión la defiende alguien que está en forma: se inutiliza al instante porque su valedor incurre en una contradicción. El caso es no debatir sobre ello. Y cuando lo hacemos, la conciencia dura un suspiro.

Confieso que, al igual que me molesta que todo un planeta se rija por los intereses del 1% más rico, me incomoda que los cánones de belleza impuestos por una minoría marquen las conductas, objetivos y deseos de toda una población. Pero bueno, ya soy muy mayor y muy escéptico para pretender cambiar el mundo. Aunque me fastidie comprobar cada día que el capital físico tiene muchas más ventajas que cualquier otro. Incluida la inteligencia.

Esta semana he vuelto a ser testigo de lo mal que lo estamos haciendo como sociedad convirtiendo el físico de las personas no ya en un recurso valioso (eso tampoco es malo en sí mismo) sino en un arma arrojadiza, un objeto de burla, cuando se carece de él. Hay revistas, publicaciones semanales, que sin trabajar el género del humor y la sátira, más bien dedicadas a la vida social, empuñan las peores tácticas, esas que tienes que aceptar porque si no lo haces es que no tienes sentido del humor, para ridiculizar y poner en evidencia a las personas simplemente porque no se ajustan a la norma física que el redactor de turno, con una bis cómica de marica mala, impone como línea editorial.

El feminismo lleva décadas luchando contra todos esos grilletes que convierten a la mujer en un objeto de consumo. Fueron muchas las mujeres, y los hombres, que apoyaron a Inma Cuesta cuando denunció el photoshop en su fotografía. Son muchas las mujeres, y los hombres, que cada vez estamos más concienciados con el uso enfermizo que la sociedad hace de la belleza física femenina y rechazamos esos titulares que ensalzan el cuerpo de una mujer a los pocos meses de dar a luz, como si retener líquidos o perder la cintura fuese una cuestión de desidia personal. Son muchas las mujeres, y los hombres, que nos indignamos cuando una fotografía robada se burla del físico de una mujer. Por eso me sorprende el silencio cuando las víctimas de esa burla son los hombres. Sucedió con Andreu Buenafuente, con Leonardo Di Caprio, y esta semana con Maxim Huerta. Hay titulares jocosos relacionados con el aspecto, bromas inocentes de patio de colegio, esas que les decimos a nuestros hijos que no deben hacer porque no hay que reírse de nadie por su físico pero que luego, cuando somos adultos, parece que se nos olvidan. Sé que a Maxim todo esto le preocupa cero y que es capaz de darle la vuelta a la agresión haciendo referencia a los crepes que se ha comido este verano pero, ¿y si eso le sucediese a alguien con problemas de autoestima? ¿Que no vaya a la playa sería la respuesta? Repito, me sorprende el silencio de todas esas mujeres, y esos hombres, que denuncian a diario esa humillación sexista cuando señala a una mujer pero que, cuando la víctima es masculina, no le dan la menor importancia. Siendo justos, me temo que la balanza está trucada.

Pero esto, por extraño que les parezca, no es lo que más me ha molestado. Lo que más me molestó fue toparme con un libro titulado No hay excusas, de un paleontólogo más famoso por su Instagram y sus clases de crossfit que por el hallazgo de fósiles, que viene a decirnos que si tienes un “cuerpo escombro” es porque quieres.

Los cánones de belleza entran en nuestro subconsciente. Marcan no solo nuestros gustos sino también nuestro aspecto físico, convirtiéndolo en una meta más para lograr la felicidad. Y que alguien, en esta sociedad tan vulnerable a la discriminación, defienda el discurso de que no hay excusas para tener un cuerpo de portada y que si no lo haces es porque eres un vago o un débil me parece muy peligroso. Especialmente porque el discurso no es nuevo. Ya se hacía en Esparta en el siglo X antes de Cristo. Allí tiraban a los débiles por un barranco. O sea, que sabemos como acaba la historia. Ahora el barranco es la exclusión, el sentimiento de fracaso,…

Como curiosidad antropológica, me sorprende que el hombre no haya logrado liberar a la mujer de esa presión y que, por el contrario, haya optado por someterse a ella. Podría añadir que en especial el hombre homosexual pero eso merecería una columna aparte. Mientras tanto, creo que le voy a preguntar a mi autoestima si prefiere una pizza barbacoa o un crepe con dulce de leche.

  1. Pilar Alonso Cerezo

    Siempre tan acertado. Pero una ligera diferencia. Todavía somos las mujeres las más acosadas por nuestra imagen y el s muy difícil para nosotras sustraernos de esa presión, no es que simplemente los modelos que se nos impone son imposibles, sino que se mandan constantemente mensajes que te perforan el cerebro. No es tan tirano el uso de esos tacones inmensos para trabajar como el burka para ir por la calle. Nosotras llevamos siglos aguantando este calvario. No caigáis en la trampa, cimeros todo lo que vuestro cuerpo OS permita. Yo OS apoyo

  2. Isobel030@Hotmail.com

    Tienes toda la razón. El otro día, en las rebajas, me probé una xl de un vestido y menos mal que me lo tomo a risa pero tuvieron que sacarme, era una segunda piel que se quedó atascado a la altura del pecho. Tengo una 95B, peso 72 kilos y mido 1.70, o sea, que tampoco soy tan enorme. Una xl me tendría que sentar perfecta. Pero ahora me voy a tomar un té….con leche….condensada….mmmmmm. Un beso amor….

