El machismo es neoliberal

Compruebo, no sin cierto estupor, como el discurso neoliberal comienza a desbordar los cauces estrictamente económicos y empantana la vida en comunidad de manera alarmante. La crisis económica, sobre la que cada vez sabemos más y cada vez nos enfurece más saber lo que sabemos, ha sido, sobre todas las cosas, la estrategia perfecta de un reducido grupo de poderosos para someter a sus intereses a una inmensa mayoría, a coste de los derechos y logros sociales que ese conjunto de seres humanos había obtenido con esfuerzo. Estábamos orgullosos de nuestro Estado del Bienestar y nos damos cuenta ahora, cuando los ‘salvadores de la patria’ han articulado un Estado, y por lo tanto una sociedad, basado en tres conceptos: restricción, productividad y competitividad. El resto, no importa. Usted, no importa.

Cuando los que despilfarraron el dinero público en aeropuertos, auditóriums y palacios de congresos a medio construir, cuando los que albergaban en sus filas a señores defraudando Hacienda y con cuentas en Suiza, nos dicen que tenemos que ajustarnos el cinturón, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que el orden mundial ha cambiado y no hay alternativa, no solo están insultando nuestra inteligencia; están sentando las bases de la desigualdad como estructura social.

Ese discurso neoliberal supera los despachos y llega a las sobremesas. Y esa es su victoria. Cuando un solo ciudadano se cree esa ‘opinión’ absolutista que pretende convencernos de que no hay otra salida, que hay que elegir entre susto o muerte, el ‘sálvese quien pueda’ vence. Y uno tiene que escuchar que hay mucho vago entre tanto parado, que los artistas son unos subvencionados, que todos los pensionistas de España acumulan medicinas en sus casas para abastecer a tres generaciones, que no hay ningún problema porque en una clase haya 50 niños para un solo profesor, que bastante chollo tiene ya con tres meses de vacaciones,…

Ignoran que ningún derecho social provoca déficit público. Me atrevería a escribir que afecta más al déficit público la corrupción, la evasión de impuestos, el enchufismo, la creación de asesores y cargos públicos elegidos a dedo y muy bien remunerados para recompensar así el esfuerzo y entrega de algunos personajes dentro del partido, las comisiones en obras públicas y recalificación de terrenos,… Ahí es donde no me salen las cuentas. No en 400 euros al mes para una familia con un enfermo a su cargo.

Noto que ese discurso ‘neoinhumano’ ha rebasado los consejos de administración de las grandes empresas para instalarse en la ingenuidad (quiero pensar que es ingenuidad antes que verlo como una consecuencia de la estupidez o la crueldad humana) de aquellos que se creen que ‘las cuentas no salen’.

Ayer celebramos el Día Internacional de la Mujer tras conocer un informe que evidenciaba que una de cada tres mujeres europeas había sufrido maltrato físico o sexual. Y la Comunidad Europea asiente pero no actúa. Ejercen su poder con firmeza para prohibir las aceiteras rellenables en los restaurantes y sin embargo aún no han sido capaces de unir esfuerzos para luchar contra la violencia machista.

Empiezo a pensar que el machismo es neoliberal. Solo importa él, nunca la víctima de sus acciones. Esa desaparición total del Estado, abandonando a los más débiles y necesitados a su suerte, convirtiendo los derechos en negocios lucrativos, deja de ser un simple mecanismo económico para convertirse en una filosofía de vida absolutamente despreciable. Al neoliberalismo le interesan los estados de cuentas, no la Declaración Universal de los Derechos Humanos o el Estatuto de los Trabajadores.

En España, el año pasado, murieron 48 mujeres y cinco niños a consecuencia de la violencia de género. Cuando hay que proteger a una mujer maltratada que huye de su hogar y debe empezar de cero, el neoliberalismo echa cuentas. Y como no le sale rentable, pone trabas, evita tener que darles legitimidad, obliga a las mujeres a esconderse permanentemente, que para ellos siempre es más rentable.

Cuando una mujer entra en el despacho de su jefe y le dice que está embarazada, el neoliberalismo echa cuentas. Y como no le sale rentable, pone en marcha los mecanismos para prescindir de ella lo antes posible sin montar mucho escándalo.

Al neoliberalismo tus derechos le dan igual. Solo le interesan tus deberes y los beneficios de los poderosos. A ese desamparo, a esa subordinación a la rentabilidad de cualquier aspecto de la vida, nos estamos sometiendo sin cuestionar tan siquiera que eso sienta las bases de nuestra autodestrucción como la tan anhelada sociedad de iguales.

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