Los accesorios

Me gustan los accesorios. Disfruto mirando carteras, cinturones o fundas para portátiles casi tanto como comprándomelas. Siempre me detengo ante el expositor de pajaritas, corbatas y sombreros. Nunca me llamaron la atención los relojes. Es como si se la tuviese jurada al tiempo. Pero no solo me atraen los accesorios de moda. También puedo recrearme mirando fundas para el iPod, altavoces, bases dock y protectores para el iPad. Soy así. Opino que lo accesorio no significa innecesario. Puede que no formen parte del sistema pero nos hacen falta para desarrollar algunas funciones.

No me gusta el fútbol. No es una pose, es una verdad incontestable. Quizá lo tenga demasiado asociado a la infancia y al patio del colegio, instantes de mi vida que preferiría no haber tenido que sufrir nunca. No me gusta todo lo que rodea al supuesto deporte rey, no me gustan sus directivos y detesto el fanatismo de algunas hinchadas. Pero, por encima de todas las cosas, no me interesa.

Puedo ser barça-friendly porque me cae bien Guardiola y porque detesto la prepotencia del Real Madrid, que siempre me ha parecido un equipo de reminiscencias franquistas. Pero vamos, de ahí a ponerme una camiseta blaugrana va un mundo. O dos. Casi preferiría participar con mi madre en Quién quiere casarse con mi hijo. Bueno, creo que ahí me he pasado.

He llegado a ver partidos de fútbol en muy buena compañía y me he dejado contagiar por la emoción –tal vez el alcohol también tuviese algo que ver- para celebrar los goles como si me fuera la vida en ello. Eso sí que lo tengo. Soy capaz de adaptarme bien a mi entorno siempre que mi entorno no sea hostil.

Aunque me temo que jamás entenderé a la gente que se viste con las camisetas de sus equipos –para algunos es como llevar una camiseta de los Ramones pero yo no lo creo- y dudo que participe del fervor que hace que invadan la calle y vivan la victoria de un grupo de personas como si les hubiese tocado el Gordo de la Primitiva, empiezo a comprender que quizá el fútbol sea un accesorio perfecto para la autoestima del país. ¡No todo el fútbol, ojo! Únicamente la selección española, ‘La Roja’. La Liga solo sirve para enfrentar. Saca lo peor de nosotros mismos. Ni los jugadores ni sus seguidores saben despojar al deporte de sus fobias personales, territoriales y hasta ideológicas, y nadie podrá negarme que el currículum del fútbol está lleno de sangre. Comparado con el resto de deportes, es el que más muertes por fanatismo acarrea a sus espaldas. Algunas, sentenciadas como asesinatos.

Sin embargo, con ‘La Roja’ eso no pasa. No importa que rescaten a la banca, que nos rescaten a nosotros, que congelen las pensiones o que nos bajen el sueldo a cambio de ampliar la jornada laboral. Si juega ‘La Roja’, nada me afecta. Nada les afecta. Tú dales fútbol y el pueblo, como las gallinas a las que les apagan la luz para que pongan, creerá que solo tiene razones para sentirse orgulloso, aunque su aportación a la victoria consistiera en gritar desde la barra de un bar y soplar la vuvuzela, que no hay infierno lo suficientemente cruel para castigar a su inventor. Ganar sin esfuerzo. Algo muy propio de la cultura del pelotazo. No sé si es un buen ejemplo.

La Selección debería jugar cada semana. Que anulasen la Liga. Nos ahorraríamos mucho dinero, los clubes saldarían sus deudas con Hacienda, y, lo más importante, España recuperaría el ánimo, la autoestima, el optimismo. Así, por otra parte, estarían justificadas las primas que recibirían los jugadores por ganar. Ellos serían el elemento dinamizador de nuestro ánimo, de nuestro afán emprendedor y, por lo tanto, de nuestra economía. Y eso, se paga.

Mucho mejor verlo así que no como si el fútbol fuera “opio para el pueblo”. Cuentan los viejos que no he descubierto nada. Que eso ya lo hacía el tándem Franco-Bernabeu, que pronto se dio cuenta que mientras se celebraban los goles nadie cuestionaba la falta de libertad. Pero les digo que esa es la diferencia entre antes y ahora. Antes, el fútbol era analgésico. Ahora, es un libro de Bucay, es un chute de Prozac, es un Jes Extender, es un Wonderbrá, es un RedBull, es un superpoder, es la hostia.

Y va Del Bosque esta semana y la caga. El seleccionador nacional, con un discurso de jesuita, dijo que “hemos pasado de pobres a ricos muy rápido” y “no sabemos valorar lo que tenemos”. De esas palabras se destila que no siempre vamos a ser campeones del mundo. Que no siempre te va a ir bien en la vida. Que si te acostumbras a estar arriba, lo ves como algo lógico, y nunca estarás preparado para afrontar los sacrificios que conlleva estar abajo. Entonces, el tipo que se había comprado el Jes Extender se da cuenta de que dos centímetros tampoco son para tirar cohetes. El seleccionador desconecta nuestra fuente de energía.

Lo increíble del fútbol –o del cerebro español- es la capacidad que tiene de recomponerse tras la derrota. Si España es cabeza de grupo, no importa que también esté a la cabeza del paro en Europa. Lo primero es optimismo; lo segundo, pesimismo. Y este país necesita optimismo. Y mi cabeza gira 360 grados, como la de la niña de El exorcista. Es cierto que el pesimismo ha infectado a los medios de comunicación de izquierdas que creen que, alarmando, lograrán indignar a la población y que ésta provocará un vuelco electoral o un cambio de rumbo en las políticas de ajustes. Pero mientras juegue ‘La Roja’, eso no va a suceder. Y aunque el Gobierno desmienta todas las acusaciones tremendistas de la oposición, los hemos visto desdecirse tanto, cambiar de rumbo, ocultar información, que no nos creemos ni una de sus palabras. Pero mientras juegue ‘La Roja’, nadie se sentirá estafado. A ver si al final no vamos a estar tan lejos de lo que contaban los viejos.

Puede que el fútbol sea solo un accesorio al que nunca prestaré interés, como los relojes, pero, cuando veo a un hombre triste celebrar el gol de España, pienso que ese accesorio es necesario para desarrollar algunas funciones del sistema. Aunque solo sean esas que alimentan el entusiasmo y la esperanza. Claro que…hay drogas que provocan el mismo efecto. Bueno, dicen que el fútbol tiene menos efectos secundarios.

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Un Comentario

  1. Xose

    Pa´ que un pueblo ande, necesita fe. “Memorias del Futuro-la mala rodriguez!http://www.youtube.com/watch?v=Z4OpK5Wjabg

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