Cinco lemas

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Resumir. Eso hacemos. Casi constantemente. Como si hubiésemos descubierto que nuestra capacidad intelectual de resumir anula el ejercicio de enfrentarse a una materia o asunto en su totalidad. Antes, resumir era un entrenamiento mental; ahora es la excusa para pensar menos. Nos han hecho creer que no tenemos tiempo, que la efectividad es inmediatez y por eso hemos convertido la velocidad en una manifestación del progreso. Todo rápido. La comida, la mensajería, el transporte,…hasta el sexo. Y, por supuesto, también la información. Consumimos titulares porque no tenemos tiempo de leer la noticia. Votamos lemas, imágenes mediáticas, porque estudiar los programas electorales nos llevaría mucho tiempo. Aunque esa abreviación, teniendo en cuenta que se puede mentir al electorado y mantenerse en el poder toda una legislatura, nos doblega ante la lógica.

Tal vez por eso, o vaya a saber usted qué otras razones conducen mi pensamiento, me he enfrentado a los cinco lemas más importantes de esta campaña electoral y he intentado comprender qué quieren decirnos realmente. Y este es el resultado:

“España en serio” (Partido Popular). Es el único partido que, otra vez, utiliza la palabra España en su lema. La cuestión no es que el resto no lo haga sino que ellos se crean propietarios de la palabra. Los únicos preocupados por la defensa y la unidad de España cuando lo que debería preocuparles es la defensa y la unidad del bienestar de los ciudadanos de España. Y eso, curiosamente, les preocupa menos. Pero lo realmente impactante de su lema no es la denominación de origen; es su absoluto convencimiento de que van en serio. El partido que entiende que se puede simular una indemnización en diferido, el partido que cree que la Virgen del Rocío les ayudaba a salir de la crisis, el partido que piensa que “los españoles son españoles y mucho españoles”, el partido que tiene un ministro del interior con un amigo imaginario llamado Marcelo, el partido cuyo presidente opina que “es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”, nos habla de seriedad. España, ¿en serio?

Pero el PP tiene otro lema que ha dado mucho que hablar esta semana. “Piensa sin prejuicios”. Un lema es una frase que resume una intención. Basándonos en ese principio, está claro que el PP siente que hay prejuicios en su contra y nos anima a superarlos. Intuyen que votar al PP no es cool y, quizá por eso, llevan a Soraya a bailar con Pablo Motos o hacen que Rajoy se retrate con un rociero que se ha dejado barba y para ellos eso es ser hipster. A mí, que el partido político que ha hecho del prejuicio su filosofía –contra el feminismo, contra la homosexualidad, contra la inmigración, contra la clase obrera, contra el 15M,…- me invite a “pensar sin prejuicios” no sé si me resulta más insultante que provocador. Pero si algo tiene la derecha es esa capacidad de condenar almas a la hoguera mientras ellos, en la propiedad privada de su intimidad, hacen de su casulla un sayo. Desde luego no se puede decir que el obispo de Palma, Javier Salinas, y su amante casada, militante del PP, no hayan cumplido con el lema.

“Un futuro para la mayoría” (PSOE). Los lemas también describen conductas. Las empresas publicitarias saben que para que un slogan tenga éxito debe estar pensado de acorde con la marca y filosofía de la empresa. No sé si el PSOE ha pensado en ello. Primero porque son precisamente las minorías las que necesitan un futuro y, segundo, porque no sé si los socialistas son los más indicados para guiarnos por él. Somos lo que proyectamos de la misma manera que somos, en esencia, nuestro pasado. Precisamente por eso apuestan por el futuro en el lema: para olvidar el pasado. Eso no tiene nada que ver con mi romántica apuesta por la reinserción pero cuando has sentido que le has dado la espalda a tu electorado no puedes convertir la prepotencia en el argumento de tu campaña. No sé si la humildad da votos, posiblemente no, pero seguir creyendo que la llave del progreso está en tu mano, en este nuevo panorama político, suena más a delirio de grandeza que a otra cosa.

“Con ilusión” (Ciudadanos). Es muy importante que el lema elegido esté de acorde con la imagen que se quiere dar, que vaya con la filosofía de la empresa y el plan de negocio. La semana pasada hablaba de ilusión en esta misma columna. Y les recuerdo que para entender la ilusión y el papel que juega en nuestra existencia, hay que aceptar que estamos ante una mentira. Una mentira necesaria. Tal vez por eso el partido de Albert Rivera ha elegido incluir la palabra ‘ilusión’ en su lema; porque, ellos mejor que nadie, saben que son una ilusión, un espejismo, pero necesario. Jugar a ser el tipo que detesta a los niños pero se viste de Papa Noel en unos grandes almacenes porque necesita el dinero. Quid pro quo.

“Un país contigo” (Podemos). Si algo ha comprendido Pablo Iglesias y su equipo es que tenían que buscar lo que les diferenciaba de sus competidores. Ellos emplean la palabra ‘país’ (igual que Izquierda Unida) y hacen partícipe a la gente con un pronombre más amable que esa ‘mayoría’ socialista. Lo que me sorprende es que Podemos busque la diferencia en el pasado. Tal vez por eso Pablo Iglesias fue el único que se presentó sin americana al debate televisado. Como la pana para González y Guerra en los ochenta. Me asombra que Iglesias, con la escuela mediática que tiene, no comprendiera que llevar americana en la tele es algo más que un código para tu electorado. Es una manera de que no se te vean las manchas de sudor que provocan los focos. Y dejo ahí la metáfora.

“Por un nuevo país” (Izquierda Unida). Reconocer a tu público, definirlo para saber cuales son sus necesidades y qué hay que priorizar. Eso debe ser lo más complejo para la formación de Alberto Garzón ahora que su electorado, infiel como una izquierda fragmentada, le hace ojitos a Iglesias cuando él está infinitamente más bueno. Desde esa especie de invisibilidad a la que parece haberle castigado la historia, IU es el único partido que incluye la palabra ‘nuevo’ en su lema. Tal vez eso es lo que necesitamos. Renovar los valores de un país entero. De arriba abajo. Una segunda transición. Lo nuevo es moderno, es inédito, es actual pero también corre el riesgo del aprendiz, de la necesidad del error, y no sé si estamos preparados para seguir equivocándonos. Aunque al escribir esto recuerdo algo que había dicho la sabia Maruja Torres en una entrevista: “ya sé cómo se equivoca Rajoy”. Si esto va del error, tal vez ha llegado el momento de que se equivoquen otros.

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