  3. Jorge

    Al igual que han hecho otros muchos, sacas conclusiones del libro ‘No hay excusas’ sin haberlo leído, y son erróneas. De todas formas, al igual que tú estás acostumbrado a que se valore el físico por encima de todo lo demás, yo estoy acostumbrado a que la gente escriba en internet sin el suficiente conocimiento de causa.

    • Evidentemente, no lo he leído. Por eso no profundizo más. Mi valoración se sustenta en el título del libro y en las entrevistas y reseñas que he leído de él. Y mi opinión no solo la escribo en internet. Este artículo sale en prensa dominical. Tengo una columna todos los domingos y aquí cuelgo ese artículo. No es que desmerezca escribir en internet pero así comprenderás que a veces no se puede tener todo el “conocimiento de causa” que se desearía. Pero tu crítica tiene el mismo valor y derecho que la mía. Gracias.

      • Salvador

        Pero entonces más autocrítica, es una horrible (y para nada de escéptico como te autodeterminas) excusa decir “comprenderás que a veces no se puede tener todo el conocimiento…” Si vas a dedicarte a escribir, no es excusa que no tengas tiempo de investigar sobre lo que escribes. Cómo mínimo creo que deberías aceptar con altura la crítica, y hasta modificar el artículo si hace falta, retractándote o rectificándote.

        Por otra parte, es interesante el artículo, y el foco principal es bueno (crítica con la que estoy de acuerdo), pero mezclas muchos temas, las argumentaciones son cruzadas entonces no queda claro quien es el malo, y peor, por qué es el malo. Si atacas a los falsos igualistas o a los ricos o a los cánones de belleza o a quiénes… de hecho, ahí es donde empiezo a no estar nada de acuerdo.

        A las personas les cuesta hacerse cargo de sus actos (por estudiados sesgos irracionales), entonces crea monstruos con superpoderes para echarles la culpa: y ahí se inventan que todo es por un magnate supermalo de medios masivos que tiene el control subconsciente de todos los seres. No estoy diciendo que expresamente digas esto, pero me suena un poco a eso… los cánones de la belleza de la sociedad, los impone la propia sociedad, no un grupo de genios locos desde sus laboratorios.

        ¡Saludos y buena vida!

  4. Vivan los crepes!!! Viva el valor y viva el derecho, 😉👍

  5. Viva el crepe con dulce de leche. Muy buena e interesante reflexión. Como siempre. O como siempre que las leo. Por cierto, yo sí me he leído antropológicamente el libro que relatas y creo que el autor promueve un hábito de vida saludable en el que de verdad cree. Es un tío con buenos valores. Pero también creo que han enfocado mal la promoción. Lanzando el mensaje de: si no estoy cachas no triunfo. Y ahí está el problema de fondo que tan bien explicas. Y que esa promo inconsciente del libro también revela como se cae en esa dictadura social cuando se podría centrar más en viva los hábitos de vida saludable. Y viva las excusas para comerte de vez en cuando una palmera de chocolate.

    • Gracias Borja por el comentario. No estoy juzgando al autor del libro, aunque confieso que, en una ocasión, en IG colgó una foto suya de hace varios años y una foto suya actual y daba a entender que era mejor persona ahora que antes. Y eso me ofendió. Luego él explicó que se sentía mejor ahora, matizó. Y luego me encuentro ese libro que, casi con seguridad sea diferente a la imagen que vende, pero que desde luego sustenta una campaña espantosa. Te vende disciplina militar, no hay excusas, si no estás como yo no triunfarás, el físico es lo más importante, y si no lo logras, eres un fracasado, un débil. Hay una filosofía de crear una especie de raza suprema a base de gimnasio y croosfit que, aunque suene exagerado, me parece teoría nazi del siglo XXI. Porque es muy distinto vender un libro de salud o este tipo de libros, con un mensaje tan “militar”.

  6. Marta Martínez

    Las mujeres están obsesionadas con el peso, todo lo que no sea por el bien de la salud propio, es tontería. Vive la vida como te parezca, sigue tu camino e ignora las críticas, eso es lo que hace alguien con la cabeza bien amueblada y unas cuantas neuronas. A partir de los 15 dejó de importarme lo que pensaban los demás sobre otros, cada cual tiene que sentirse bien consigo mismo, de lo contrario serás víctima de modas, una sociedad superficial, donde cuenta más el aspecto físico y otras estupideces que la propia persona. Buen lunes!

  7. Fernando Ferdi

    Que razón tienes, como siempre, Paco, y que bien expones tus razones y tus argumentos. Es una gozada leerte. Y ahora permíteme un comentario frívolo. Somos legión a los que nada nos parece más sexy que un hombre normal con su barriguita. ¡Abajo la dictadura del gimnasio y el six-pack!

  8. En ésta la tercera polémica que leo sobre el mismo libro ya empiezo a sentirme como un bicho raro. Yo tampoco me he leído el libro, pero mi conclusion al leer el título y lo que de él se explica es: si no estás cachas pero quieres estarlo no te quejes si no haces nada por cambiarlo.
    Todo el resto del discurso (ser mejor o peor según como tengas los bíceps) no consigo verlo por ninguna parte, pero supongo que seré yo que peco de no buscar lo peor en cada cual.

  9. Vivimos en una sociedad podrida de valores. Juzgamos a las personas por su físico. No obstante, no está de más cuidarse y tener buen aspecto. Gracias

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