Nadie escucha mis gritos

RipleyComo en la secuencia final de Alien, el octavo pasajero. Como Ripley luchando contra el alienígena, sola, en una Nostromo a la deriva. Así estamos todos los inocentes ciudadanos en este país. Empezando a comprender que, en España, nadie puede escuchar nuestros gritos.

Los buenos estamos solos. Sí, me incluyo en el grupo de los buenos, faltaría más. Por una sencilla cuestión de valores, no pertenezco al grupo de los Botín, de Cospedal, de Rato, de Matas, de Mato, de Urdangarín, de Bárcenas, de Torres,… Los buenos estamos solos en un país infectado por un alien que ha encontrado en esta ponzoña el lugar perfecto para reproducirse en tranquilidad. Esa es la información que traslada el Tribunal Supremo cuando evita la cárcel a un individuo como Jaume Matas. Nos está diciendo que intentar robar, defraudar, es un riesgo que merece la pena correr. Una lluvia dorada sobre nuestra democracia, cada vez más herida. Pero aquí hay alguien que no está disfrutando.

Matas, el hombre del Palma Arena, el tipo que se retrató en una entrevista con Jordi Evole, el condenado a seis años de cárcel por fraude a la administración, falsedad en documento mercantil, prevaricación en concurso con un delito de malversación y tráfico de influencias, el esposo de la señora que pagaba con billetes de 500, el del palacete en el centro de Palma, el de la escobilla de váter de 375 euros, no irá a la cárcel porque el Supremo le ha reducido la condena de 6 años a 9 meses. Hace poco, un ladrón que robó en un coche rompiendo un cristal, valorado en 65 euros, fue condenado a 11 meses. Y ahora, si usted es capaz de creer en Dios cuando no tiene ninguna prueba de su existencia, ¿por qué no va a creer en la Justicia?

Nos han abandonado. Tenemos que buscarnos la vida. El Supremo nos informa que no todos somos iguales ante la ley, que algunos son más iguales que otros. Un país que no logra que sus corruptos tengan condenas ejemplares es un país condenado a rebozarse en la mierda el resto de sus días. El país perfecto para que el alien de la corrupción pueda parir sin complicaciones.

Los buenos estamos aislados. Ellos nos apartan confiando en que nuestra indignación acabe apática de tanto gritar en el espacio. Gritamos la vergüenza de unos altos tribunales politizados pero nadie escucha nuestros gritos. Nos rebelamos en voz alta contra un señor con carnet del Partido Popular que permanece al frente del Tribunal Constitucional. ¿De verdad quieren hacerme creer que debo confiar en la independencia de un militante del partido para decidir si la nueva ley de reproducción asistida que impide que una mujer soltera o una pareja de lesbianas pueda engendrar sea o no constitucional? ¿De verdad creen que merecemos que nos falten al respeto así? Pero nadie escucha nuestros gritos.

Nos arrinconan porque la buena gente no interesa al sistema corrupto. Este tipo de organización prefiere gente manipulable, reversible y, sobre todo, personas que conozcan de antemano cual es su precio. Sé lo que vale mi trabajo y les puedo asegurar que no es, ni por asomo, lo que estoy cobrando en la actualidad. Pero no sé cual es el precio de mi integridad, de mi honestidad, de mis principios,… y quiero pensar que no lo sé porque no existe, no porque aún no me lo hayan ofrecido.

Desde este país donde nadie puede escuchar nuestros gritos, asisto con estupefacción a los balbuceos de un Gobierno víctima del chantaje de un chorizo por el que todos han puesto la mano en el fuego. Pues bien, se han quemado. Lo increíble es que alguien se queme y pretenda no tener quemaduras. Pero en España, eso es posible.

Más de dos mil hectáreas ardían en Andratx. Mientras escribo, escucho los aviones que me sobrevuelan intentando apagar el infierno. Escucho al president de esta comunidad, al señor Bauzá, pronunciar una frase que aún retumba en mi cerebro. “Que nadie ponga en riesgo el patrimonio de todos”. Es verdad que él hablaba de la imprudencia de un señor que quemaba rastrojos y había provocado el peor incendio en Mallorca en dos décadas. Pero me alarmó que el señor Bauzá no fuera capaz de contextualizar esa misma declaración hacia su propia política, hacia la política de su partido. La educación, la sanidad, los servicios sociales, son nuestro patrimonio. Y usted, señor Bauzá, en connivencia con su partido, los pone en riesgo. Usted está quemando el patrimonio de todos. Pero nadie escucha mis gritos.

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  1. Juan

    Esperemos que al final por lo menos en las urnas las cosas cambien, si no será la triste prueba que tenemos lo que nos merecemos, y yo, personalmente, no estoy preparado para ese escenario

  2. Absolutamente de acuerdo. Pero se cansa uno de estar de acuerdo con opiniones escritas y dichas en diferentes medios y que no les veamos ningún fruto. Quiero pensar que todos, absolutamente todos, los políticos no son unos granujas ladrones pero es que ellos mismos se empeñan en que pensemos así al no desmarcarse clara y drásticamente del sistema infectado que nos gobierna. ¿La solución? No se me ocurre otra con más garantías (y aún así no las tendría todas) que la utópica de dimitir TODOS los actuales y comenzáramos de nuevo con gente de treinta años para abajo. Reinicio absoluto del sistema. Si no, no sé yo…

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