La nociva abstención

Me sorprende que aún exista gente a la que todo le dé igual. Pero me extraña más aún que existan personas autoconvencidas de que su indiferencia, su pasividad, es acción y que así van a provocar que aquello que no les gusta, cambie. No sé si hay muchos ejemplos en la historia de la Humanidad en los que alguien que no participa del juego, gane la partida. Si existen, háganmelo saber.

No es lo mismo, por ejemplo, la actitud no violenta de un grupo de manifestantes contra la guerra, que dejan su peso muerto para que los antidisturbios (¿por qué se llaman así si todos los conflictos los incentivan ellos?) tengan que cargar con ellos en su desalojo, que la desidia, intencionada o no, de aquellos que optan por no participar sabiendo que de esa decisión se alimenta el mal mayor. La primera es una acción basada en la no acción. Es lógica, honesta y persigue un fin positivo para toda la sociedad. La segunda es irresponsable y nociva para la convivencia. No porque la no participación no sea una opción más, que lo es, sino porque, al menos en política, es la grieta perfecta para que los salvapatrias tomen las decisiones por nosotros.

Asisto, con verdadero estupor, a la victoria de la ultraderecha en Francia tras la primera vuelta de las elecciones municipales celebradas hace una semana. Frente Nacional juega un papel determinante en la segunda vuelta que se está celebrando hoy. Escribo sin saber cual será el desenlace final de esta historia pero lo hago con el temor del que ve la historia repetirse. Busquen de qué situación social se alimentó Hitler en Alemania o Mussolini en Italia y verán peligrosas similitudes con la Europa actual. Habrá docenas de analistas políticos que tendrán sus teorías sobre este espeluznante avance electoral. Yo no soy uno de esos. No tengo teorías; tengo impresiones. No creo que Francia se haya vuelto fascista de la noche a la mañana. Lo que sí pienso es que la ultraderecha avanza porque hay millones de personas que han decidido dejar de caminar.

La abstención en Francia fue del 40 por ciento. Altísima. Y esas personas, con su inactividad, que ellos ven como una crítica a un sistema que no les representa, que les ha decepcionado, empujan a su país, con ellos dentro, hacia un sistema que no solo no les va a representar sino que les va a perseguir, a agredir, a someter, a humillar, a clandestinizar, como nunca antes había sucedido.

En España, en las elecciones de 2011, cerca de doce millones de personas no fueron a votar. Ya entonces escribí sobre el poco respeto que me merece esa opción. Valoro más al que participa, aunque su ideología esté en las antípodas de la mía, que al que no lo hace y con su decisión permite el acceso al poder de aquel que limita mis derechos y mis libertades. Porque es de una ingenuidad infantil pensar que no votando se cambia algo. Como pretender que te toque la lotería sin comprar un décimo.

Creo que la abstención es la responsable directa del avance de la extrema derecha en Francia. Luego podemos debatir otras razones pero no serán tan definitivas. Y aquí podría añadir eso de que cuando las barbas de tu vecino… En España, la extrema derecha lleva años reorganizándose pensando en el momento de regresar con fuerza a la vida política. El avance de esa ideología en Europa les está dando alas; la victoria del Frente Nacional en Francia o de Amanecer Dorado en Grecia son un ejemplo. Estoy convencido de que las personas que se sienten identificadas con ese programa electoral, con esos discursos populistas infectados de odio, tan propios de la extrema derecha, son minoría. Pero una minoría decisiva gracias a la mayoría que decide no participar, que cree que está reivindicando un cambio cuando lo que realmente está haciendo es consentir que otros, a los que debería temer, decidan por él y sobre él.

En España, durante años, nos hemos relajado ante la extrema derecha convencidos de que nunca llegaría a renacer porque aún hay testimonios vivos que recuerdan lo dañino de su paso por este país y porque el PP había logrado aglutinarlos bajo sus alas, aplacando su efecto. Hoy, ya existe un partido político, Vox, que pretende cambiar las reglas del juego. No es la única fuerza política de ideología afín al fascismo; ahí tienen a Plataforma per Catalunya. Y esas fuerzas políticas, que apenas representan el 1% de la ideología de los españoles, se convierten en decisivas gracias a la no participación del resto.

Escribo desde el temor. Cierto. Porque jamás me fiaría de un fascista. Es más sencillo reinsertar en la sociedad a un terrorista que a un fascista. Miren al hijo de Tejero celebrando el 23F. He visto a un terrorista pedir perdón a sus víctimas; a un fascista, jamás. Por eso tengo miedo. Yo no quiero un Amanecer Dorado en España. Y si usted está pensando en no ir a votar por esa infantil creencia de que “todos son iguales”, permítame al menos que le vea como responsable de mi temor. Porque si usted cree que la urna se va a quedar vacía, se equivoca.

abstencion

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  1. Esa urna vacía debe dar más miedo a un escritor que una hoja en blanco. Otra forma de hacer las cosas es posible. Probablemente todos sean muy parecidos pero si una selección natural puede mejorar una especie sin intervención humana nuestra especie política puede mejorar si se le marcan las metas adecuadas y en eso aunque precariamente podemos intervenir, también en vigilar luego si cumplieron lo pactado en su programa a lo cual se le debería dar un poco más de seriedad y considerarlo como un contrato vinculante es una idea que aporto para incentivar un poco al que se sienta tentado por la abstención. Yo voy a votar siempre que me dejen aunque el futuro demuestre que me equivoqué. La culpa no fue sólo mía también de todos los que no lo hicieron, en cualquier caso el vacío no es una opción salvo para los interesados en rellenarlo por la fuerza, a esos sí les mola.

  2. joaquín

    Hágame también saber cuando un gran cambio social no se ha conseguido a través del uso de la violencia.
    Desmuéstreme la diferencia de un partido ante el “todos son iguales”.
    De manera infantil le agradecería me enumerara páises en los que se aplica aquello inventado con el nombre de democracia, quizás los haya…. pero a años luz de la cultura actual ibérica.

    Perdóneme pero estoy harto de esta pantomima, de esta idealización de lo que nunca ha existido y si existió fué un espejismo allá a finales de los 70 inicio de los 80.

    No voy a participar en un juego que no me gusta y principalmente no creo. ¿Ud. jugaría a algo que no fuera de su agrado? El problema no es que la ultra derecha pueda tener decisión dentro de un sistema de gobierno, el problema es cultural.

  3. Una reflexión adicional!!! La abstención: un truco de marketing electoral y desde luego pienso que no hay nada más inútil que abstenerse, pero parece ser que les favorece y al igual está intencionado…..http://focalizalaatencion.wordpress.com/2014/04/05/la-abstencion-markeing-electorial/

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