59,09

Voy a superar en breve el tremendo bochorno que me provoca la arrogancia de citarme a mí mismo. Voy. En octubre del año pasado, en plena vergüenza por el ERE de El País, escribí que el principal problema de los periodistas era su invisibilidad. Ser intermediario de la noticia pero nunca la noticia. De esa manera no se puede crear masa crítica que defienda y apoye a los periodistas frente a la manipulación informativa que, presuntamente, pueda marcar la línea editorial de sus empresas o frente a los despidos indiscriminados que está sufriendo la profesión. La sociedad empatiza con la ‘marea blanca’, con los profesores, hasta con los mineros y con los jornaleros andaluces, pero no con los periodistas.

Esta semana, el último barómetro de opinión del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) va más allá. Sí hemos creado masa crítica, pero en nuestra contra. Según esa encuesta, los periodistas somos los profesionales peor valorados por los españoles con una puntuación de 59,09 sobre una escala de 0 a 100. Solo los jueces nos acompañan en el infierno. ¿Peor valorados que un político? Parece ser que sí.

Llegados a este punto tenemos dos opciones. O hacer como el PP, decir que todo es una campaña para desacreditar a la profesión, que el mundo (o el país) está contra nosotros, que somos la hostia y la culpa es de los demás que nos tienen envidia, acusar con el dedo a los abogados, a los policías o a los fontaneros para dejar claro que ellos son aún peor, o hacer autocrítica y buscar las causas de ese desprestigio social para, evidentemente, mejorar.

Es preocupante que dos pilares del Estado de Derecho como la justicia y la información estén tan mal valorados por los españoles. Tiendo a pensar que, salvo puntuales excepciones, no es tanto culpa de los profesionales como del sistema que los arropa. Que la justicia sea lenta o funcione mal no es culpa de los jueces. Es responsabilidad de sus gestores, que acaba siendo la clase política. Es la política la que interfiere en la justicia, la que no le permite ser independiente, la que se reparte los jueces del Constitucional como si fueran cromos en la puerta de un colegio. Basta recordar que el PP y el PSOE se han negado a que jueces y fiscales sean los que elijan a los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Prefieren seguir haciéndolo ellos. Pero los españoles, a la hora de valuar las preguntas del CIS, olvidaron que si no fuera por la justicia independiente, por el juez Castro, por el juez Grande-Marlaska, el juez Ruz, siempre Garzón, este país sería hoy un verdadero estercolero.

Francisco-Marhuenda-para-Jot-Down-1Con el periodismo diría que la fórmula se repite pero, para empezar con una dosis de autocrítica, apuntaría que el día en el que convertimos el periodismo en El Gran Debate de Telecinco, se desvaneció la credibilidad. Tal vez nos equivocamos al venderle al mundo la objetividad absoluta e inmaculada como nuestro valor de cabecera. Luego la gente ve a María Antonia Iglesias o a Hermann Tertsch en los debates de la tele y corre al diccionario buscando nuevas acepciones de la palabra ‘independencia’ antes de que le estalle la cabeza. No somos objetivos. No podemos serlo ante un atentado terrorista o ante un caso de corrupción. El problema es cuando nuestra afinidad ideológica marca nuestro discurso y lesiona nuestro rigor. Cualquier día de la semana, en cualquier medio de comunicación, uno puede encontrarse a un periodista hablando como un político, cometiendo los mismos errores que un político y defendiendo lo indefendible, como si en la facultad le hubiesen enseñado disciplina de partido en vez de ética y deontología profesional. Eso da espectáculo, desde luego, pero ¿queremos información o espectáculo? Ver las tertulias y debates polarizados de las radios y televisiones son la peor propaganda que un periodista puede tener. Se suelen elegir ‘profesionales’ del enfrentamiento acalorado y la nula reflexión. Se traslada la fórmula Sálvame a la política y en lugar de escuchar gritar a Belén Esteban o a Aída Nízar escuchamos a Alfonso Rojo y a Paco Marhuenda.

Los ciudadanos ignoran que esos no son el capital humano del periodismo. El periodismo son las redacciones, los profesionales –muchos anónimos- de los medios públicos a los que se les impone un jefe de informativos extraído del fondo de reptiles que todo partido político tiene en su haber. Son los que anteponen  información y ciudadano a propaganda y político. Son esos que, por encima de la ideología del empresario que pone el capital en ese medio de comunicación, hacen su trabajo con independencia y honestidad. Y les prometo que son la mayoría, aunque no salgan en la tele.

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