Las series de mi vida (Fama)

NOTA: No es lo habitual. Lo sé. Estas entradas suelen presentar cinco series en cada una de ellas pero es que he escrito tanto sobre mi serie número 29 que he considerado que lo mejor, sobre todo desde el punto de vista del lector, era dejarla sola. Que de lo contrario, esta entrada ocuparía 1 GB.

LAS SERIES DE MI VIDA. TOMA VII (I)

29.- FAMA

Mucho antes de que se pusiera de moda un reality sobre baile titulado Fama, a bailar, ya sabía que la fama costaba. Lo sabía porque durante años, seguramente durante décadas, había repetido, en alguna ocasión, el monólogo de cabecera de una de mis series míticas: “Tenéis sueños, buscáis la fama. Pero la fama cuesta. Pues aquí es donde vais a empezar a pagar. Con sudor”. Por supuesto, estoy hablando de Fama. O Fame, que en los ochenta ya nos gustaba pronunciar los títulos en inglés aunque no hablásemos una palabra del idioma.

Posiblemente se trate de la serie con la que más identificado me sentía de todas las que he comentado hasta el momento. Con 15 años, la imaginación desbordada, la pubertad desbocada, la creatividad a flor de piel y, sin embargo, con la sensación adolescente de llegar tarde a todo lo que deseaba, una serie que contase la historia de unos alumnos de una escuela de arte que cantaban y bailaban para celebrar la vida o para lamentarse de sus desgracias era mi serie. Aparte de ser un perfecto detector de homosexualidad latente pero ese, ahora, es otro tema. Creo que todas las generaciones tienen su serie de música y baile, su locomotora de ilusiones y sueños. Eso era Fama y eso eran Un paso adelante o Glee. A veces he pensado que si Glee se hubiese emitido cuando yo tenía 15 años, posiblemente mi vida hubiese sido algo diferente. En serio. Y creo que estoy volviendo a hablar de homosexualidad.

La primera vez que viajé a Nueva York fui en busca de la Escuela de Artes, el lugar donde se rodó la serie, para hacerme una foto en la puerta. Mi decepción fue saber que se destruyó en el 88.

Al revés de muchos, accedí primero a la serie y más tarde a la película de Alan Parker en la que se inspiró. Me sorprendió que la película era mucho más ‘real’ y menos ‘qué guays somos’ que la serie y, para mi satisfacción, conservaba uno de los estimulantes alicientes que me hacían estar pegado a la pantalla el fin de semana: Leroy Johnson (Gene Anthony Ray). Creo recordar que Leroy tenía una secuencia en el filme en la que bailaba solo con unos shorts negros y un sombrero. Bueno, y zapatillas y calcetines blancos. Y no me pregunten por la coreografía porque no fui capaz de hacer otra lectura de esa secuencia que la meramente erótica. Solo John Travolta haciendo aerobic en Perfect logró ponerme tan cachondo. Sí, en aquel momento me di cuenta que también me ponían los afroamericanos y que toda la vida agradecería al inventor de los pantaloncitos shorts su aportación al onanismo adolescente. Pero volvamos a la serie.

La estrenó la NBC en 1982 y llegó a España un año después. Se emitieron 6 temporadas y el primer reparto estaba formado por Lee Curreri, Erica Gimpel, Carlo Imperato, Valerie Landsburg, P.R. Paul y Lori Singer , como las máquinas de coser, que interpretaban a los alumnos (¡atención, que me sé sus apellidos!) Bruno Martelli, Coco Hernández, Danny Amatulo, Doris Schwartz, Montgomery…(¡mierda!) y Julie Miller. Bueno, Montgomery era el Quique (Verano azul) de Fama así que… Por cierto, gracias al personaje de Doris Schwatz no tuve ningún problema a la hora de pronunciar al nombre de Fernando Schwartz cuando empezó Lo más plus.

Algunos alumnos de esa primera promoción desaparecieron en la tercera temporada -nadie explicó la salida de Bruno de las tramas, por ejemplo- y dieron paso a otros nuevos como el chulito de Chris Donland, que nunca me cayó bien y al que le pegaba estar en una escuela de artes tanto como a Cecilia Giménez, la restauradora octogenaria, ser miembro de la academia de Bellas Artes de San Fernando. También llegó Holly (Chyntia Gibb), una pequeña Isabel Preysler llamada Nicole (Nia Peeples) y ¡Janet Jackson! Y para demostrar la visión de futuro de los directores, el personaje de la hermana pequeña de Michael apenas tenía peso en las tramas y ni siquiera cantaba mucho.

