Nada es lo que parece

Como en House of games. Como en los guiones de Damián Szifron. Todo aquello que interrumpe nuestra lectura horizontal de la confusa realidad es solo una luz roja de alerta ante el peligroso influjo del pensamiento único. Aunque debo reconocer que cada vez me resulta más difícil acomodarme en él. De hecho, empiezo a considerar su no existencia. Asumo una reacción mayoritaria, que se protege del asedio con los duros escudos de piedra de la obstinación, pero mientras se visibilice una duda, nada es único.

Vivimos tiempos fugaces donde ni siquiera puedes detenerte un segundo a analizar lo que acaba de suceder porque un minuto después ya ha ocurrido otra cosa que o bien altera la percepción de la anterior o bien la arrincona en una esquina de la actualidad. Hay días que me siento víctima de las redes sociales, como si tuviese la obligación de opinar constantemente sobre todo. Sobre la muerte de la Duquesa, sobre la violencia de género, sobre los sacerdotes pederastas, sobre lo nuevo de Serrat… Nos hemos creado una obligación 3.0. que no requiere ninguna preparación específica. Actuamos como tertulianos de nuestras redes sociales donde encontramos un púlpito desde el que dar nuestra constante opinión. Y parece que como se trata de una red social, casi un juego, no debemos asumir ninguna responsabilidad respecto a lo que decimos o difundimos. Y la información, ese bien preciado, se distribuye y canaliza sin ningún tipo de criterio. Parece asumido que los medios de comunicación están manipulados pero lo que nosotros escribimos y enlazamos en nuestros muros del Facebook o en nuestra cuenta de Twitter es verdad. Y quizá deberíamos asumir, antes de dar a entender que habitamos en la certeza, que nada es lo que parece. Nada. Ni siquiera yo.

No es la primera vez que me encuentro con noticias en las redes que, al entrar a leerlas, descubro que tienen fecha de dos años atrás. Y aunque intentes poner orden en el error, la bola ha empezado a rodar y pobre de ti si te pilla delante. Como aquellos que dieron por muerto al actor Benicio del Toro sin contrastar dos segundos la noticia. La información circula a una velocidad tan desproporcionada e interesada que es difícil tener una conclusión serena en apenas diez minutos. Presionamos el ‘me gusta’ sin responsabilizarnos de que, un día después, la noticia puede haber girado, convirtiendo nuestra opinión en una contradicción. Olvidamos que necesitamos datos para alimentar el punto de vista. Pero optamos por el impulso frente al análisis.

Nada es lo que parece. No siempre te quiere el que te hace llorar, ni Bill Cosby es un anciano adorable, ni Cayetana de Alba era una revolucionaria, ni Mariló Montero es tonta. Ahí tienen la polémica que ha salpicado a Iñigo Errejón en las últimas semanas. La misma noticia pasó, en unos días, de ser un caso de corrupción del responsable de la Secretaría Política de Podemos a una actuación perfectamente regulada por ley para acabar destapando una supuesta corruptela en el ámbito universitario que nada tenía que ver con el origen de la información y sí con el sistema. Y vamos adaptando nuestro veredicto.

Soy el primero al que, en el ambiente de desvergüenza y miseria moral en el que nos hemos instalado, le parece desproporcionado criticar con ferocidad 1.825 euros de un trabajo de investigación becado cuando aún no nos hemos recuperado de la vida de lujos que se financiaba Miguel Blesa y el resto de directivos y consejeros de Caja Madrid y Bankia a cargo de las tarjetas black. Es como si ahora despidiésemos, como actitud ejemplarizante, a la secretaria de un corrupto porque se llevó a su casa un paquete de folios de la empresa. Pero lo asumo. Admito que la ética y la honradez no deben tener matices. Hay que hacer frente a la sospecha. Y más cuando uno pertenece a un partido que promete la regeneración de la vida democrática.

Pero, ¿cual es la solución? Porque, de verdad, ¿aún hay alguien que cree que se contrata a gente a través del INEM, o por enviar un currículum, o por tener perfil en Linkedin? ¿De verdad alguien piensa que Curri Valenzuela está en Los Desayunos de TVE porque es una gran analista política? ¿De verdad alguien se atreve a poner la mano en el fuego por la honradez y la igualdad de oportunidades en cualquier ámbito profesional?

Pero una parte de mí, esa que asume que nada es lo que parece y que duda con cada toma de aire, no puede evitar confundirse aún más cuando lee que Errejón debe abandonar su investigación universitaria porque es incompatible con su labor en Podemos mientras que los diputados españoles, especialmente los de los dos grupos mayoritarios, compatibilizan sus escaños, y sueldos, con sus trabajos particulares. La norma del Congreso les exige disponibilidad absoluta pero no exclusiva, lo que significa que muchos siguen trabajando en sus negocios. No es que me interese lo más mínimo el “y tú más” pero, como les cuento, me confunde. Debe ser que la confusión es el máximo grado de meditación humana al que soy capaz de llegar en este momento.

1415892800_413245_1415900063_noticia_fotograma

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: