La distancia

La prudencia está mal vista. La vida escupe minutos a borbotones. Como si fuera un remake de Evil Dead. Otro. En estos tiempos de zombies y vampiros, la prudencia es un signo de debilidad. Ser temerario parece estar mejor visto. Y yo, que como cantó el siempre inmenso Carlos Berlanga, puedo llegar a ser prudente de más, que es tan malo como no serlo, reclamo la distancia de seguridad en nuestras vidas. Al igual que en las autovías, deberíamos mantener las distancias. Solo así lograremos sobrevivir al impacto.

gabilondoEscuché al siempre rotundo y prácticamente incuestionable Iñaki Gabilondo explicar, en una conferencia a futuros periodistas, que la distancia era la clave. Y me alegré de tener algo en común con el gran Iñaki. Empleaba la metáfora de los dos puercoespines que, en un crudo invierno, debían encontrar la distancia adecuada entre ambos para darse calor sin herirse. Esa escena, de repente, encajaba con todo. Como una camisa negra. Comentándolo en una cena, alguien me dijo que no hablaría con ese entusiasmo de Gabilondo si hubiera trabajado con él. Más a mi favor para reivindicar la distancia. Incluso para poder seguir admirando.

Somos puercoespines. Únicamente salvaguardar las distancias impedirá que nos hagamos daño. Por ejemplo, creo que periodismo y política no han mantenido la distancia correcta en España. O la han mantenido mal. Y eso, más que hacerle daño a la política, le ha hecho daño al periodismo. No tiene nada que ver con la ideología de los periodistas y los medios, que es otra cosa. Ya hablé de ello –confío en su memoria- en un artículo del mes pasado en el que intentaba reflexionar sobre los datos del CIS que apuntaban a los periodistas como la profesión peor valorada por los españoles. Y veo a Enric Sopena, y escucho a Carlos Cuesta, y lo comprendo. Incluso me sorprende la, para mí, escasa repercusión y nulas consecuencias que ha tenido el famoso lapsus mail en el que el PP balear adoctrinaba a sus ‘opinadores’ (léase tertulianos) de las noticias del día y de los argumentos que debían emplear para su defensa en la tertulia o debate de turno. ¿Por qué nadie habla de eso a nivel nacional? ¿Por qué nuestra ética profesional, que debería ser nuestra ley de transparencia, no ha enviado a galeras a esos supuestos ‘periodistas’? ¿Por qué no conocemos, a riesgo de sorpresas, los nombres de los periodistas a los que iba dirigido ese mail? Lo tremendo es que estoy casi seguro de que eso también sucede, me apuesto una cena, en los departamentos de prensa del PSOE y su correspondiente fondo de reptiles. El desprestigio absoluto de una profesión que no supo guardar las distancias con la política, la cuna de toda perversión.

Vivir es saber mantener la distancia. Lo dice Iñaki y lo digo yo. Sin que Iñaki me conozca, ni tenga mi mail. En aquella conferencia a estudiantes le escuché recomendarles que, si iban a convivir con sus parejas, exigiesen dos cuartos de baño. Las distancias son buenas hasta en lo sentimental. Diría que especialmente en lo sentimental. La distancia de seguridad que nos permite ser dos. Con nuestras inseguridades, con nuestros secretos, con nuestros tempos. No anular a uno en nombre de dos. Me temo que las parejas que, desde el comienzo de su relación, apuestan por convertirse en un solo ser tienen más posibilidades de autodestruirse. No tiene ninguna base científica. Solo es una opinión.

Creo que dos cuartos de baño, en estos tiempos, es un lujo inalcanzable. Dos cuartos de baño en una casa es la excusa perfecta para que el señor Arias Cañete, el ministro que se ducha con agua fría en invierno, pueda afirmar que evacuamos por encima de nuestras posibilidades. Tal vez, si comiésemos y bebiésemos menos, bajaría el número de visitas al baño y, consecuentemente, tiraríamos menos de la cadena. O sea, ahorraríamos agua. Vamos, que deberíamos empezar a pasar hambre y a deshidratarnos un poquito para sacar a este país de la crisis.

Me gustaría saber si, en mi afán por la distancia, podría solicitar una orden de alejamiento de las opiniones (ofensivas) del señor Cañete, así como de las perlas ensangrentadas de la señora Cospedal. Por higiene mental. Que las suelten en sus foros, en sus congresos, en sus reuniones a puerta cerrada, pero que se queden lejos, que a mí no me lleguen, que me traten como si fuera un viejo anacoreta. ¿Se puede pedir o es mucho pedir?

Acabo de darme cuenta que tal vez Rajoy también sea de los míos. Y de los de Iñaki. De los que creemos en la distancia de seguridad por encima de todas las cosas. Por eso lo de las ruedas de prensa sin preguntas y televisadas. El juego de las distancias. La diferencia está en que los asesores del señor Rajoy le han debido canturrear al oído eso de que la distancia es el olvido. Y lo que ellos no saben es que aquí no concebimos esa razón.

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  1. No se te puede decir nada, siempre en el mejor sentido: ¿Para qué estropear con una opinión lo que siempre es acertado de principio a fin?

    • Es usted adorable. En cualquier caso, me encanta que dejen ustedes aquí sus opiniones. Y, por supuesto, también las que son contrarias a lo que expreso o siento en el momento de la escritura de este artículo. Muchas gracias por leerme.

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