No cabe duda, están locos

A veces creo que han perdido la cabeza. Que llegan a los Consejos de Ministros despeinados y con las zapatillas de andar por casa puestas. Que deambulan en camisón por los pasillos de sus sedes. Que tienen alucinaciones y, como en El traje nuevo del emperador, todavía nadie se ha atrevido a decirles que están en pelotas. Por suerte para nosotros, las encuestas desvelan que ya no nos tragamos lo del bipartidismo, lo de la concentración del voto, lo de las mayorías absolutistas. Y eso ha sido lo más confortador que he leído en meses.

Cada vez que aparece un dirigente del PSOE en la televisión, veo gestos exagerados, manos que se mueven como si fueran a sacarse un as de la manga, a 16 fotogramas por segundo, labios que parecen articular palabras que no tienen significado. Cuando el PSOE aparece en televisión, veo cine mudo. El periodo silente. Quizá una música de Carl Davis y unos cartelitos nos ayudarían a entender mejor su oposición aunque, quién sabe, quizá no les interese que les entendamos mejor.

220px-George_III_in_Coronation_RobesCon el PP, teniendo en cuenta que nos están gobernando, la cosa es aún peor.  Deberíamos exigirles no solo transparencia en sus cuentas, públicas y privadas, sino también en sus análisis de sangre, no vaya a ser que padezcan porfiria, como el famoso monarca británico del siglo XVIII, y por eso gobiernan desde la confusión mental, las alucinaciones y la agresividad. Como sucedió con el rey Jorge III, necesitamos saber si la orina del presidente del Gobierno, o del señor ministro de Hacienda, o de la señora ministra de Trabajo, incluso de la señora secretaria general del PP, es cada vez más oscura. Necesitamos saber si están locos o, simplemente, es mala hostia.

“No cabe duda, nuestro Rey está loco”, pronunció su médico personal después de analizar, durante meses, la conducta incomprensible de su monarca. Les confieso que hay días que esa excusa sobrevuela mi razón intentando buscarle un argumento a tanto despropósito. Que en un país con 6 millones de parados la señora Cospedal salga al atril y diga que no cree que en España pueda darse un estallido social porque los españoles creen “en el trabajo diario”, es para levantarse, acercarse a ella y decirle “échame el aliento”. Quizá así confirmemos que bebe y nos sintamos menos gilipollas.

Por higiene mental me niego a imaginar a nuestros dirigentes caminando desnudos por los pasillos de sus palacios, como hacía Jorge III durante su encierro en el castillo de Windsor. Si al menos existiese la posibilidad de hacerles creer que siguen mandando y mantenerlos encerrados en sus torres de cristal, dejándoles que cacen mariposas o mantengan entretenidas conversaciones con pantallas de plasma, tendríamos la opción de sobrevivir a su mandato. Pero aquí la Corte, compuesta por delegados del Gobierno, presidentes autonómicos, grandes empresarios y religiosos fundamentalistas, prefiere mirar hacia otro lado. Pero lo que no saben es que existen muchas posibilidades de que la locura sea contagiosa. Percibo síntomas en empresarios como el señor Rosell, que duda de los 6 millones de parados porque, precisamente, no se ha producido un estallido social. O en  presidentes autonómicos como el señor Bauzá, que contrata a Miss Balears de secretaria…no sí…a este pasó hará bueno a Matas. O en delegadas del Gobierno como la señora Cifuentes, que declara que el 15M se ha radicalizado sin detenerse un segundo a pensar que, tal vez, lo que se ha radicalizado es la reforma laboral, el trato a los desempleados, el acceso a la Sanidad y a la Educación. O, por entrar directamente en sus competencias, la actuación de los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado, empleados como si fueran porteros de discoteca, matones a sueldo, seguridad privada con la que proteger los intereses de unos pocos frente a un pueblo que ocupa las calles porque ya no puede más. Si al menos soltasen eso con la mirada perdida y cepillándose el cabello, interpretaríamos el subtexto y, en vez de manifestarnos, buscaríamos una solución adecuada al problema.

0954635d2b8f7489da8700532e7ac69f_image_document_large_featured_borderlessQuiero dedicarle un párrafo a nuestro Luis II de Baviera, el señor Alberto Ruíz Gallardón. El actual ministro de Justicia ya nos dejó intuir durante su mandato como alcalde de Madrid que su demencia se canalizaba más por la megalomanía. Soterrar el Paseo del Prado –locura paralizada precisamente por una aristócrata, la baronesa Thyssen y su ‘no a la tala’- o su afán por ser el alcalde de los Juegos Olímpicos nos puso la mosca tras la oreja. En su nueva etapa, los delirios de grandeza le han llevado a pretender que se hable continuamente de él aunque sea mal. Politizar aún más la Justicia, lograr que (definitivamente) no sea igual para todos y su otra vuelta de tuerca con la ley del aborto, así nos lo da a entender. Proteger jurídicamente a un embrión y desproteger de derechos, discriminar y humillar al ser humano también tiene un punto Nerón. Por suerte, creo que Gallardón no fuma.

En la Navidad de 1819, el rey Jorge III estuvo hablando, ininterrumpidamente, durante 58 horas. Seguramente, nada de lo que dijo pasó a la historia. Transcurrido ese tiempo, el monarca, exhausto, entró en coma. Me quedé un rato reflexionando. Imaginé. Sonreí. Le resté importancia a mi ensoñación. No era un consuelo pensar que estábamos gobernados por desequilibrados porque, en el fondo, sabía que se trataba de una licencia narrativa para hacer esta columna más amena pero que ningún síntoma, objetivamente científico, avalaba esa teoría. Entonces apareció Rajoy en la tele. Pleno del Congreso. Subió a la tribuna y comenzó su intervención saludando al señor presidente del Gobierno. Y entonces, todo este artículo adquirió su verdadera razón de ser.

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  1. Juan

    Magistral(nuevamente)

    Para cuando un artículo centrado en exclusiva en nuestro descentrado y sobredimensionado ministro de justicia? Sus ansias de poder se le salen por los poros y ud. sr. Paco Tomás es la persona perfecta para que por lo menos, por una vez, disfrutemos de tener dicho ministro.

    Un abrazo

  2. Lo de “imaginar a nuestros dirigentes caminando desnudos por los pasillos de sus palacios” me ha revuelto el estómago.

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