Los aguafiestas

Ahora lo he entendido todo. Es como cuando te enamoras. Como ese estado emocional que hace que nos tiremos de cabeza a las aguas del deseo, de la creencia, de la necesidad de perspectiva. Y uno, felizmente intoxicado, siente que nunca nadie, ni antes ni después, supo comprenderle como ese nuevo amor. Y brota la dopamina mientras prendemos en la mirada el brillo de la complicidad, de la pasión, de la confianza, de la ilusión. Y como aquella encantadora Sally Bowles de Cabaret, lanzamos la voz al firmamento cantando eso de que quizá esta vez tengamos suerte.

Y ahora imaginen que, sumergidos en esa embriaguez que es el amor, quedamos con un amigo, le hacemos cómplice de nuestros anhelos y esa persona, con esa condescendencia que da la superioridad, nos suelta: “¿Estás seguro de que él es quien dice ser? ¿Y si te miente? ¿Y si no te quiere? ¿Y si se acerca a ti por el interés? Lo conozco bien y sé que es un cabrón de tomo y lomo que se ha tirado a media Mallorca. Vamos, que apuesto lo que quieras a que dentro de dos meses ya tienes unos cuernos que ni el papá de Bambi”. ¿Qué haríamos? Yo, casi con toda seguridad, recriminaría a mi amigo no haber sabido empatizar con mis anhelos; no hacer el más mínimo esfuerzo por acompañar mi ánimo. Independientemente de que sus palabras pudiesen, o no, ser verdad.

Ahora he entendido que eso es lo que les sucede a las personas que han recuperado la ilusión en que otro modelo de Estado es posible gracias a Podemos. Tras años de desencanto, de pillar a todos los novios en camas ajenas, ahora llega uno que promete serte fiel, al menos mientra dure el amor, y ellos y ellas, que están cansados de perder siempre, sienten próxima la posibilidad de ganar. Como Sally Bowles. Por eso reaccionan con esa comprensible acritud, con la agresividad del que se protege, cada vez que algún aguafiestas como yo aprovechamos una tertulia de café o una amigable sobremesa para sacar a relucir mis razonables dudas respecto a la formación política que lidera la intención de voto directo de los españoles.

Por supuesto, hablo de dudas y críticas razonables, no de las intoxicaciones etílicas de personajes como Hermann ‘Munster’ Tertsch o Alfonso Ussía, especialistas en convertir cualquier idea en razonamiento basura, en parodia de la realidad, en propaganda del engaño. He escuchado a ese señor de apellido de Tercer Reich decir que los líderes de Podemos, si llegasen al poder, le matarían. A él y a todos los que piensen diferente. Y lo ha dicho en una televisión pública, en Telemadrid. No hablo de ese nivel de impudicia. Hablo de recelos razonables, incitados por la reflexión sensata de la actualidad, si es que eso es posible, y no alentados en los foros de Internet, cajones de sastre de la opinión indocumentada. Y en ese enfrentamiento entre las dos Españas –otra puta vez- asisto con estupor a que una crítica a Podemos regrese a ti convertida en un ataque de sus seguidores que, en su derroche energético de ilusión, se atrevan a definirte como ‘pepero’; y, a su vez, escucho a los detractores de Podemos pintar un panorama apocalíptico ante su victoria que es falso por necesidad.

Los salvapatrias me incomodan. Independientemente de su ideología política. No soporto leer que si gana Podemos vamos a ser como Venezuela. Esos argumentos son exactamente los mismos que se escuchaban en este país en 1982 cuando “venían los socialistas” y esto iba a ser Cuba. Como siempre, la virtud está en el término medio. Valoro la capacidad crítica en un país y es cierto que en el discurso de Podemos hay algo añejo que me provoca cierto rechazo pero no le tengo ningún miedo a su triunfo. Al revés, me estimula. Porque esto no es Venezuela, ni Cuba, ni Rusia, ni Noruega. Esto es España. Para lo bueno y para lo malo. Y si no nos gusta un gobierno, si nos sentimos estafados, engañados, traicionados, se le echa en las elecciones y punto. Y esa virtud democrática se la han pasado muchos por el forro durante años, con la tediosa excusa del desencanto, haciendo de la abstención su ideología, y ahora se atreven a dar clases de ciudadanía y compromiso alertando a la sociedad de la llegada del fin del mundo desde una especie de superioridad mesiánica que tampoco me ofrece mucha confianza. Puestos a juzgar a mis contemporáneos, me parecen mucho más peligrosos para la salud democrática de un país todos aquellos ciudadanos que, con los datos en la mano, se reafirman en su voto a partidos inmersos en casos de corrupción que esa parte de la ciudadanía que cree en el discurso de un partido sin pasado y, por lo tanto, sin lastre.

Es verdad. Podemos no tiene programa electoral. Aún no sabemos propuestas concretas. Se ha ganado a su electorado a base de entrevistas televisivas, impulsos afines y hastío por la corrupción de una clase política más preocupada de sus prebendas que de sus obligaciones. Pero les recuerdo que el Partido Popular sí lo tenía y no ha cumplido ni una sola de sus frases desde que llegó al poder y, aún así, lo consideramos nuestro Gobierno legítimo.

Me interesa mucho más Carolina Bescansa que Pablo Iglesias y, desde luego, que Juan Carlos Monedero, un señor que canta en los mítines, que se ha quedado en 1978 y que detesta el diálogo siempre que incluya otra voz que no sea la suya. Sus alumnos universitarios lo saben. Se tiene en tal alta autoestima que asusta. Pero también pretenden atemorizar aquellos que, en un ejercicio de irresponsabilidad mayúsculo, hablan de Podemos y tardan cinco minutos en hablar de Hitler, Mussolini o Chávez.

Dejen que me instale en el término medio. No quiero ser un aguafiestas. Como escuché al Wyoming en La Sexta, si la opción es PP o Podemos, no tengo la menor duda. No seré quien le amargue el día a Sally Bowles. Pero no les quepa la menor duda de que les estoy observando.

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  1. Soberbio. Se agradecen voces como la suya, reflexivas, pensativas. Así se “conquistan mundos”: con la razón y el conocimiento, bienes que escasean. Leo su blog desde hace tiempo y me gustaba, pero, con este artículo, me ha conquistado definitivamente.

    Gracias por escribir y por estar ahí.

  2. skiterskiterio

    ” [..]si la opción es PP o Podemos[..]” suena a bipartidismo nuevamente, y es eso lo que queriamos evitar, no??

    Me quedo con muchas de sus palabras, pero desecharia otras muchas (quizas porque soy de los que no les gusta Podemos…ni dicho sea de paso PP, ni PSOE, ni IU, ni UPyD, ni Ciudadanos, ni…pero Podemos tampoco). Quizas lo que mas me gusta es su instalacion en el termino medio, lo cual comparto y creo que le va haciendo falta a esta españa de las dos (putas) españas, aunque crea que se equivoca que Podemos es ese lugar “inter-medio”.

    • Gracias por leerme. Me temo que no he debido expresarme bien si he dado a entender que me interesa el bipartidismo. Hacía alusión a unas declaraciones de Wyoming en las que él decía eso y yo asumo como mías desde el punto de vista de la opción que está en el poder y una nueva opción que aparece.

      Y yo ni creo ni he dicho que Podemos sea el término medio. En esto no creo haberme equivocado, creo que lo ha malinterpretado usted. Digo que yo me posición en el término medio. No digo a quién voy a votar. A mí Podemos no me gusta pero, como digo en el artículo, no me da miedo su victoria. Nada es tan apocalíptico como nos quieren pintar ni ellos son tan salvadores como se quieren declarar. Pero en el término medio me instalo yo. Y observo. Creo que es lo único que sé hacer bien.

      Gracias

      • Entonces, permitame felicitarle desde mi subjetiva opinión, pues está usted en una posición sensata y respetuosa en la que nos haría falta que hubiera muchisima más gente: observando. Solo puede traer buenos resultados, para cuando toque actuar (votar).

        Grato diálogo. Gracias.

  3. Hacemos la política todos los días de nuestra vida… la vida como un ejercicio constante, un juego, en el que nos pasan las cosas que hacemos que nos pasen. Miremos hacia adelante, sin dejarnos a nadie atrás. Confiemos, en nosotr@s mism@s y en los demás, y sigamos juntos hasta el infinito… y + !!! Suerte para tod@s!

  4. FrenandoALva

    Pues precisamente los que desconfían de nuevos partidos es como si tuvieran miedo de volver a enamorarse.. Si un partido de derechas te roba 20 chalets.. entra dentro de la coherencia y nos parece bien.. pero que uno de izquierda nos robe un chalet nos parece la ecatombe.. Y un partido nuevo que, de momento, no ha robado no nos lo creemos, preferimos a los que nos roban 20 o uno… (ese refrán de aquí tan destructivo.. “más vale lo malo conocido…” ) Lo ideal es que algún día podamos entender la política sin tanta parafernalia.. Nose trata de enamorarse o lanzarles bragas como si fueran toreros o estrellas de rock. La democracia implica una VIGILANCIA CONTINUA. Me parece bien que (como acabas el artículo) estés observando; pero no me parece correcto que se empiece ya a juzgar a alguien que no ha hecho, en princpio, nada. Por muy desencantados que estemos, no podemos caer en ese desánimo que hace que los dictadores se ocupen de nuestra dañada moral…La inocencia no hay que demostrarla, hay que asumirla (hasta que se demuestre lo contrario) P.D. ¿No había otra foto donde saliera Pablo Iglesias más oscuro, con aspecto de Drácula?? jejeje

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