Je suis Charlie

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El problema no es el arma. El problema son las razones de las que se sirven para empuñarla. Mi cada vez más restringido optimismo ante la condición humana me lleva a creer que da igual que acabásemos con la industria armamentística; volveríamos a un pasado bíblico para continuar matándonos aunque fuese a pedradas. Repito: lo que me aterra son las razones con las que algunas personas son capaces de justificar el asesinato de otras.

La tragedia del pasado miércoles en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, en París, cuando tres armados asesinaron a doce personas al grito de “hemos vengado al profeta Mahoma”, ha vuelto a situar en la calle un debate que, al plantearse por impulsos y sin rigor, tiende a la confusión. Recordarán que el semanario fue amenazado por grupos islamistas, en 2011, al publicar unas caricaturas de Mahoma. De hecho, sufrió un ataque con un artefacto incendiario, sin que hubiese víctimas. Las razones –esas que deben ser suficientes para empuñar un arma y apretar un gatillo- alegaban que se estaba ofendiendo a la religión islámica, era blasfemia dibujar al profeta y eso se pagaba con la muerte. Si en este momento su balanza de valores no se ha inclinado completamente, tal vez debería dejar de leer esta columna porque usted ya está perdido para la causa. ¿Qué causa? La de crear un mundo mejor.

Los dibujos, las caricaturas, no matan. El fanatismo, religioso e ideológico, sí. La demencia de un genocida es atroz pero puede llegar a rendir cuentas en los tribunales. La barbarie insensata del ideólogo religioso, jamás. Nunca he visto a un líder religioso, propagador de las razones que enfrentan, pagando por incitar al odio. La libertad de culto es un derecho. Lo espeluznante es que en nombre de ese derecho y esa libertad se cercenen otros derechos y libertades. Basta echar un vistazo a la historia para comprobar que en nombre de Dios se ha llegado a matar. Y eso es sencillamente demencial.

Siempre he vivido con el conflicto de no aceptar cualquier creencia o tradición que, desde mi punto de vista, vaya contra los derechos humanos. Y la convivencia me ha enseñado que ni todos los islámicos son yihadistas ni todos los católicos suscriben las palabras del obispo de Alcalá de Henares. Pero gran parte de la interpretación que los dirigentes religiosos, en este caso islamistas, hacen de sus lecturas sagradas es contraria a derechos y libertades. Como todas las religiones, pensarán. Bueno, como en todo, hay matices. Igual que no es lo mismo PP y PSOE, y alguien con dos dedos de frente lo sabe, no tiene la misma consecuencia el discurso islamista que el cristiano. Ambos pueden llegar a ser igual de peligrosos, cierto, pero su asimilación social es muy distinta. Sobre todo porque en esa enajenación mental, llamada yihadismo, ha calado hondo la promesa de una vida eterna, como si su dios les estuviese esperando en el cielo con los brazos abiertos, y eso les hace invulnerables a la razón, a la compasión, a cualquier rastro salvador de lógica. Esa vida eterna también está en el credo de otras religiones pero no lo suficiente como para convertirse en bombas humanas por fe.

Es cierto que la intransigencia islamista no se diferencia mucho, en la teoría, de la del resto de religiones, parcelas de poder que buscan un adoctrinamiento basado en el miedo y la amenaza. En España, hace tres años, La Fresh Gallery, la galería de arte de Topacio Fresh e Israel Cotes, sufrió un atentado con cócteles molotov, que no llegaron a explotar, por exponer una colección de fotos del cineasta Bruce LaBruce en la que varios famosos aparecían retratados en poses de contenido sexual e imaginería religiosa. Les recuerdo la bomba preparada contra Leo Bassi en el teatro Alfil de Madrid cuando representaba La revelación hace nueve años. La revista Mongolia, que sería lo más parecido a Charlie Hebdo en España, no ha dejado de recibir amenazas del catolicismo más integrista cada vez que bromea con ‘el hombre del espacio’ o hace portadas satíricas con contenidos religiosos. De hecho, el principal argumento de los críticos con la publicación es “os metéis con el cristianismo pero con Mahoma no hay cojones”, ignorando (o no) que en ese mensaje hay implícita una amenaza y una justificación del asesinato si la razón es que has ofendido mis creencias con tu caricatura.

En esta semana he asistido a debates que concluyen en la autoafirmación de nuestras ideas y poco más. He conversado con jóvenes musulmanes en España que, tras condenar los asesinatos y glorificar la libertad de expresión, apuntan que no se puede uno meter con el profeta ni con el Corán porque para ellos es una ofensa. Y esa intransigencia sin matices, la seguridad con la que decían que ese tema no se podía tocar ni parodiar, es un escollo insalvable. Eso sin contar a aquellos que se han dejado llevar por un tsunami de islamofobia o, y estos me llaman mucho la atención, los hiper documentados que, con cierto aire de condescendencia, te dicen que si supieras realmente qué es Charlie Hebdo lo mismo dejábamos de escribir #JeSuisCharlie. Como si existiesen razones capaces de eliminar cualquier rastro de solidaridad y compasión frente a la barbarie asesina.

Lo único que he sacado en claro es que lo religioso sigue siendo intocable. Y eso es inconcebible. ¿Qué es más importante: nuestros derechos básicos o los preceptos religiosos, sea cual sea esa religión?

Salman Rushdie, que lleva 26 años condenado a muerte en un edicto religioso del Ayatola Jomeini por escribir la novela Los versos satánicos, lo explicó mil veces mejor que yo. “Respeta la religión” se ha convertido en una frase en clave que en verdad significa “teme a la religión”. “Las religiones, como todas las ideas, merecen la crítica, la sátira y, sí, nuestra falta de respeto sin miedo”. Hoy, y siempre, je suis Charlie.

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Un Comentario

  1. Totalmente de acuerdo. Intentamos comparar realidades que no son comparables. Si dices Je suis Charlie, ya sale alguien diciendo que la libertad de expresión tiene límites, si haces un chiste sobre una religión, saldrá el que diga que hay que respetar los credos. Todo puede parecer lícito, pero empuñar un arma para defender una idea (sea cual sea) nunca estará en mi defensa.

    un saludo

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