Propósitos vintage

Ya no me lo propongo. A estas alturas, no merece la pena. Es un trámite idiota que puede acabar mucho peor de lo que empieza. Como el que tiene un negocio y, año tras año, ve una caja en el almacén, rendida al paso del tiempo, sin lograr dar salida a lo que guarda en su interior. Y se va eternizando en la estantería, asumiendo la derrota, acercándose peligrosamente a su fecha de caducidad. Desde hace un tiempo, ya no me propongo nada cuando inauguro un primero de enero. Me niego a ser la causa de mi propia decepción.

Como en una tienda de ropa vintage, mis propósitos de año nuevo tienen cierta solera pero no por ello dejan de ser apetecibles. La edad no es el problema. Lo que ha estropeado lo nuestro es que llevamos abandonándonos desde hace varias décadas. Ya no es como al principio, esa primera vez que verbalizas tu intención de perfeccionar el inglés o de apuntarte a un gimnasio. Tu credibilidad entonces cotizaba al alza y no cumplir con la intención se consideraba un rasgo de cautivadora personalidad. Le ponías ojitos a los propósitos y les decías que sería mejor que os dierais un tiempo, unos meses para pensar un poco, para saber hacia dónde iba vuestra relación. Hoy, echando la vista atrás, creo que la culpa no es de ellos, de los propósitos; es mía. Tengo la sensación de que nos estamos alejando.

Cuando llega diciembre me visita el miedo al vacío que caracteriza a todo aquello que acaba. Desde una canción en una lista aleatoria hasta el punto y aparte del párrafo en la novela que lees. Un final abre la puerta a algo nuevo que, por desconocido, nos puede provocar escalofríos o ponernos las pilas. La vida es una sucesión vertiginosa de finales o, lo que es lo mismo, de principios. Acabamos y empezamos tantas veces a lo largo del día que ya hemos interiorizado el proceso y apenas le damos importancia. Pero con el final del año es distinto. Lo malo de diciembre, y lo que le diferencia del resto de finales, exceptuando por supuesto el fin del mundo y el final de Los abrazos rotos de Almodóvar, es que no es inminente. Diciembre tiene treinta y un días para preparar balances e inventariar propósitos con los que contaminar la primera quincena de enero. Los buenos finales son sorprendentes por inesperados, rápidos, sin que apenas puedas reaccionar al impacto ni dé tiempo a nada. Eso no sucede con los años que acaban. Y encima comprobar que ya son demasiados aplazando el mismo propósito hace que te infectes de decepción, uno de los sentimientos más venenosos que existe. Por eso, yo al 2013 no le propongo nada. Deseo que me proponga él a mí. Y si además alguien tiene proposiciones deshonestas, por favor, háganmelas saber de inmediato.

bicis

A propósito, una buena idea sería cambiar las pretensiones y estrenar objetivos nuevos. En RTVE a la carta hay un espacio de innovación audiovisual llamado Laboratorio RTVE (Lab) en el que se puede encontrar desde pautas para entender la crisis bancaria en cinco minutos a los trending topic de 2012. Entre esas entradas, esta semana la gente de Lab había creado un hangstag -#propositosRTVE- con el que colgar en Twitter, y otras redes sociales, aquello que deseas hacer en el año a estrenar. Un trabajo en el que se van enumerando propósitos, algunos pragmáticos y otros más poéticos, con los que plantarle cara a este año. Los prácticos son más vulnerables al olvido. Los propósitos poéticos, si se olvidan, no decepcionan.

En esa web leí metas que alojaban más sabiduría y honestidad que el manido gimnasio: ‘decir las cosas claras’, ‘ir por libre’, ‘vivir el presente’, ‘vencer mis miedos’, ‘aprovechar bien el día’, ‘saber decir no’, ‘aprender a hacer algo nuevo’, ‘no darme por vencido’, ‘armar la marimorena’,…propósitos que este país debería apuntar en su agenda y llevarlos a cabo, uno a uno, en lugar de asumir, con resignación, las consignas de los especuladores.

Tengo mis propósitos a buen recaudo. Nos hemos dado otra oportunidad. He renunciado al idioma y a los abdominales. He apostado por darme placer y por hacer de la tranquilidad una actitud. Aún tengo días por delante. En un año, hablamos.

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  1. Pedro Javier

    Sr. Paco Tomás permítame la sugerencia de dos propósitos:
    – No dejar de publicar sus estimulantes reflexiones.
    – Escuchar la ambiciosa propuesta de un humilde aprendiz de guionista y productor….

    Feliz 2013!

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