Las manos en el fuego

¿Recuerdan aquellos tiempos en los que la gente con una responsabilidad le daba valor a su palabra por encima de todo y si el azar o la imprudencia dejaban esa garantía expuesta al desamparo, actuaban en consecuencia apuntalando el honor con su marcha? Yo no. De hecho, no conozco ningún ejemplo de lo cuestionado anteriormente que no esté escrito en una novela caballeresca.

A estas alturas del bochorno nacional y la desvergüenza esperpéntica -¡ay maestro Valle Inclán, si levantara la cabeza!-, cualquier persona con un dedo de frente y un gramo de dignidad ya sabe que el peor enemigo de un gobierno desautorizado por sí mismo -¿hace falta que les aluda que el actual Gobierno del PP es el único que no ha cumplido ni una sola de las promesas de su programa electoral?- es la hemeroteca. De ahí que uno de los objetivos prioritarios de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría durante la legislatura haya sido el control de los medios de comunicación. De esa manera no solo se aseguran lo que van a contar a partir de ese momento sino que también garantizan que sus palabras caducadas, pervertidas y devaluadas, no se conviertan en titulares que pongan en evidencia su desvergüenza.

¿Qué fue de la responsabilidad política? Por ejemplo, el PP siempre ha metido las manos en el fuego por sus líderes políticos cuando los jueces empezaban a intuir la sombra del delito. Han dicho que Rodrigo Rato era el mejor ministro de economía posible. Supongo que se referían a la suya propia. Cristina Cifuentes, candidata a la Comunidad de Madrid, dijo que era el mejor presidente imaginable para Bankia.  Mariano Rajoy, presidente de este nuestro gobierno, debe tener las manos chamuscadas porque, no lo olviden, dijo que mantenía en Francisco Camps toda su confianza y soltó aquella frase tan épica de “yo creo en ti. Y estaré detrás de ti, delante o al lado, me da igual”; también afirmó que Carlos Fabra era “un político ejemplar” y que iban a intentar hacer en España lo que Jaume Matas y todo el PP balear hizo por el archipiélago. Hay que reconocer que en esa frase no mintió. Y la suma sigue (Trillo, Pujalte,…) Supongo que ahora que once de los catorce ex ministros de Aznar están imputados, cobraron sobresueldos o están en la cárcel, el PP en bloque debería ingresar en la unidad de quemados de cualquier hospital privado, que ellos son de privar mucho. A uno pueden engañarle una vez, dos, hasta tres, pero llegados a este punto, una de dos, o carece de la responsabilidad precisa para liderar y por lo tanto detectar al ladrón que tiene cerca o aquí, quién más o quien menos, ha metido la mano en el cajón.

Tal era el grado de sus quemaduras que decidieron, a partir del caso Bárcenas, hacer declaraciones en las que aseguraban que ya no ponían la mano en el fuego por nadie, excepto por sus familias. A esa excepción no se unió Ana Mato por razones por todos conocidas.

Asisto, con asombro atroz, a la maniobra de desvinculación que el partido del gobierno lleva a cabo para que los ciudadanos nos creamos que Rodrigo Rato es Alien, el octavo pasajero, y ellos, la teniente Ripley. Pretender hacernos creer que la detención de Rato es un ejercicio de honradez resulta patético. Entiendo que un partido político mayoritario es un monstruo de dimensiones aparentemente inabordables. Pero solo puede aparentar eso, nunca serlo. Como cuando nos parece imposible que un avión pueda sostenerse en el aire; nuestra impresión jamás debe ocultar la realidad. Por eso es intolerable que en el PP hubiera, durante años, tantas personas visibles robando, manipulando, enriqueciéndose de manera dudosa, y ahí nadie hiciera nada. ¡Señores, que es el partido del Gobierno! Ya no tiene sentido pedir la dimisión. Hay que reclamar el destierro. Ahora mismo, la sede de Génova huele peor que la Dinamarca de Hamlet.

El PP se ha empeñado en controlar los medios de comunicación porque en el fondo sabe que su peor enemigo es él mismo. Es posible que en eso se parezcan todos los partidos –las luchas de poder son dignas de un guión de Juego de Tronos y salpican a grandes y pequeños-, pero la aparente diferencia entre PP y el resto de partidos es que los Populares parecen haber logrado una fidelidad rastrera entre sus votantes, a los que parece darles exactamente igual que sus líderes se enriqueciesen ilegalmente o se pasasen por la piedra toda ética. Que a día de hoy, conociendo lo que conocemos, el PP siga siendo el partido político más votado solo me empuja a pensar en el criterio que moviliza a su electorado y si podríamos empezar a hablar de complicidad.

Con el Gobierno del PP ha sucedido como con Bailando con lobos, la película que dirigió Kevin Costner, que duraba ciento ochenta minutos pero el espectador salía de la sala sintiendo que había perdido veinte horas de su vida encerrado en un patio de butacas. Nos han gobernado cuatro años pero todos percibimos que llevan una eternidad alargándonos esta travesía por el desierto que ellos recorren en un todo terreno. Ese es un gran mérito de todos los gobiernos de derechas: lograr que cualquier tiempo pasado sea mejor.

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Un Comentario

  1. Estoy tan cansado y harto de este gobierno que temo desarrollar síndrome de Estocolmo en cualquier momento ante tanta impotencia y rabia como siento… Por qué le siguen llamando Rodrigo Rato…? Ya ha dado muestras más que suficientes de que es una RATA. (una sucia rata de cloaca, alcantarilla y basurero que todo lo hace por dinero)

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