La marea verde

La pregunta del millón es: ¿Cómo es que las redes sociales no arden en comentarios relacionados con la huelga indefinida de profesores en Balears? O tal vez sea: ¿Cómo es que los medios de comunicación de difusión nacional arrinconan  esta información en sus noticiarios, intentando darle el menor oxígeno posible? Yo tengo una respuesta. Porque los profesores de Balears, en una movilización histórica, están poniendo al poder contra las cuerdas. Y eso, cuanto menos se celebre, mejor.

262.pngLa huelga de maestros, que ha cumplido su tercera semana de actividad, tiene un importante carácter simbólico. Es la confirmación del ‘sí, se puede’. Es un movimiento que cohesiona a una sociedad con serios problemas para movilizarse. Es la demostración del poder indiscutible de la solidaridad, como revela la caja de resistencia que ya había acumulado más de 220.000 euros en donaciones para pagar a los profesores en paro. Por eso me ilusiona ver las calles de mi ciudad teñidas de verde.

El derecho a la huelga es un paripé. Permitan que hoy le dé voz a mi pesimismo más sincero. Es un medio de expresión del desencanto o la indignación ciudadana pero pocas veces sirve para algo. Especialmente en el sector público, donde no están en juego los beneficios de la empresa. Los gobiernos suelen rodearse de una especie de inmunidad electoral que, para ellos, justifica cualquier barrabasada. De hecho, el Partido Popular, que ha incumplido la totalidad de su programa electoral, siempre avala sus decisiones con el resultado de las urnas a las que ha traicionado.

Para el poder, la huelga es un pulso desigual, una travesía subacuática en la que ellos disponen de bombonas de oxígeno y los huelguistas bucean a pulmón. Desde esa soberbia escuchamos frases como la de Guillem Estarellas, director general de Educación, que dijo “a ver cuanto aguantan. Cada día de huelga les cuesta 100 euros”. O la de la diputada del PP, Ana María Aguiló, que fabuló con la posibilidad de quitar la custodia de los hijos a los padres que apoyasen la huelga. O la de Antoni Camps, miembro de la comisión de Educación del Parlament de les Illes Balears, que quería conocer los nombres y apellidos de los maestros que secundasen la huelga. O la de la diputada Asunción Pons, que ningunea la mayor movilización de la ciudadanía mallorquina con un tuit: “80.000 manifestantes contra el TIL. Población total de Mallorca: 869.067 habitantes. ¿De qué mayoría están hablando? Si no llega ni al 10%”. Ante semejante argumento, comprenderán que tuviese la necesidad de contestar con otro tuit: “217.327 votos del PP. Población total de Balears: 1 millón 119 mil habitantes. ¿De qué mayoría están hablando? Si no llega ni al 20%”.

Percibo que, fuera de las islas, cala el mensaje de la confusión. Un importante número de la sociedad opina que los profesores de Balears solo se han movilizado masivamente cuando les han tocado la lengua y no lo habían hecho ante los recortes que desangraban el estado de bienestar. Otra parte de la población piensa que tenemos lo que nos merecemos, como Valencia. Comunidades autónomas vejadas por la corrupción y que, a la hora de votar, premiaron con mayoría absoluta al partido responsable de esa corruptela. Los hay que hasta nos ven como una especie de aborígenes que van contra la educación en inglés.

He llegado a perder la voz intentando explicar lo que el Govern nunca hará. No se trata de “dos horas más de inglés a la semana”. ¿De verdad1380019856177balears-detdn tengo que creer que todos esos profesores salen a la calle por dos horas más de inglés a la semana? ¿En serio? ¿No tendrá más que ver con el fracaso de un modelo educativo, mérito de los diferentes gobiernos? ¿No tendrá más que ver con la incapacidad de crear un pacto nacional para la Educación? ¿No tendrá más que ver con unos recortes, con aulas masificadas, con falta de profesores, con una ley de símbolos que recuerda nefastos tiempos pasados, con una gota que colma el vaso? Los políticos están acostumbrados a tomar medidas del mismo modo que inauguran parques: sin acabar. Les encanta abrir parques sin árboles, carreteras sin señalizaciones, hospitales sin infraestructuras. El caso es inaugurar. Con las leyes les pasa igual. Dictan leyes sin comprender que las cosas, si se quieren hacer bien, no pueden imponerse de un día para otro. Se pasaron décadas demostrando que su única prioridad era que fluyese la riqueza a costa del ladrillo e ignorando el abandono escolar que esa política provocaba. Ahora resulta que la solución al fracaso de las políticas educativas en España es el inglés. Imponer el trilingüismo de la noche a la mañana es levantar la casa por el tejado. Y de esqueletos de cemento abandonados, los señores del PP saben mucho.

P.D: Los profesores de Balears regresarán mañana a las aulas tras tres semanas en huelga.  Continuarán las movilizaciones.

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