Ser influyente

La noticia me pilló durmiendo. Ese tiempo en el que uno elegiría, si pudiera, que le visitase la muerte para no tener, así, que enterarse de nada. Fue hace una semana. Al despertar, el autómata que salta de la cama y deambula por la casa, como la figuración de The Walking Dead, acudió al móvil como quien visita el cuarto de baño: por hábito. Con el corazón aún dormido leí un mensaje escrito. Era del modista –es que detesta que le llamen diseñador- Lorenzo Caprile. “Enhorabuena. Somos maricas influyentes”. Eso era todo. Bueno, eso y mucha carcajada escrita.

A veces pienso en lo extraño que resulta cuando, en las redes sociales, en los correos electrónicos o en los sms, nos reímos. Me debato entre escribir un ‘jajajaja’ o un ‘ahaahahá’ o tirar de emoticono sonriente. Suelo optar por la risa con a, porque reír con e me suena a guarrete y hacerlo con í, a beata cotilla. Pero en cualquier caso, siempre se filtra la imagen de una persona circunspecta escribiendo la onomatopeya de la carcajada. Lo leí en El Mundo Today, que aunque sea un diario humorístico, a veces tiene más razón que la prensa de referencia. “El 92% de la gente que escribe ‘jajaja’ por Internet, no se ríe de verdad”. Ese era el titular.

Con el aturdimiento del que se despierta con la sensación de no haber descansado lo suficiente, hice el tour oficial de las mañanas: cocina-baño-cocina. Mientras buscaba el color de la cápsula de café que me hiciese juego con el día,  me percaté de las llamadas perdidas del teléfono y de un mensaje en el buzón de voz. Era de Toni Rubio, promotor y productor cultural. El mensaje decía así: “Acabo de ver en El Mundo que eres una de las personas más influyentes de España, la 30. Creo que hasta el número 180 ó 200, las personas más influyentes de cualquier lista no deberían dormir nunca. Y menos ahora. Un beso. Adiós”.

¿El Mundo? ¿Persona más influyente de España? ¿Yo? Será El Mundo Today, pensé. Frente al ordenador, busqué una respuesta a esos mensajes de buena mañana. Encontré un titular inquietante: “Los 50 homosexuales más influyentes”. En ese momento ya había decidido que el color de la cápsula de café iba a estar entre el morado del Arpeggio y el negro del Ristretto. Pero al intentar saber más descubro que Pedro Jota ya ha ‘reinventado’ el mundo de la prensa digital y si quiero leer la noticia completa, tengo que pagar. La cantidad es menor que si compro el periódico en el kiosko pero, sin un café en el cuerpo, mi cerebro reacciona con un tempo a lo Sara Montiel. O sea, que me vestí y salí a la calle.

En la calle Génova, en el kiosko que hay frente a la sede del PP, leí la portada. “Líder del PP y gay influyente”. El periódico, cumpliendo con el ritual de todos los años cuando llega el Orgullo LGTB, había sacado del armario a Iñaki Oyarzábal, secretario general del PP vasco. Mi primera reflexión fue: “Hombre, influir, lo que se dice influir, al menos en su partido, no parece que mucho”. A no ser que la idea matriz del PP sea el confinamiento de gays y lesbianas en campos de concentración y él lo esté evitando que, en ese caso, es muy de agradecer. Pero vamos, que el mismo partido político que no quiere entrar en debates nominalistas para hablar del rescate de España sí lo haga en el tema del matrimonio igualitario y tenga interpuesto un recurso a la ley en el Constitucional, aparte de apoyar las manifestaciones homófobas de determinados representantes de la iglesia, deja la influencia del señor Oyarzábal a la altura del bono basura. Pero claro, aún no hay agencias de calificación de influencias y por eso se salva.

Es verdad. Mi persona, con una foto sacada del Facebook, ocupaba el número 30 en la lista de los homosexuales más influyentes de España. ¿Que para qué sirve esa lista? En gran parte para que toda tu familia, vecinos, vecinos de tu familia y parientes lejanos se enteren de una vez por todas, si es que les quedaba alguna duda. Pero, sobre todo, para que durante una semana, más o menos, cualquier cosa que digas corra el riesgo que convertirse en un gag. Dices: “Me solidarizo con Sara Carbonero. Yo metería la pata aún más”. Y tus amigos te miran y contestan: “Me estás influyendo, me estás influyendo”, como si fueran una cinematográfica tribu africana frente a un territorio yuyu. Dices: “Sanidad debería emitir partidos de La Roja en todos los centros de salud y hospitales. Se ahorraría un pastón en anestesias”. Y todos reaccionan con un “¡me estás influyendo! ¡Ah, la influencia me quema! ¡Aaaah!” Y pongo cara de tío que escribe ‘jajaja’ en Internet, expresión de santa paciencia a lo Peter Griffin, y espero que el chiste acabe entrando en autocombustión para poder regresar, sin más jaleos, a la vida normal.

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  1. Carlos

    Lo que sea, Paco Tomás… pero enhorabuena 😛

  2. Pedro Javier

    Me encanta tu forma de escribir y la inteligencia que destilas. Te conocí a través de “La carnicería” y me sorprendiste en el programa “Música por 3”, y ahora me he suscrito a tu blog. No me extraña nada que los medios te consideren influyente. Un saludo

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