Barco Pirata

En lo elemental, seguimos funcionando como una sociedad arcaica. Preferimos elaborar la excusa a enfrentarnos a las razones y motivaciones que nos inducen a comportarnos de una determinada manera. Nos dejamos abducir por teorías de la conspiración –¿es mi percepción o es que ahora cualquier hecho social o político tiene una teoría conspirativa detrás?- que hacen que nos consideremos afortunados por creer en ellas, elegidos, iluminados, una élite intelectual cuando, en el fondo, lo único que estamos haciendo es alimentar la existencia de un mal supremo que justifique nuestra desidia, nuestro desencanto o nuestro error. Todo muy medievo.

Esta semana he leído un informe, escrito por el Observatorio de Hábitos del Consumo Digital, en el que se desvela que el 60% de los contenidos digitales (música, cine, libros, videojuegos, series de televisión) que se consumen en España es pirata. El consumo, como concepto etimológico, maneja la acepción del disfrute, de la posesión de un producto, bien o servicio, pero también la de pagar por aquello que se consume. Sin embargo, en estos tiempos en los que la cultura vive un penoso desamparo, la acepción de consumir que manejamos es la de agotar, acumular contenidos más allá de nuestra capacidad para consumirlos; extinguir una industria, por pequeña que sea, con el débil argumento de que si algo se puede obtener gratis, ¿por qué pagar por ello?

En el informe sobre hábitos de consumo se exponían las razones que el consumidor manifiesta y por las cuales decide piratear. Un espeluznante 61% no paga por un contenido si puede acceder a él sin coste alguno. El 51% argumenta que ya paga por su conexión a Internet. Y un 25% indica que como es un hábito colectivo, pues se suma a él sin remordimiento.

Me atrevería a insinuar que en ese 61% que tiene tan claro que si puede acceder a un contenido o servicio gratis, lo hará, aunque ese acceso sea ilegal, luego se manifiesta delante de las sedes de los partidos políticos, vomita argumentos contra la corrupción y participa en todo tipo de marchas y quejas a favor del estado del bienestar. Es curioso como el consumo cultural se ha trasladado hacia un territorio de abandono donde ni Gobierno, ni empresarios ni consumidores muestran interés por abordar el problema con responsabilidad. De hecho, no es su problema.

Disfrutamos culpando al poder de todas las cosas que no funcionan. Y con razón. Pero esa exigencia que reivindicamos es muy poco efectiva cuando tenemos que ajustarla a nuestra vida cotidiana. El poder hace las cosas mal. Y cuando las hace mal en interés propio, nos indignamos. Pero nosotros somos responsables de nosotros mismos, de nuestras decisiones y conductas, y no podemos delegar en el poder, ni en teorías de la conspiración, la justificación de nuestros actos.

Por supuesto que no estoy de acuerdo con muchas cosas que han caracterizado a la industria cultural en España desde hace décadas. Todo puede mejorarse, debe mejorarse, pero ese es otro debate. Muy interesante y urgente, pero aquí me refiero a nuestra conciencia colectiva, a ese 61% de ciudadanos que si puede obtener algo gratis, lo consume, sin más remordimientos.

Recuerdo que hace años viajé a Viena. Allí comprobé que los accesos al metro no tenían torniquetes. La entrada estaba abierta pero eso no disuadía al consumidor de abonar su billete para emprender su trayecto. Hasta que apareció el grupo de los españoles. Al grito de ‘el metro es gratis’ se colaron sin problema. Saqué mi billete, soportando las burlas de mi acompañante, y comprendí que el auténtico problema de este país es la ausencia de valores y ética. Los vieneses entendían que mantener los servicios de su ciudad requería de su colaboración y no necesitaban torniquetes que les disuadiesen de la infracción. Nosotros, un pueblo que arrastra una mentalidad de posguerra, creemos que obtener algo gratis cuando los demás pagan demuestra lo espabilados que somos. Y así nos va.

La cultura es un bien. De hecho, si en algo España es una superpotencia mundial es en cultura. Por eso me resulta inconcebible que no se eduque en el respeto a la propiedad intelectual. Si bien estoy en contra del IVA cultural, creo que las empresas de telecomunicaciones son en gran medida responsables de instruir o fomentar el consumo pirata con sus ofertas de megas y bandas anchas, también creo que los ciudadanos son responsables, cómplices, del mal cultural de este país. Tal vez no haya mucha diferencia entre lo que piensa Montoro o Wert de los creadores culturales y lo que piensa ese 61% de españoles a los que no les importa robarme si he dejado la puerta de mi casa abierta. Soy un tipo raro. Tal vez hay demasiada gente en este barco pirata y los creadores seguimos aferrados a un trozo de madera, flotando en alta mar, a la espera de que alguna maldita corriente nos devuelva al menos a la orilla.

Un-texto-sobre-piratería-6-Animemx

Un Comentario

  1. Juan

    Parece que el hecho de conseguir algo sin esfuerzo es sinónimo de que tampoco requiere esfuerzo crearlo. Es lo mismo cuando se reclama una sanidad o educación gratis para todos; ese gratis nos da la sensación que está ahí, que sale de la nada, cuando quizás se debiera decir “accesible”. Para algo se lleva a los niños de la ciudad al campo, para que vean, sientan (porque con saberlo de memoria no sirve) que todo eso que está en el super no sale de la nada.

    Lo de las barreras de Viena siempre hacen recordarle a uno ser el “tonto” que paga aunque nadie le coaccione a ello. Si me dicen que tengo que coger un ticket aunque no haya barreras lo cojo; y mi tonta picardía reside en que si por esas barreras pierdo varias veces el tren, me tomo la libertad de darme una compensación.

    ¿Y el pirateo? Esto es el capitalismo, consigamos el máximo beneficio a mínimo coste (y el esforzarse es un coste), que como eso me va a mi bien, al de al lado también le va a ir bien (claro, nadie habla de dónde salen esos recursos de donde se consigue ese beneficio). La cultura, lo que se llama cultura, es ahora entretenimiento, para pasar el tiempo, para consumirlo, pero nada más. Es algo secundario, un simple disfrute de uno, un exceso, no una necesidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: