Carniceros o ganado

No es la primera vez que hablo de The Walking Dead, la serie basada en los cómics de Robert Kirkman y Tony Moore. La lucha por la supervivencia de un grupo de personas en una América apocalíptica plagada de zombies puede ser una buena premisa pero un auténtico tostón a la hora de mantener el interés de las tramas y delinear la evolución de un personaje. Ese descenso al esperpento al que asistimos con series como True Blood –con vampiros- o Nip/Tuck –con cirujanos plásticos- no ha sucedido con The Walking Dead. No de momento. Y la clave está en que bajo esa apariencia de género fantástico y acción se refugia una de las series que mejor refleja el alma humana en una situación de crisis.

Esta semana ha comenzado la emisión de la quinta temporada. Prometo no hacer spoilers pero el arranque es sensacional. Y, una vez más, los guionistas nos sitúan ante nosotros mismos, ante la condición humana. Y esa, por desgracia, no pertenece al género fantástico. En el primer capítulo de la nueva etapa, en el contexto de una situación aterradora, unos personajes tienen el siguiente diálogo:

-Recuperaremos este sitio

-¿Cómo?

-Lo haremos. O eres carnicero o ganado.

miguel_blesa_ep_261112Lo he escrito en varias ocasiones. No hace falta esperar a una invasión zombie para plantarle cara a la condición humana. Basta inventarse una crisis económica, un arma de desigualdad masiva, y mirar alrededor, a nuestros microespacios de vida cotidiana, para descubrir esa actitud fría incluso en nuestros rostros.

El mismo día que se estrenaba ese capítulo en España, el señor Alejo Vidal-Cuadras escribía la siguiente reflexión en su cuenta de Twitter:

“Por sorprendente que suene, la opulencia y la extravagancia de una minoría selecta es la condición indispensable para el progreso general”.

El que fuese presidente del PP en Cataluña y que acabó afiliándose a Vox porque el concepto de derecha de Rajoy le debía parecer pura teoría libertaria, vomita este pensamiento en pleno aprieto de las tarjetas black de Caja Madrid. Mientras algunos permanecemos estupefactos ante el nivel de indecencia de aquellos que engañaban con las preferentes, que reclamaban nuestra austeridad (la nuestra, no la de ellos) para salir de la crisis, que pagaban juergas nocturnas, cacerías y vinos con tarjetas opacas cobrando un sueldo de 3.500.000 euros, el señor Vidal-Cuadras nos recuerda que hay carniceros y hay ganado. Y él solito se sitúa entre los carniceros a la vez que, con altas dotes de sutileza, nos recuerda que somos ganado.

Pero ese grado de miseria humana, ese al que asistimos cuando vemos a Miguel Blesa, a Rodrigo Rato, a Moral Santín, a Arturo Fernández, no nos es ajeno. Nos escandalizaría ver la cantidad de personas, gente común, sin altos cargos en la esfera pública, que reconocen que si a ellos les entregasen esa tarjeta y les asegurasen que todo es legal…pues hombre,… algún gasto hubiesen hecho. No es que sea desgarrador dividir la sociedad en ‘carniceros’ y ‘ganado’; lo ruin es que hayamos permitido que esta sociedad se articule sobre unos valores que te lleven a pensar que si no robas, si no te aprovechas, eres gilipollas. Que la única manera de triunfar, que hacerte valer, es actuando como un ‘carnicero’.

Pero no relajen sus conciencias. La miseria no se instala exclusivamente en los consejos de dirección. Los vecinos de Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada de Ébola, son tratados como apestados en su propio barrio. En un gimnasio próximo cuelga el cartel “Javier y Teresa causaron baja en junio pasado”. La administradora del edificio ya no puede asistir a sus clases de baile, a las que llevaba apuntada seis años, porque madres de niñas que iban a la academia, incluso compañeras suyas, se habían quejado. Una de las enfermeras que trata a los pacientes contagiados en el hospital Carlos III de Madrid recibió una llamada del director del colegio de su hijo en la que le solicitaba que, de momento, no llevase al niño al centro ya que muchos padres habían manifestado su temor.

El miedo es libre e inhumano, sí. Es verdad que la cuarentena informativa a la que el Gobierno sometió a la opinión pública en los primeros momentos de la crisis del Ébola no ayudó a calmar los ánimos y sí a alimentar leyendas urbanas. Pero que esta sociedad global –porque no es un problema exclusivo de España- es cada vez más codiciosa y despiadada también es un dato a tener en cuenta. Habitamos en una comunidad que tristemente ha aceptado perder derechos y libertades a cambio de seguridad. Cuando esa garantía se resquebraja, aparecen los carniceros. Esos mismos que se encargaban de velar por nuestra tranquilidad.

Y sí, toda esta reflexión me la ha inspirado un capítulo de una serie de muertos vivientes. Supongo que eso ya es una señal en sí misma.

The Walking Dead - 4x16 - A - Terminus Santuario - We first, always

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