Víctimas y terrorismos

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Partiendo de la base de que detesto, con todos mis argumentos y todas mis fuerzas, a aquellos que intimidan, acosan, insultan mientras la bilis les supura el labio y honran la violencia porque esa es su única posibilidad de sentirse ‘especiales’, aborrezco, de igual manera, los sistemas que aceptan las leyes del embudo, los dobles raseros, la doble moral, para juzgar los delitos y las faltas.

Cuando leo los comentarios que algunos individuos –por suerte, una pequeña minoría- difundían por Internet, con frases como “lástima que no haya ETA para que seas la nueva Irene Villa” o “lo mejor que nos podía ocurrir es la vuelta de ETA a las armas y posterior eliminación del Partido Popular a base de bombas y tiros en la nuca”, me invade una rabia que debo controlar para no acabar cometiendo su mismo error. Y de ese control nace un miedo y una desesperanza hacia el ser humano que comienza a teñir todos los aspectos de la convivencia terrenal. Empiezo a pensar que mientras existan personas más capacitadas para odiar que para amar, más cualificadas para el enfrentamiento que para la reconciliación, nada bueno aguarda a esta civilización.

Pero, ¿y si esa reacción, absolutamente reprobable, fuese la consecuencia de otro tipo de violencia de ‘guante blanco’, mucho más sofisticada y elitista? Ya sabemos que nuestro sistema tiene mecanismos para frenar y castigar al matón de barrio pero, ¿qué pasa con la violencia institucionalizada, con la que agrede, insulta y mata desde la distancia, desde la no implicación, desde una toma de decisiones en un consejo de administración? ¿Nuestra sociedad sabe cómo reprimirla? Me temo que no. Y esa justicia tan desigual me provoca el mismo rechazo

Me satisface la rapidez con la que el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil ha actuado ante comentarios como los que reproducía al comienzo de este artículo. La ‘Operación Araña’, encargada por el juez Eloy Velasco, se saldó con 21 internautas detenidos entre los que, al parecer, había menores de edad y alguna ama de casa. Se les acusa de enaltecimiento del terrorismo. Voy a intentar abrir la mente para comprender ese despliegue y, aún así, creo que en la decisión hay más de intimidación, de interés por asustar a los internautas, que creen que pueden expresar su indignación libremente en las redes sociales, que en una real persecución a teorías antisistema o a ideólogos del terrorismo.

Creo que la ‘Operación Araña’ lo que ha iniciado es una criminalización de las salidas de tono. Es cierto que en alguno de esos comentarios la salida de tono es absolutamente despreciable –las ofensas contra Irene Villa o Miguel Ángel Blanco procedían de uno solo de los arrestados-, pero creo que el Ministerio del Interior sabe perfectamente que ninguno de los 21 detenidos son un peligro para el Estado español y su democracia. Pero de esta manera se consigue trasladar a la sociedad el miedo a perder los papeles en las redes sociales cuando tu paciencia ya no soporte más tanta desvergüenza política, tanta mentira, tanta corrupción, tanta desigualdad, tanta humillación.

Ignoro dónde ubican nuestros dirigentes la frontera entre el comentario y la ofensa, no sé quien marca que unos tuits son enaltecimiento del terrorismo y otros, como el de Hermann Tertsch aplaudiendo fusilamientos y ejecuciones franquistas, son libertad de expresión. ¿Sabe alguien si los insultos y amenazas que recibió durante meses Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11M, fueron castigados? No llego a comprender que los comentarios homófobos, incitadores de crímenes de odio, como aquel que escribía “Cristo mandó el Sida para acabar con los homosexuales”, pueblen las redes sociales y foros y ningún cuerpo de delitos telemáticos haya puesto fin a eso. De hecho, el Observatori contra l’Homofòbia ya apuntó, hace un mes, que las agresiones por discriminación homosexual a través de Internet y las redes sociales habían aumentado. Y ninguna “Operación Araña” se ha saldado con 21 homófobos detenidos.

Todos sabemos que la red está llena de comentarios incendiarios, que se ha convertido en una válvula de escape para una sociedad sometida y acorralada a los dictámenes del mercado, pero infectar de desigualdad también la Justicia hace un flaco favor al Estado de Derecho.

No solo existe un terrorismo y no solo hay unas víctimas del terrorismo. Hay muchos tipos de terrorismo y todo ellos generan víctimas que merecen el mismo respeto y atención por parte de gobiernos, jueces, cuerpos de seguridad del Estado y sociedad en general. El día que dejemos de pensar que hay víctimas de clase A y víctimas de clase B, quizá ese día empecemos a respetar el significado de la palabra Justicia.

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Un Comentario

  1. sam

    En este país la Justicia es una pantomima que sólo sirve a los intereses de los poderes económicos y sus marionetas los políticos. Desgraciadamente el Ministerio de la Verdad, y el Ministerio del Amor se han convertido en realidad…
    Un abrazo Paco, me encantan tus pensamientos….

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