Deseos de año nuevo

En primer lugar, no estoy obsesionado con el mensaje de navidad del nuevo rey. Es pura coincidencia que dos semanas seguidas acuda a las palabras de Felipe VI para escribir esta columna. Sinceramente, lo que me interesa es que la jefatura del Estado y los estamentos poderosos –en cualquiera de sus variedades- le otorguen tanta importancia a la ilusión. No discuto la trascendencia de la confianza en uno mismo a la hora de afrontar esta carrera de obstáculos; cuestiono la estrategia de aquellos que se dedican a instalar los obstáculos para luego emplear la ilusión como un estímulo en plena carrera. No sé si me entienden.

Este año, el mensaje navideño del Rey también se llenó de ilusión. Entre España, futuro, convivencia y confianza, se coló, una vez más, la bendita ilusión. Porque como ya hemos visto que con esfuerzo y austeridad nada ha cambiado, ahora nos recomiendan ilusión. Soy de los que prefieren menos ‘ilusión’ y más reformas profundas, de esas que pondrían nerviosa a Mónica de Oriol, la presidenta del Círculo de Empresarios, pero que darían más bienestar a este país. Vamos, que nos ilusionarían de verdad. Este país que, con mucha ilusión, ha visto como uno de cada tres niños en España vivía bajo el umbral de la pobreza mientras el número de millonarios aumentaba un 24% en un solo año según Credit Suisse, estandarte del negocio financiero suizo, ustedes ya me entienden.

166856-sonar-viajarCon el tiempo, que es un cáncer para el optimismo, esa ilusión que nos recomiendan se apaga, inverna hasta en los meses más calurosos a la espera de una primavera, en el sentido más revolucionario y esperanzador de la palabra. No es que no la necesitemos, al contrario; lo que sucede es que nos resulta intolerable que los mismos que se han pasado la vida robando de las arcas públicas, que disfrutaron de sus cargos a base de costosos privilegios, que nos señalaron con el dedo acusándonos de vivir por encima de nuestras posibilidades, que aseguran que subir los salarios dañaría la recuperación sean los que ahora nos aconsejen ‘ilusión’ para cruzar el erial que nos han dejado.

Todos lo hemos dicho alguna vez. Eso de que “ya verás cómo se soluciona” o “todo irá bien”. En ocasiones porque creíamos fielmente en ello; otras veces, para lanzar una mentira piadosa sobre un mal mayor imposible de abarcar. Hay psicólogos que aseguran que la ilusión, ese “todo se va a solucionar”, es una trampa de la que en ocasiones es difícil escapar. Sin preparación y sin analizar cuidadosamente la situación, la ilusión no servirá de nada y probablemente las cosas salgan mal, lo que, a su vez, nos provocará una enorme decepción. ¿De qué sirve la ilusión con una reforma laboral atroz, con trabajos y sueldos miserables, con bancos desahuciando ancianos, con un fundido bienestar social, con grandes empresas despidiendo trabajadores –muchos cobrando 1000 euros- para obtener más beneficios, con el miedo al paro como un cheque en blanco para el abuso?

Aunque Felipe VI y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ven ilusión en los ojos de la gente –quizá deberían recordar aquel himno generacional de Golpes Bajos-, la realidad siempre es otra. De hecho, Cofidis, que es un prestamista moderno, de esos que basan su negocio en la necesidad y los deseos, lleva tres años elaborando un ‘barómetro de la ilusión’, una investigación para analizar los objetivos e ilusiones de los españoles y ver su evolución en el tiempo.

Pienso que conociendo lo que desea un país podríamos desvelar si ese país es feliz o no. Y según ese estudio, España sueña con poder viajar; aún no sé si con la intención de huir y con la saludable idea de conocer nuevos horizontes. Viajar es un sueño proletario. El sueño de un país pobre.

Los otros dos deseos de la población, siempre según Cofidis, son pasar más tiempo con la familia y los amigos (29%) y encontrar trabajo (23%). O sea, un país dividido en dos: los que tienen trabajo pero no pueden disfrutar de su familia y su ocio –déjenme pensar que porque las jornadas laborales son interminablemente duras por el mismo o menor salario- y los que no lo tienen. ¿Esa es la imagen de un país feliz? Para Mariano Rajoy, sí. Él mismo, sin atisbo de pudor, nos ha dicho que estas han sido “las Navidades de la recuperación”; que al final de la legislatura habrá menos paro y que somos el país que más crece de la UE. Se le olvidó apuntar que tal vez tenga algo que ver el hecho de que su Gobierno haya logrado que seamos el país con trabajadores cualificados peor pagados de Europa, o sea, el paraíso del gran empresario. Pero claro, eso es demagogia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: