El lenguaje del PP

Algún mérito tendrán. Eso me repito cada mañana. Después de un buen café, las cosas pueden llegar a verse de otra manera, aunque eso suponga un esfuerzo. Pero estoy acostumbrado a bregar con estímulos sensoriales confusos. Llegué a comprender esa rebeldía de temporada de Britney Spears y, siguiendo la fórmula de la ‘cerdita pop’, a Miley Cyrus. Empaticé con Lucía Etxebarria tras su paso por un Campamento de Verano que estaba pidiendo a gritos la entrada de Jason Voorhees. Hasta he logrado entender qué ve mi pareja en los realitys de reformas domésticas que emiten continuamente en Divinity. Por eso no sentí recelo a enfrentarme al proceso de intentar comprender qué actividad neuronal se genera en las mentes de aquellos que, a día de hoy y sabiendo lo que sabemos, volverían a votar al partido político que nos gobierna.

Y adiviné que su constante apoyo a la cultura y la educación debería ser una de esas razones. Sí, no me he vuelto loco; han leído bien. El Gobierno del Partido Popular es uno de los que más ha hecho por modernizar el lenguaje de este país, por dotarlo de estructuras retóricas que enriquezcan nuestra manera de expresarnos, por convertir el eufemismo en el símbolo de España. No me negarán que eso no es cultura. Era preferible que hubiésemos declarado Patrimonio Cultural al eufemismo en lugar de a la tauromaquia, que está muy vista y lo deja todo perdido. Es que el español es un idioma demasiado rico como para siempre tener que llamarlo a todo por su nombre. En el lenguaje no hay recortes. Al revés. Estamos en la temporada del eufemismo y cuanto más largo, más confuso, o sea, mejor.

Empecé a sospechar que el Gobierno estaba haciendo méritos para que España fuese la sede oficial del eufemismo el día que escuché al ministro de Economía, Luis de Guindos, corretear por el lenguaje para no decir ‘rescate’. Las fórmulas elegidas evidenciaron nuestra riqueza lingüística:  “apoyo financiero”, “línea de crédito”, aunque mi favorita sigue siendo “préstamo favorable”.

Luego vinieron otras francamente notables. Fátima Báñez es una mujer que no solo ha ilustrado nuestro argot popular sino que, además, es alguien que ha hecho mucho por la igualdad entre hombres y mujeres. Una vez me dijo una abogada que la igualdad real entre hombres y mujeres llegaría el día que una mujer inútil ocupase un cargo de responsabilidad. Gracias a Fátima y a Ana Botella, esa igualdad es hoy una realidad en España. ¡Mira! ¡Otro mérito del PP! ¡Ya llevo dos! Esa mujer afrontó la ‘fuga de cerebros’ que estaba (y está) sufriendo España con la genial carnavalada de la “movilidad exterior”. Un auténtico hallazgo. Luego hubo una secretaria general de Inmigración y Emigración que definió a este motivo de vergüenza nacional con el sensacional “espíritu aventurero de la juventud”.

Los ‘recortes’ son “reformas estructurales”; la subida del IVA, un “gravamen adicional”; ‘abaratar el despido’ es “flexibilizar el mercado laboral” y emplean el término “competitividad” para bajarte el sueldo y ampliarte la jornada laboral. Hasta rebautizaron los ‘desahucios’ para denominarlos “procedimientos de ejecución hipotecaria”.

 Pero de todos los académicos, mi favorito es el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Su conocida ‘amnistía fiscal’ recibió el nombre de “medida excepcional para incentivar la tributación de rentas no declaradas”. Algo que a mí, en esta época de recortes, no me parece muy sostenible. Creo que es un despilfarro de palabras que, cuando hay que escribirlas, supone un gasto de tinta y papel por encima de nuestras posibilidades. Pero en el uso del lenguaje no hay recortes y eso, les guste o no, es cultura.

La última de Montoro es que los sueldos no están bajando en España, “están moderando su crecimiento”. Estoy tan eufórico con mi descubrimiento que no me voy a detener en intentar discernir como demonios se modera el crecimiento de 645 euros, que es el salario mínimo interprofesional, o los 1.000 euros que, a duras penas, llega a cobrar un alto porcentaje de la población española. Sí se me ocurre , sin embargo, como moderar el crecimiento de los varios y sustanciosos salarios del señor Montoro, la señora Cospedal y otros seres solidarios. Pero comprenderán que para un día que le veo méritos propios al PP no lo eche todo por la borda con esta demagogia barata. Dejemos que Rajoy siga presumiendo en Japón de nuestros famélicos sueldos y conformémonos, de una vez, con tener un ‘contrato simulado’. Que la indemnización ya vendrá ‘por diferido’.

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