Relato optimista (50 cosas que me gustan)

El escritor y cineasta John Waters (1) está tan contento de estar vivo que siempre se despierta cinco segundos antes de que suene el despertador. De un modo voluntario y, supongo, inconsciente. Yo no. Me encanta dormir (2). Algunos creen que es la manera menos productiva de perder el tiempo. No opino lo mismo.

La velocidad y la inmediatez (3) parecen haberse convertido en los valores de la sociedad occidental actual. De tal forma es así, que los intelectuales nos afean esa perezosa costumbre de dormir porque el tren de las oportunidades es un AVE (4) y hay que estar despierto, espabilado, para subirse a él lo antes posible, aunque no tengas billete. Disfruto durmiendo. Y ya no les cuento cuando soy capaz de recordar lo que he soñado (5). Flotando en fases REM (6) he llegado a disfrutar de paisajes idílicos (7), de situaciones surrealistas a lo David Lynch (8) y hasta de escenas tremendamente eróticas junto a Joe Dallesandro (9). Y todo gracias a mis buenas horas de sueño.

Eso no significa que no me deleite con esa especie de resurrección que es despertar. Amanecer a mi ritmo, sin despertadores, sin prisas, desperezándome en la cama (10), acostumbrando el ojo, lentamente, a la luz de verano (11) que se filtra por las persianas del dormitorio.

Siempre he sido muy aficionado a una cafetera italiana (12) pero desde que me regalaron una Nespresso (13) me rindo a la liturgia de la cápsula de colores, especialmente a la dorada. No concibo, como dice un amigo, el ‘café bebido’ en el desayuno. De hecho, los desayunos de los hoteles (14) me parecen oasis de regocijo y colesterol que disfruto como un niño de siete años en Disney (15). En casa siempre hay dulce (16) para acompañar al café.

Me gusta, como decía Waters, “echar un vistazo a mi reino y asegurarme de que nadie me ha robado nada”. Las estanterías llenas de libros (17) me parecen construcciones domésticas que pueden llegar a emocionarme. Entrar en bibliotecas personales, donde las influencias, los afectos, las devociones e incluso los desencantos están encuadernados, posando en un apetecible y seductor altar, me estimula más que cualquier droga. Sueño, algún día, con poder dedicar una habitación de mi casa a los libros. Con estanterías que lleguen hasta el techo y escaleras móviles que me permitan acceder a los más altos. Sin seguir un orden alfabético. Me he acostumbrado a perderme en el caos y disfrutar de la sorpresa de encontrar cuando no buscas (18). Colocar la poesía de Allen Ginsberg (19) junto a las greguerías –“soñar es bailar”- de Gómez de la Serna (20), que son como si las fotos de Chema Madoz (21) se hicieran con palabras. Colocar mi figurita de Tintín (22), los muñecos Dunny de Kidrobot (23) y a Jessica Rabbit (24) entre micropoemas de Ajo (25), novelas de Tom Spanbauer (26), de Chuck Palahniuk (27) y ediciones baratas de literatura pulp (28).

Protejo mi ‘blythe’ (29) aunque me gustaría poder customizarla algún día emulando a Kate Pierson (30) o a la Barbra Streisand (31) que canta Gotta Move en el especial de televisión que grabó en 1966 para la CBS.

Me contenta entrar en panaderías con más de veinte tipos de pan (32), comprobar que la app que me he descargado cumple lo que ofrece y grabar cedés (33) para los amigos, o para escuchar en el coche, con recopilaciones que incluyan a David Bowie (34), Nina Zilli (35), Astrud (36) y Carlos Berlanga (37). Y me gusta la música de Belle and Sebastian, de Pastora o de Camera Obscura porque, cuando hace frío, me recuerdan el verano (38).

Salir a la calle es una aventura. Nunca sabes si el día que vas a protagonizar está dirigido por Tim Burton (39), Alfred Hitchcock (40), Todd Solondz (41), Quentin Tarantino (42) o Peter Bogdanovich (43). Puestos a elegir, me encantaría coincidir en alguna secuencia con Don Draper (44) o con cualquier personaje masculino de True Blood (45) pero con el tiempo he aprendido a convivir con mis limitaciones.

Soy de los que admira a los bomberos (46) más que a los futbolistas y cuando el día me agota, fantaseo con volver a dormir y soñar que todos los corruptos acaban con sus huesos en la cárcel (47), que la usura de los poderosos les pasa factura (48) y que, algún día, aunque yo no lo vea, la raza humana evolucionará de una puta vez (49). Pero, sobre todo, me encanta meterme en la cama sabiendo que mañana es mi primer día de vacaciones (50).

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  1. Tarramera

    Bravo! Un placer leerle (51)

  2. ¡Qué grato es leerte (y conocerte mejor), señor Paco Tomás!

  3. Salto de tu espléndida crónica sobre el Iván-Off de La Casa de la Portera a esta lista deliciosa. Y sí, me alegra la tarde. La lista, que es como un cuestionario Proust, es una hoja de identidad. Así que, en medio de los calores veraniegos, que desdibujan, y en medio de esta España rara y adormecida, te suscribo y me pongo a hacer la mía, empezando, claro por dormir una siesta, que no es una pérdida de tiempo, sino un autospa en casa. Que viva el hedonismo. Gracias por tu post!

  4. Concha Criado

    Hace tiempo que no le leia y sido un placer, muy bonito.

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