España es el plató de “Sálvame”

Lo grave de reconocer en Sálvame un modelo rentable de tele basura es que nos obligaría a hacer un ejercicio de introspección y admitir que somos un país basura. La basura, desde que apareció el reciclaje, ha dejado de tener una connotación indiscutiblemente negativa, de metáfora del caos, para convertirse casi en una denominación de origen, en el humus de nuestra identidad cultural. Hemos creado contratos basura, comida basura, bonos basura, sueldos basura…tener una televisión me parece hasta lógico y, si me apuran, menos humillante.

Hay investigadores que ya hablan de una cultura de la basura porque en nuestros desechos está la esencia de nosotros mismos. Recuerdo que hace muchos años, en el boom de ¡Hola Raffaella! en TVE, Loles León protagonizaba una divertida sección que consistía en rebuscar en la basura de los famosos. Aquello fue profético y hoy nos hemos instalado en esa cultura del desperdicio como combustible para nuestra acción. Cualquier basura es buena. La que se pudre y la que no. La del famoso y la del tipo corriente. La clave está en lo que nos den por ella.

Hay un interesante estudio del sociólogo y escritor Fernando Gil Villa que viene a explicar como la burguesía occidental se obsesionó con la limpieza y el orden hasta el punto de convertir la basura en su principal enemigo. El desorden y la suciedad debían desaparecer en una sociedad ejemplar. La apariencia como valor burgués para intentar mimetizarse con las clases más privilegiadas. Tengo la impresión de que ese objetivo fracasa con la entrada de la clase media en las esferas políticas y de poder. Sus valores son diferentes y su relación con la basura, también. La incursión del reciclaje nos recuerda que todo forma parte del ciclo de la vida, como en el principio de El Rey León, y que aquello que nos avergüenza, que nos asquea, que nos ofende, que nos apesta, que nos sobra, es nuestra otra mitad y origen de un nuevo ente. Solo hay que clasificar el residuo para saber qué será mañana.

La contradicción humana, eufemismo de estupidez, hace que aboquemos a la sociedad a una cultura de la basura y, sin embargo, finjamos que eso no es verdad. Los alcaldes de Palma de Mallorca, Fageda y Cirer, ejemplos espeluznantes de convivencia con la basura, taladraron toda la ciudad para instalar un antiestético sistema de recogida neumática de basuras que se tragaba nuestros deshechos y los ocultaba bajo tierra, lejos de la vista. Con el carácter dialogante y de servicio público que caracteriza a nuestra clase política, el alcalde impulsor del proyecto y su equipo desatendió a todos aquellos que alertaban de los malos resultados que ese sistema había dado en las ciudades en las que ya se había instalado y, aún así, lo implantaron. Hoy, la basura está atascada bajo el asfalto y nadie tiene dinero para eliminar el tapón. Hoy, los contenedores de basura clásicos vuelven a ocupar las calles junto al inservible buzón. Lo llaman “envejecimiento prematuro” del sistema. Y como no hay justicia divina, no les cae un rayo encima y los fulmina. Hoy, algunos vecinos de las plantas bajas de los barrios próximos al lugar donde se encuentra el tapón de basura, ya han encontrado ratas en sus domicilios. Y aquí no pasa nada. Què hem de fer? Aquí vemos Sálvame, que nos entretiene.

Sálvame es solo el ejemplo más fácil. La cabeza de turco. El blanco perfecto. Pero la basura ya forma parte de nuestras vidas porque forma parte de nosotros mismos. Incluso de aquellos que nunca vieron ese programa. Incluso de aquellos que atacan y reniegan de la existencia de este tipo de programas. Sálvame no es un programa del corazón. Ojalá lo fuera. Sálvame es España. Con o sin rescate. Si hemos incorporado a nuestra sociedad el contrato basura, que es bastante más denigrante que un berrido de Belén Esteban, ¿por qué somos tan implacables y exigentes con la televisión basura? Una televisión privada no es una ong. No tiene que educar a nadie ni ser referencia de nada. Que los espectadores vengan educados de casa y con los referentes bien aprendidos en la escuela de valores de cada familia. Eso hace país. Y España es un pinganillo en la sombra dando órdenes al presentador, es la prepotencia de portero de discoteca de Kiko Matamoros, la atrevida ignorancia de la Esteban, el exhibicionismo esperpéntico de Karmele, el transfuguismo ético de Terelu, el pseudo intelectual de barrio -a lo Juan Marsé dicen- de Jorge Javier Vázquez; la graciosilla de turno de Paz Padilla, la inquina entendida como habilidad social de Kiko Hernández, la impunidad de Lidia Lozano, la fanfarronada de Mila Ximenez,…y todos, mordiéndose entre ellos en lugar de morder al que ordena a través del pinganillo. Eso es España.

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  1. Andrés Costureras

    Buenisisimo

  2. Que buen articulo PACO,,en esto se esta convirtiendo este país,,en la cultura de la basura,como máximo es ponente,,hay que pena de pais……..

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