Coco, como Bruno, también se marchó de la serie y eso sirvió para que a partir de la tercera temporada Danny y Doris, que habían tenido roles más secundarios en las primeras, tuvieran un estatus de veteranos frente a los nuevos. Doris era uno de mis personajes favoritos. Siempre he tenido debilidad por los secundarios, por los personajes que no son ni van de líderes. Creo que eso dice mucho de mí mismo y de mi infancia. Danny y Doris eran muy amigos y yo no entendía por qué no se liaban entre ellos hasta que comprendí que los personajes como Doris siempre se enamoran de los sensibles, no de los brutotes, ni de los graciosos, ni de los resultones. Y Doris estaba enamorada de Bruno Martelli. De hecho, ahora que lo pienso, creo que Doris y Bruno eran la misma persona.

Lo que sí se mantuvo en todas las temporadas fue el cuadro de profesores. Entraron nuevos, por supuesto, pero los profesores emblemáticos de Fama siempre serán Lydia (Debbie Allen), la señorita Sherwood (que para mí que se hacía dedos en su casa pensando en Leroy) y el profesor Shorofsky, que era lo más cerca que ha estado un americano de un perfil a lo Tierno Galván. Aunque debo tener una mención especial para la señora Berg, esa viejecita adorable que debería estar jubilada pero que allí la tenían a la pobre, bien explotada, atendiendo la recepción, haciendo fotocopias, deambulando por los pasillos y ayudando psicológicamente a los alumnos que, en una escuela en la que se imparte interpretacción, ya les digo yo a ustedes que un psicólogo es más necesario que el agua corriente en las duchas.

No quiero resultar carca, ni aleccionador, ni fingir que cualquier tiempo pasado fue mejor -creo que la nostalgia es dañina-, pero me gusta pensar que crecimos con sueños pero también con valores. Que el sueño de los protagonistas era triunfar pero porque habían creado algo que merecía el aplauso. Eso, de alguna manera, era un principio en la mente de todos nosotros. Los adolescentes actuales, y esto es una puta generalización, han perdido la perspectiva del éxito y la meta de los sueños porque ahora la sociedad, y la televisión como reflejo de la misma, les ha demostrado que no hace falta estudiar, ni esforzarse, ni poseer ninguna habilidad o talento artístico, ni siquiera ser educado, para triunfar. El éxito se democratiza y, lógicamente, se pervierte. Y luego estrenan La Voz en Telecinco e intentan joderme todo este discurso. Desagradecidos.

En Fama no solo se bailaba y se cantaba. También se trataban temas (con una profundidad dramática de medio dedo, eso sí) de gran impacto social como la anorexia, la rebeldía con o sin causa, las tribus urbanas, liarse con maduras y hasta de leucemia se habló. Pero, ante todo, de chico busca chica, chico se enamora de chica, chico rompe con chica. Me faltó, en esa edad ávida de referentes, un chico busca chico, que sí existía en la película. De hecho, el personaje de Montgomery en la película era gay. La de veces que, deprimido porque pensaba que nunca encontraría el amor (drama muy de adolescente gay), me ponía la canción que cantaba él en la peli, con guitarra y asomado a una ventana con vistas a una noche solitaria y urbana. “Is it okay if i call you mine” se titulaba. Y el “On my own” de Irene Cara que yo ya conocía por el primer disco de Nikka Costa y que me aprendí fonéticamente sin tener ni papa de inglés. Y el Fame, desde luego. Tengo las dos bandas sonoras, la de la película y la de la serie. La de la película me la perdieron los de Mudanzas Urbano, con más vinilos y dvd’s. La de la serie sobrevivió. “Los chicos de Fama” era el título. El disco no incluía el tema central de la serie, el Fame de Irene Cara, pero sí grandes temas musicales de la primera temporada como “Desdémona” y mi favorita, “High Fidelity”. Intento pincharla alguna vez en los bares pero mi compañero dj me dice que solo lo voy a entender yo.

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  1. Julia

    Si yo escuchara de repente que pincharan “high Fidelity ” creo que lloraría. Mi primer disco comprado a los 14! El LP de Fama, de la serie. Grandes temas. Has explicado tan tan bien la interrelación de los personajes y tus sensaciones que he tenido un flashback nítido y hasta doloroso. Thankyou very much!!

  2. Este fue también mi primer disco, comprado a los 7 o así… Convencí a mi madre para que me regalara el primero de Mecano y, ya en el Corte Inglés, me hizo la 13/14: Me dijo que me llevara este porque en Mecano cantaba un ordenador y que era un grupo que no iba a durar. El disco del reloj cayó poco después, pero cuánto disfruté con este…
    Be my music, Starmaker…

  3. Fama fue una gran serie que veiamos toda la familia , si no me acuerdo mal, los domingos por la tarde, despues de la comida. Todo un clásico !!!!
    Nos engancho su música, sus bailes, sus canciones y los shorts de ellos.
    Realmente fueron unos referentes en nuestros sueños

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