Sinsentido del humor

No creo descubrir nada si escribo que las cosas que nos divierten también hacen país. El sentido del humor es una seña de identidad y las palabras o acciones que nos provocan la carcajada pueden ser un reflejo de aquello que somos. De hecho, existe un canal en las plataformas digitales llamado ‘Somos’ que está dedicado al cine español con títulos tan concluyentes como Cuando calienta el sol o Estoy hecho un chaval.

Siempre que me enfrento a ese cine, de dudosa calidad artística, recuerdo ese país que de repente, de la noche a la mañana, dejó de reírse con Mariano Ozores y empezó a llamar al género “españolada”. Pero la televisión no engaña y si bien esas películas no funcionaban en taquilla, sí eran muy rentables cuando se emitían por televisión. O sea, que en el fondo, esas “españoladas” nos seguían haciendo gracia, aunque nos avergonzásemos de nuestro humor.

A mí Esteso y Pajares nunca me hicieron reír. Pero sí lo hizo Atraco a las tres, Los Palomos e incluso alguna secuencia de alguna película de Paco Martínez Soria. Soy capaz de reírme de prácticamente todo –pienso que la inoportunidad es el único enemigo del humor-, de encontrar la comedia en aquello que en apariencia no tiene ninguna gracia, y quizá por esa razón he llegado a la conclusión de que aquello de lo que no nos reímos también acaba siendo una seña de nuestra identidad cultural.

Esta aparente perogrullada tiene que ver con que, en ocasiones, aquellas cosas de las que no nos reímos tienen más que ver con nuestra capacidad de leer entre líneas, de nadar en la ironía, que de un exquisito sentido del humor.

La semana pasada, un amigo escribió en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “Hay restaurantes en España en los que Herodes dejó su tarea a medio hacer”. He padecido tantas veces la interrupción salvaje de niños gritando y corriendo alrededor de mi mesa mientras sus padres, sedados por los postres, hacían oídos sordos al apocalipsis, he padecido tantas veces al niño jugando a ser Ronaldo con mi asiento del avión, que no pude evitar una inocente sonrisa en mi rostro al leer ese tuit. Y lo retuiteé. Acto seguido recibí un mensaje de una seguidora recriminándome lo que ella consideraba “una barbaridad” y apuntando si me haría la misma gracia que alguien escribiese “Hitler dejó su tarea a medio hacer”. Desde el primer instante supe que era una batalla perdida pero le intenté explicar que había que entender la ironía del mensaje, una manera de expresar una situación con apenas dos claves reconocibles para todos. Pero ella no solo negaba la ironía sino que insinuó que me faltaba concienciación frente al abuso y el maltrato infantil.

Berto_RomeroAunque reconocía el lugar desde el que partían sus reproches, no era capaz de aceptar una reacción tan desproporcionada. Y lo que es peor, que llegase a pensar que por retuitear ese chiste, que ya leíamos en los cómics de Mortadelo y Filemón, era un ser insensible, cómplice de la explotación y el abuso infantil. Ella tenía claro lo que no le hacía gracia. Pero no entender la inocencia de ese chiste también muestra a un ciudadano con una capacidad de análisis y de percepción de la realidad muy, muy, muy, baja. Eso por no entrar en la habilidad lectora, que está bajo mínimos.

A los pocos días leí una entrevista a Berto Romero. Declaraba que nuestra sociedad se estaba volviendo cada vez más mojigata y ultrasensible. Que lo políticamente correcto dejaba al humor sin alma, que nuestra capacidad de autocrítica era igual a cero y que, cuando todo ofende, eso era malo para la comedia pero también para el país. Respiré tranquilo. No estaba solo.

Puede que nuestro humor esté lleno de sal gorda, de chistes machistas, feministas, de mariquitas, escatológicos, racistas, de El Lepe,… Y puede que algunos nos hagan gracia y otros no. Pero me preocupa pensar que la parte concienciada de la sociedad sea una parte incapaz de diferenciar una broma de un ataque, un desprecio o una apología del delito.

Perdí una follower. Me dijo que la había decepcionado. “Una pena porque te admiraba”, añadió. Y pienso que como algo o alguien no lo remedie, acabaré como Fernando Fernán Gómez pero sin talento. Solo con la mala hostia. Y entonces, supongo, tendré que cerrar mis perfiles en las redes sociales.

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  1. Aquí quiero romper una lanza en favor de Mortadelo y Filemón los personajes más crueles y salvajes de todo el cómic mundial. Estoy contigo, llevar a sus últimas consecuencias un chiste hace mucho daño a nuestra propia inteligencia y en ocasiones necesitamos una bofetada políticamente incorrecta para darnos cuenta de lo absurdo que es pretender vivir en un mundo feliz sin responsabilidades abandonando a su suerte a nuestro puñetero jefe (donde pone jefe se puede poner cualquiera de nuestros contactos y donde pone calvo cualquier otra cosa que nos llame la atención sobre él y no nos atrevemos a decir por miedo al qué dirán) he dicho calvo, perdón escaso de pelo, sin intentar corregirle al menos.
    El enaltecimiento del delito es otra cosa y no se disimula por que no tiene nada de irónico y a estas alturas deberíamos reconocerlo sin leer entrelíneas siquiera. Otra pista para reconocerlo, es que aparece salpicado en la mayoría de los tuits que fabrica el presunto enaltecedor, la cabra siempre tira pa el monte y no es el caso para nada.
    Hay más peces en el mar. Unas risas que algún consentid@ pueda no entender vale más que un follow perdido. Lo importante y muy difícil en cualquier caso es mantenerse pegados a la realidad que es ante todo cruel y la risa nos ayuda a soportarla un poco mejor, tal vez plantearnos cambiarla un poco dentro de nuestro alcance claro.

  2. belén

    Hola. Soy culpable , yo esta expresión de Herodes la utilizo mucho. ¿De quién será la culpa ? de mi mente retorcida y asesina o de los padres que no saben serlo, no saben respetar y compartir espacios públicos con todos, educando a los más pequeños a saber hacerlo ? sin gritos , pataletas etc…p ejemplo restaurantes , aviones ,el cine, bueno en el cine algunos adultos se las traen…
    Yo creo que los papis que se creen que todos los que estamos en un restaurante tenemos que soportar las carreras y gritos de sus hijos, deberían pagarnos la cuenta ya que nos han fastidiado la velada ( que me gustaría saber que pintan los niños a ciertas horas y en ciertos sitios) y lo digo bien alto , hay sitios , terrazas, restaurantes… que NO deberían admitir niños, lo siento pero la cruda realidad es que la mayoría están consentidos y sin educar y sus padres hacen la vista gorda sabiendo que están molestando pero les da igual, es cuando te acuerdas de Herodes, y el que diga lo contrario MIENTE
    Que lo hagan en su casa . gracias.
    Yo de familia numerosa de hermanos, sobrinos, primos etc… pero con educación
    Un beso Paco
    Hay amores que matan…

    • Belén, tienes más razón que un santo, que diría mi madre que, por cierto, jamás me permitió hacer lo que los niños modernos hacen ante la indiferencia de unos padres que han confundido educación y disciplina.
      Gracias por leerme.

  3. Amanda Rodríguez

    ¿Chistes feministas? A que se refiere? Chistes igualitarios? Existen chistes igualitarios en tema de género?

    Entiendo la cuestión. ..y es cierto que cada vez somos más sensibles frente a cierto humor negro. Yo misma con lo de “chistes feministas” me he quedado pensándolo…. Pero creo que esa sensibilidad en cierta parte es buena, porque significa que estamos al tanto de muchas cosas…pero a mi la sensibilidad llevada solo al Twitter, el apoyo a las causas de boquilla y ofenderse por unas palabras que mañana se las lleva el viento, acaban con el poder que podría tener cierta reivindicación.

    Por ello, en realidad usted tiene más razón que un Santo.

    Un abrazo

    • Hola Amanda:
      Gracias por leer y comentar.
      Como “chistes feministas” me refiero a los chistes que hay en internet infravalorando a los hombres. Los mismos que hay de chicos los hay de chicas.
      Lo que quizá sí que es cierto, y su mensaje me ha hecho pensar en ello, es que tal vez “feminista” no sea el antónimo de “machista”. No ahora, no en este país.
      Gracias por despertar esa reflexión.
      Un abrazo
      Paco

  4. Paco, ahora estás aún menos solo. Yo también estoy contigo.
    Y con Belén, que retrata perfectamente numerosas situaciones de las que soy testigo casi a diario y que, si se nos ocurre llamar la atención de unos niños (y por consiguiente unos padres) que están molestando, encima nos llaman amargados, y el típico (y que comienza a ser cansino) “claro, como no tenéis niños pues no lo entendéis”. Como si fuéramos gilipollas.
    Salud.

  5. Lo comenté con un amigo hace unos días mientras cantábamos canciones de “La Mandrágora”: una canción como “Villatripas” sería tachada de machista, de tratar a la mujer como un objeto público; “El cromosoma” sería catalogada como anticlerical… Con la ley de lo políticamente correcto nos cargamos la libertad.

    • Absolutamente de acuerdo Enrique. Lo políticamente correcto permite que determinadas opiniones y conductas negativas sean autoreprimidas. Eso es verdad que, de alguna manera, facilita la convivencia. El problema es cuando lo políticamente correcto se convierte en norma.

  6. juan

    Tan sólo recalcar mi completo acuerdo con ud. y el resto de sus lectores que se han manifestado y por otro lado, perder determinados seguidores es, objetivamente, salir ganando

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