El cambio por el cambio

No soy huraño. Las personas que me conocen lo saben. Es más, he intentado hacer de la cordialidad un leit motiv. He sonreído tanto –en ocasiones, como simple habilidad social- que tengo unas arrugas de expresión que no se desdibujan ni con acido hialurónico. Tal vez con aguaplast. Pero eso no quita para que el ‘positivismo’ disparatado (no hablo de la corriente filosófica; me refiero a esa oleada de daños colaterales que ha provocado la era de los manuales de autoayuda) alimente un rechazo que a duras penas puedo controlar.

Creo que es mi buen carácter el que impide que lance un exabrupto cada vez que alguien intenta contribuir a la solución de mis dudas, conflictos y disgustos con un pensamiento de powerpoint de paisajes y música de relajación. Rechazo esa especie de status quo que ha contaminado la opinión popular y que hace que señoras corrientes te suelten una sentencia de Paulo Coehlo en la cola de la carnicería, sin que ni siquiera hayan leído al culpable de su reflexión.

No dudo de las buenas intenciones como premisa pero detesto que mientras uno se enfrenta a cambios drásticos en su vida, provocados por circunstancias no elegidas y emocionalmente impuestas, la aportación más valorada sea que los cambios “siempre son a mejor”. O no. ¿En qué momento decidimos que cambiar es indudablemente bueno? ¿Y si yo no quiero cambiar? ¿Y si hemos entronizado el cambio como la única vía eficaz?

No hablo de cambiar una lavadora vieja o renovar el fondo de armario. Nadie discute eso. Me refiero a esas decisiones emocionales –desde una ruptura sentimental hasta tener que buscar trabajo en otro país- que nos causan el desasosiego propio de la imposición. Por supuesto que a partir de ese momento te sitúas en otro lugar y comienzas un camino nuevo. Claro que ese camino te va a traer nuevas experiencias, algunas muy positivas, pero el motor que te impulsa es la capacidad de adaptación del ser humano, no el deseo, el estímulo. Cuando estás hecho polvo, que venga alguien a decirte que los cambios siempre son a mejor…me molesta más que las malditas invitaciones a jugar al Candy Crush Saga del Facebook. Como aquellos que ante la pérdida de un ser querido te sueltan que “la vida sigue”. Ese tipo de frases, en esos momentos, deberían estar penalizadas.

‘Cambio’ es precisamente una de las palabras más utilizadas por los partidos políticos en campaña electoral. Eso, de entrada, debería hacernos sospechar. Entiendo todo lo que aporta el cambio a la evolución pero sería importante recapacitar antes si lo que teníamos estaba roto, no funcionaba o resultaba obsoleto. Y eso me sirve para preguntarme las razones por las que, por ejemplo, el ayuntamiento de Madrid ha decidido cambiar 4.500 parquímetros cuando los anteriores cumplían su función perfectamente. Cuestiono las razones por las que Ana Botella ha invertido 6.000 euros por poste (multipliquen por los 4.500) y tiendo a pensar cuantos ‘amigos’ han visitado los despachos para convencer de tal idea en uno de los ayuntamientos más endeudados de España. “Es que son parquímetros inteligentes”, me dicen. Y pienso que tal vez ha llegado el momento de poner un parquímetro al frente de la alcaldía de Madrid.

Hay una generalizada valoración positiva del cambio con la que me cuesta convivir. El cambio por el cambio, sin cuestionar el estado de lo que queremos sustituir. En política, el empleo de esa palabra es casi una incitación a la revuelta. Los partidos mayoritarios hablan de cambio con la boca pequeña, en una acepción mucho más cercana a la famosa sentencia que escribió Lampedusa en El Gatopardo –“cambiar todo para que nada cambie”- que a una verdadera vocación reformista.

A veces pienso que detrás de los autores de libros de autoayuda hay un lobby empresarial y político que busca dotar de reflexiones, aparentemente positivas, a una clase media en vías de extinción y contribuir así al fortalecimiento de su sacrificio.

En ocasiones, frases como “el dolor te hará más fuerte” o “los obstáculos son oportunidades de crecimiento” resultan ofensivas. España, que desde hace cinco años vive en una carrera de 10.000 kilómetros vallas, sabe que no todos los impedimentos son estímulos. Si así fuera, España sería una potencia mundial en I+D.

Acabo de leer que los parquímetros que va a instalar Ana Botella en Madrid no darán cambio. A veces el destino acaba cerrando el círculo con la precisión de un maestro orfebre. Como se lo cuento.

parquimetros_inteligentes_ana_botella

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Un Comentario

  1. La actualidad manda. Hablando de parkimetros foto al canto junto a uno, la noto un poco fría podía haber usado una pose algo más llamativa. En mi pueblo, Jerez, también sufrimos alcaldesa pepera y en el último gran premio de motos se hizo una foto montada sobre una máquina de las que tocaba con cara de velocidad. El paralelismo es alucinante. Y a pesar de todo me parece bien que manden los maridos a la tasca y se queden ellas con el partido, a los varones casi de todos los partidos no puedo verlos ni en foto y no es por mí huraño no soy tampoco es que son impresentables del todo.

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