Sin Wertgüenza

Hay que tener un concepto tan absoluto de uno mismo, hay que ser tan impermeable al sufrimiento de los demás, hay que hacer del abuso un libro de estilo tan intolerable, hay que manejar el desprecio con una soltura tal que veo difícil que alguna vez comulgue ideológicamente con el señor Wert.

Recuerdo que un viejo amigo siempre decía que no había que fiarse de los calvos ni de los cojos. Nunca le hice mucho caso porque me parecía una apreciación un tanto espartana. Sin embargo, todos tenemos nuestro manual de la desconfianza. No es infalible –nos libre Dior de creer que nuestra verdad es absoluta y que todos nuestros desatinos son en pos de corregir la conducta desviada de una mayoría confusa- pero maneja sus propias estadísticas. En mi caso, no me fío de las personas que no saben sonreír. Eso no significa que tengan paralizados los músculos que nos permiten curvar la boca hacia arriba, como si se fuesen a reír. Lo que sucede es que, cuando lo hacen, su rostro adquiere una expresión escalofriante, como de psicópata, como si esa felicidad y alegría que se pretende transmitir con la sonrisa mutase hacia un escalofrío aterrador. Por eso no me fío de Marina Castaño, de Ana Botella, de Camps, ni del ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert. Busquen imágenes en internet de todos ellos sonriendo. Ya verán qué miedo.

No quiero decir que los recientes ejercicios de despotismo del señor Wert tengan su premisa en su incapacidad para transmitir con su sonrisa felicidad, confianza, alegría pero sí creo que es un dato importante para hacernos comprender a qué tipo de ser humano nos enfrentamos. Un ser humano de interior antipático, que no sabe usar la sonrisa como una habilidad social, que quizá pueda imitar la mueca cuando le invade cierto aire de superioridad pero no está acostumbrado a sonreír, por eso su rostro, en el intento, se descompone mostrando un gesto alarmante. Como le sucedía a Miércoles, la hija de la familia Adams, cuando la enviaban a aquel campamento de verano.

No me sorprendió todo lo que descubrí de Wert estas últimas semanas. Pero que no me sorprendiese no significa que no me indignase. Me indignó su modificación de la asignatura Educación para la Ciudadanía como me ofendió escucharle decir, con la superioridad de un autócrata, que las familias que no tienen recursos para afrontar la educación de sus hijos fueran una panda de mentirosos que preferían comprarse un coche de alta gama en lugar de pagar las tasas universitarias. Yo, que estudié becado porque el sueldo de mi padre nos llegaba justo para mantener a cinco de familia, me he tomado esa declaración del señor Wert como algo personal.

La vida se ve distinta con la billetera llena, ¿verdad señor Wert? Pues debería usted saber que el 60% de los trabajadores españoles no llega a mileurista. Esperaba de un ministro de Educación algo más que esa actitud de terrateniente sacado de Los santos inocentes que, por si usted no lo sabe, señor Wert, es una novela de Miguel Delibes. La película vino después.

Usted ofrece menos presupuesto, más alumnos por aula, más horas lectivas de los profesores, menos interinos, menos becas y subida de tasas. Yo, a sus datos de gestor de Monopoly, le enfrento un hecho real: Alex es un niño de siete años que todavía no sabe leer. A día de hoy, la psicopedagoga no ha podido estudiarlo porque se tiene que repartir entre ocho centros educativos.

Y luego, lo de Educación para la Ciudadanía, que usted prefiere llamar Educación Cívica y Constitucional. Dijo, señor Wert, que la aligeraba de “carga ideológica”. Creer que rechazar y condenar la homofobia es ‘carga ideológica’ me parece motivo suficiente para exigir su dimisión. ¿Quiere decir el señor ministro que hay asesinatos, acosos, violencia, humillaciones, que son justificables, menores, producto de una ‘carga ideológica’? Yo las únicas cargas ideológicas que he visto últimamente son las de la policía contra los manifestantes del 15M. Pero a esas no se refiere el señor Wert. El ministro, buen soldado del gobierno del eufemismo, maestros en llamar a las cosas con otro nombre –la masificación de las aulas ahora es socializar- da un rodeo lingüístico para no afrontar la realidad. Y la realidad es que, en este país, se sufre la homofobia. Me sorprende la valentía con la asumen los recortes, las medidas que según ustedes no les apetece tomar pero deben tomar, y la cobardía con la que se enfrentan a los problemas de la sociedad que van más allá de un ajuste presupuestario.

Hay que carecer de Wertgüenza para mirar hacia otro lado y abogar por una sociedad en la que un menor pueda ignorar que insultar, vejar, humillar, discriminar o agredir a otra persona por su tendencia sexual es, como mínimo, un déficit muy grave en educación cívica. Si eso es así, me atrevo a decir que usted no debería ser ministro de nada pero mucho menos de Educación. Sinceramente, le veo más presidiendo un club de fútbol. Porque un Gobierno que se niega a rechazar la homofobia y no actúa para impedir que se manifieste es un gobierno que atenta contra los derechos humanos. Así que, señor Wert, suspende usted Derechos Humanos. O lo aprueba en junio, que lo veo poco probable, o le queda para septiembre. Y rece -usted que cree- para que no fallezca un adolescente en un centro a consecuencia del acoso homofóbo, porque se convertirá, de por vida, en la asignatura pendiente de su conciencia. Eso suponiendo, señor Wert, que los recortes le hayan dejado algo de conciencia.

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  1. A bauduc

    No hay mejor manera de explicarlo, gracias

  2. Juan Ruiz

    A nivel personal considero al Sr. Wert como persona NON GRATA, por tanto no voy a asistir a ningún acto que él presida ni al que él acuda, no voy a tener ningún trato con él ni con ninguna organización que él presida o le de cobijo, no voy a leer periódicos que le den espacios, no voy a ver programas de televisión que lo inviten, etc…, mientras no pida perdón a todas las personas a las que ha ofendido con sus palabras nada de lo que este Sr. pueda decir me parece digno de ser escuchado. Y os invito a todos a que -de modo unipersonal- hagáis lo mismo.

  3. enhorabuena una vez más. y ya van…

    qué miedo da todo últimamente. y no sólo, aunque principalmente, esa pandilla que no sabe sonreír y que nos gobiernan…¿podrán pegar ojo por la noche?

    saludos!

  4. Na_mas

    Acabo de buscar a María Castaño sonriendo y me he quedado muerta: http://www.hoymujer.com/famosos/biografia/Marina,Castano,26098,02,2007.html
    La falsedad se muestra en la sonrisa, diga usted que sí! Y hay que ser falso y mal bicho para hacer lo que hace este señor.

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