Koche

Que somos más que un mero individuo es algo que, en ocasiones, hay que recordar. Especialmente a aquellos que han hecho del individualismo su religión. Yo, que posiblemente esté más cerca del individuo que de la masa, de hecho, detesto cualquier masa que no sea la de una buena pizza, creo que he descubierto el valor del colectivo: la fuerza. No la fuerza irracional y desmedida de la masa si no la energía calculada, eficaz y constante de un numeroso grupo de personas que luchan por sus derechos que, en el fondo, es luchar por su supervivencia.

Por eso me gusta el concepto “colectivo lgtb” porque reúne a personas muy diferentes en un objetivo común. Puede que ese objetivo común en países como España sea defender el derecho y la libertad individual de contraer matrimonio o la lucha por una legislación que contemple la adopción en parejas homoparentales. En otros lugares del mundo ese objetivo común es simplemente seguir con vida.

Esta semana Violeta Assiego, de Amnistía Internacional, me ha enviado una serie de notas extraídas de la visita de Stéphane Koche a España, hará unos días. Koche, activista de Derechos Humanos y representante de ADEFHO (Asociación para la Defensa de los Homosexuales), explicó la sobrecogedora situación que el colectivo (sí, colectivo, como el nuestro) lgtb está sufriendo en su país, Camerún.

Contó que en 2005 se produjo un giro homófobo muy importante en el país a raíz de la homilía del arzobispo de Yaundé, Simon-Victor Tonyé Bakot, en la que acusó públicamente a los homosexuales de todos los males del país, los llamó “enemigos de la creación” y relacionó la homosexualidad con la brujería. Los argumentos son tan débiles como creer que si hay homosexuales en Camerún es porque es un producto importado de occidente. Pero que el argumento sea débil no significa que sea inofensivo.

Esa homilía desorientó a los jóvenes que, tras ver en los medios de comunicación listas de chicos homosexuales, con foto, para que la sociedad pudiera identificarlos, se armaron contra la homosexualidad. Y no empleo el verbo ‘armar’ de forma metafórica.

En la población de Camerún, la homosexualidad es un tema del que no se habla. De lo que no se habla, no existe. Nadie quiere escuchar que es una estupidez pensar que la homosexualidad es algo importado de occidente cuando un chico de una zona rural, que no ha visto un hombre blanco en su vida, es gay.

En 2010, la organización de Koche logró el apoyo de la Unión Europea. Ese apoyo supuso un conflicto diplomático al “reforzar el mensaje” de la influencia occidental. Incluso otras organizaciones de Derechos Humanos de Camerún se apuntaron a la queja por el apoyo de la UE y se aliaron con los políticos de la represión. La trascendencia fue tal que el Gobierno de Camerún se entrevistó con el embajador de la UE para que retirase el apoyo y la financiación a ADEFHO. Sin que sirva de precedente, la UE se mantuvo firme e incluso presionó al gobierno camerunés con la posibilidad de retirar la financiación para la lucha contra el sida, que estaba recibiendo del Fondo Mundial, si no ponían fin a sus políticas homófobas.

Ese mismo año, Camerún firmó el Protocolo sobre los Derechos de la Mujer, conocido como el Protocolo de Maputo, que abarcaba una amplia cantidad de derechos como la abolición de la discriminación, el derecho a la dignidad, el derecho a la integridad física, a la educación, a la formación,… Y de nuevo el arzobispo hizo circular entre las mujeres el mensaje de que la firma del protocolo suponía la legalización de la homosexualidad. Y logró congregar a 30.000 mujeres en una manifestación que no dejaba de ser paradójica ya que esas mujeres se estaban manifestando contra algo que las beneficiaba, directamente influidas por la Iglesia.

Koche contó que en Camerún se han creado ‘células’ juveniles para localizar y perseguir homosexuales, así como para felicitar a los jueces cuando dictan lo que, a su entender, es una condena ejemplar.

En Camerún ni siquiera pueden contar lo que les está pasando a través de internet porque solo el 30% de la población tiene acceso a la electricidad.

En la actualidad hay cinco hombres encarcelados por homosexualidad. Uno de ellos, Jean Claude Roger Mbede, está completamente solo. Su familia lo ha repudiado, de repente se ha quedado sin amigos,…eso está sucediendo en Camerún.

Puede que el colectivo lgtb aún no haya hecho oír su voz todo lo alto y contundente que debiera. Y no estoy hablando de carrozas el día del orgullo. Estoy hablando de Derechos Humanos. Una mujer es una mujer aquí y en Afganistán. Y no habrá una mujer en el planeta que no empatice con el sufrimiento de otra mujer y denuncie, a voz en grito, cualquier ultraje, humillación o barbarie que se cometa contra su género. Y un homosexual es un homosexual aquí y en Camerún. Este es mi humilde grito. Muy pequeño. Casi sordo. Hay personas luchando por los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales en muchos países del mundo. Me conformo con que no lo olvidéis nunca. Es importante que ellos sepan que no están solos. Que nuestra fuerza está calculada, es eficaz y constante. Que somos un colectivo. Un colectivo enorme.

P.D: Stephane Koche es heterosexual. Viajó a España acompañado de su mujer, embarazada de 8 meses. Su motivación para ser activista lgtb es fruto de una serie de casualidades y situaciones personales que le llevaron tener que plantearse el activismo en DDHH en esta temática. Él dice que esta defensa tiene que ver con sus valores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: