La libreta

Resulta bastante sensato que a medida que vamos ampliando nuestro conocimiento de la especie humana, a medida que incorporamos experiencia a nuestra existencia, vayamos siendo más rigurosos con el entorno. Sería absurdo, e incluso nocivo, que la vida nos tratase siempre como simples becarios sin darnos la oportunidad de tomar decisiones por nosotros mismos, de asumir ese bien tan preciado –y tan escaso- que es la responsabilidad.

Hace tiempo que pienso que, en los países democráticos, los ciudadanos tenemos los políticos que nos merecemos. El nivel de abstención en las pasadas elecciones lo confirma. Un 54,16% de personas que no va a votar, pero que luego arregla el mundo en la barra de un bar y en las sobremesas familiares, es un dato alarmante que visibiliza la naturaleza de este país. En el juego democrático, la mayoría decide. En España, la mayoría prefiere pintarse los colores de su equipo de fútbol en la cara y salir a celebrar una victoria hasta las ocho de la mañana antes que acudir, una vez cada cuatro años, a ejercer su derecho al voto. Renuncian a su responsabilidad pero luego no quieren que se les trate como becarios. Se instalan en la queja, en el desencanto, pero no hacen nada por salir de él. Esa actitud de la sociedad, esa falta de movilización cuando hay tanto en juego, es el reflejo en el que se miran los políticos que han hecho de sus cargos sus cortijos.

Llevo una semana debatiendo que si la solución está en penalizar la no participación –eso ya sucede en Argentina, Bélgica o Luxemburgo, donde hay multas de hasta mil euros en caso de reincidencia- o en incentivar la ilusión. A estas alturas de la película, les confieso que soy más partidario de la primera opción. Supongo que si uno delega su responsabilidad, debe asumir las consecuencias. Pero, del mismo modo, intuyo que la aparición de Podemos, el partido político de Pablo Iglesias, el verdadero triunfador de las pasadas elecciones europeas, va a actuar de catalizador en este país. Basta comprobar las reacciones del PP y del PSOE, los comentarios de sus tertulianos de plantilla, para darse cuenta de que algo se está moviendo. Como sucede con las declaraciones del Gobierno sobre Cataluña, que son una máquina de crear independentistas, cada vez que el establishment critica a Podemos lo hace con una falta de madurez democrática, con unos argumentos de patio de colegio –he llegado a leer tuits, de medios de comunicación afines al Gobierno, que señalaban que Pablo Iglesias se compraba la ropa en Alcampo, como si eso fuese un deshonor-, que no hacen otra cosa que sumar votos a esa formación política. Y si a eso añadimos que la gran esperanza blanca del PSOE es Susana Díaz, lo mejor es que apaguen la luz y vayan saliendo antes de que la casa Usher se hunda del todo.

Les animo a que pongan en práctica algo. Cómprense una libreta y empiecen a apuntar en ella todo aquello que no les gusta de sus políticos. Sus declaraciones, sus salidas de tono, los casos de corrupción, sus leyes injustas, sus promesas incumplidas, las subidas de impuestos, su falta de oposición,… Todo eso que cada día alimenta las páginas de los periódicos y los noticiarios digitales, ustedes van y lo apuntan en la libreta. Las cosas buenas también, ojo, lo que pasa es que para eso basta una hoja, no es necesario comprar una libreta. Así, en las elecciones del año que viene, en lugar de escuchar la propaganda, ustedes podrán acudir a su libreta y contabilizar cuantas veces ese partido, o alguno de sus responsables, le mintió, le manipuló, le infravaloró,… y actuar en consecuencia. Tómese la libreta como el boletín de notas de su hijo o sobrino y reaccione con su político como haría con el menor.

He inaugurado mi libreta con el nombre de José Ramón Bauzá, como no podía ser de otra manera. El president del Govern y líder del PP balear ha dejado caer que necesitará mayoría absoluta para conservar el poder en 2015. Emplear la estrategia de “que vienen los rojos” para reclamar lo menos democrático del sistema, que es la mayoría absoluta, me parece todo un ejercicio de voracidad política que detesto. Las mayorías absolutas solo tienen sentido en países con poca trayectoria democrática, que viven un proceso de transición que necesita de una estabilidad férrea sobre la que construir un nuevo modelo de nación. Ese, por suerte, no es el caso de España y mucho menos de Balears. Hemos padecido la transformación de una mayoría absoluta en absolutista y aún estamos pagando las consecuencias. Hemos asistido al trámite estéril del debate parlamentario cuando nada iba a cambiar porque la mayoría imponía su ley, por muy poco respaldo social que tuviera. Por eso, la simple tentación de reclamar mayorías absolutas debería ser argumento suficiente para la desconfianza.

Apenas acabo de escribir el nombre de Bauzá y leo al señor Felipe González gritar “que vienen los rojos” para anunciar la catástrofe que se nos avecina. E inmediatamente pienso en comprar más libretas. Me temo que con una no tendré suficiente.

libreta3yg

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