500 gracias

A mamá, a papá, al Life on Mars de David Bowie, a los singles de Karina, a las habitaciones llenas de revistas, a los tebeos de Lola, a los vuelos charter, a jugar en la acera, a Tim Berners-Lee, a los amores, a los amantes, a los pósters viejos (que alguna vez fueron nuevos), a las ilusiones, a los proyectos, a Parade, a JJ Abrams, a Tintín y a su padre, a Hergé y a su hijo, al mar, a las sombrillas, a los amigos (a los pasados, a los presentes y a los futuros), a las hermanas (a las biológicas y a las sentimentales), a las Converse, a Bansky, a De qué hablamos cuando hablamos de amor de Raymond Carver, a las impresoras en color, al DVD, al mute, a la pause, a las cenas de nochebuena, a la Factory de Warhol, a las revistas ilustradas, a las carpetas de recortes, al gazpacho, a los archivadores customizados con fotos plastificadas, a las portadas de Mina, al cine, a los rotuladores que dibujan en plata y oro, a los micropoemas de Ajo, a las oportunidades, a los nombres propios, a mi propiedad privada, al sexo casual, a Gregory Crewdson, a Lolo Rico, al papel pintado, a Bette Davis, a un buen paquete, al Soy lo peor de María Marta Serralima, al Soy lo prohibido de Olga Guillot, al Soy una punk de Aerolíneas Federales, al Yo no soy esa de Mari Trini, a la playa, al color rojo y a Vince Gilligan por inventarse Breaking Bad.

A John Waters, a los canelones Rossini, a los hombres que se desnudaban para el Playgirl, a las muñecas Blythe, al walkman, al mp3, a la Moleskine, a El jardín de las delicias de El Bosco, a las series de televisión, al final de El planeta de los simios, al Pink de los Aerosmith, a Alaska y los Pegamoides, a Alaska y Dinarama, a Doctor en Alaska, a la radio, a la ficción, al orgasmo, a Apple, al fuego, al agua, a Lorca, a Jayne Mansfield, a los corchos en los que pinchar recortes de periódico, fotos y notas, a las personas que saben tocar el piano (a todas menos a Alicia de Larrocha), al cruce de miradas, a las canciones de hablan de amores efímeros, a Entre el cielo y el suelo de Mecano, a la pluma, a las plumas, a las fotos de Jim French, a Katharine Hepburn, a cualquier idea resbalando de la mente de David Lynch, a Carlos Berlanga, a cuando Morrisey canta “take me out tonight, take anywhere, I don’t care, I don´t care, I don’t care”, a los pantalones pesqueros negros que dejaban ver tus calcetines blancos, a las ceremonias de los Oscars, a los festivales de la OTI, a las canciones de Eurovisión, a Dorothy Parker, a las fotos de los lugares abandonados, a la profesora que me enseñó a leer y a escribir, a las ceras Manley, a la carcajada, a llorar de risa, a llorar deprisa, a Vivian Caoba cantando Como una loba, a la vida, a como la cuenta Chuck Palahniuk, a como la cuenta Tom Spanbauer, a como la cuenta Paul Auster, al hombre que se enamoró de la luna y a las tiendas llenas de diseño escandinavo.

Al merchandising, a las camisetas serigrafiadas, a la televisión encendida, a la televisión apagada, a los álbumes de fotos, a Leroy Johnson, a los títulos de crédito (Oscar ya para los mejores del año), a las cosas surrealistas, a las situaciones surrealistas, al beso en la boca, a Murakami, a los arquitectos locos, a la movida, a la corrida, a la ducha, a siete secuencias de Francis Ford Coppola, a cuando Barbra Streisand canta “he touched me, and suddenly, nothing, nothing, nothing is the same”, a Cher antes de operarse, a Cher después de operarse, a los pantalones pitillo, a las tardes en silencio, a Santiago Tabernero, a Diabéticas Aceleradas, al dulce de leche, al acento argentino (me pone cachondo…no lo puedo evitar), a Dalí, a Dalida, a leer en la cama, a Amantes de Vicente Aranda, a La Edad de Oro, a Manuel Alejandro, a los viejos vinilos, a las mujeres de Russ Meyer, a los hombres de True Blood, a Ana Belén, a una tarde en París, a un fin de semana en Londres, a una vida en Manhattan, al patio de butacas, a las luces de neón, a los programas de mano, a los fontaneros de las películas porno (que bien sabe Dios que no existen), a la gente de la que aprendo, a las personas que me enseñaron a mirar, a la gente que me deja mirar, a Marlene Dietrich cantando Where have all the flowers gone, al ¡Qué maravilla! Una fiesta para señoras, a las noches que soñé con Joe Dallesandro y Steve McQueen, al baile de la azotea de West Side Story,  a comer y a disfrazarme de mujer.

A que me tiren los tejos, al pan con aceite y tomate, a la secuencia en la que la bicicleta de Elliot, con ET en la cesta, se eleva por los aires, a las versiones de La Terremoto de Alcorcón, a las familias (para bien y para mal), a Janet Leigh en la ducha, a los desayunos de los hoteles, al pelo, a las colecciones inacabadas, a cualquier secuencia de The Wire, a los refugios, a las P2P, a David Lachapelle, a mi amor, a las canciones de despecho, a las letras de Chico y Chica, a las letras de Astrud, a los tipos de letras, al jamón ibérico, a soñar, a ponértela dura con la imaginación, a Olivia Newton John, a las parejas que aún te quieren después de oír como te tiras un pedo, a Annie Leibovitz, al orden, al desorden, a la Pantera Rosa (la que se come), a John Travolta haciendo aerobic en Perfect, a los bollitos de Vaisa, a Pedro Almodóvar, a Pedro Almodóvar, a Pedro Almodóvar, a mi amigo Toni conduciendo con el The wonder of you de Elvis a todo volumen, a las personas que van a contar todo esto para comprobar si de verdad hay 500 gracias, a los macarons, a cualquier foto de Erwin Olaf, a Allen Ginsberg recitando Dulce chico, dame tu culo, a los vinilos de colores de Parchís, al fantasma del Exin Castillos, a Margo Channing diciendo que debe haber sido una revelación el ver a una chica de 24 años interpretar a un personaje de 24 años, a romperte las cervicales bailando el Last dance de Donna Summer, a un Ribera del Duero, al Laberinto Congost, a fantasear con que te follas toreros, a esconder cosas para ser feliz al encontrarlas y a todo aquel que, llegados a este punto, comprenda que hay promesas muy difíciles de cumplir.

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  1. Julia

    Ayyyy, El hombre que se enamoró de la luna…Creo que es el libro más completo, perfecto y maravilloso que he leído nunca…
    Te ha faltado dar las gracias a tus seguidores incondicionales, a tu psicóloga, a tu amiga marta (es que me acuerdo que me lo pasaba muy bien en los posts en los que hablabas de ella ;-)….Pero me ha encantado. Me encantan los textos que enumeran cosas interesantes así en plan brainstorming. Lo que decía Spanbauer de la escritura peligrosa porcierto…
    Felicidades. Pues a por otros 500, y que yo los vea. Un beso para usted.

  2. C. Criado

    Que tierno. C. Criado

  3. odysseus911

    A usted, muchas gracias…..

  4. sam

    A la vida! y a ti, Paco Tomás!

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