Pedirán perdón

Hace tanto que dejé de creer en la capacidad redentora de la iglesia católica que, para mí, sus homilías, declaraciones o lecciones ejemplares tienen la misma autoridad moral que una opinión de Kiko Hernández, por poner un ejemplo al alcance de todos los coeficientes intelectuales.

Repito, porque ya lo he dicho muchas veces, que, para ser una empresa que basa su negociado en el amor al prójimo, con el colectivo lgtb se pasan los principios fundacionales de la empresa por el forro del hábito, que todo el mundo sabe, empezando por ellos mismos, que no hace al monje. De hecho, tengo la sensación de que les molesto más yo a ellos que ellos a mí, si no fuera porque en su afán por hacerme la vida un poco más difícil llegan a cotas que acaban indignándome tanto que, al final, entro en su juego. Y mira que me jode darles balones de oxígeno a quienes anteponen sus prejuicios a la dignidad del ser humano.

Sé que la iglesia católica no es el MOMA. De hecho, ni siquiera es el museo arqueológico. De hecho, ese lugar es bastante más vanguardista que el Vaticano. Pero, a pesar de no sorprenderme nada cualquier declaración inquisidora de la Iglesia, hay noticias que, de lo aberrantes que son, estremecen.

Hemos conocido que la sucursal holandesa de la iglesia católica castró a menores homosexuales en los años 50 para reprimir sus impulsos. Supongo que el autolesionarse no entraba dentro de las prioridades de esos sacerdotes pero, objetivamente, hubiese sido una opción mucho más beneficiosa para todos. La noticia es espeluznante porque entra en juego el miedo, la intimidación, el acoso psicológico,…las herramientas lógicas de esa Iglesia. Y la guinda envenenada de la noticia es que la comisión encargada de investigar los presuntos abusos sexuales a menores por parte de los integrantes de la iglesia, no habló de ellos en su informe por “falta de pruebas concluyentes”. Que digo yo que una castración es bastante concluyente y, supongo, que demostrable.

Creo que este desprecio de la Iglesia contra los homosexuales nace de la soberbia, pecado capital, que les impide hacer lo que realmente deberían haber hecho hace años: pedir perdón a los millones de homosexuales de todo el mundo a los que han humillado, vejado, ridiculizado, torturado, traumatizado, o, como cuentan en Holanda, castrado en nombre de…en nombre de nadie porque eso no tiene nombre. Puede que para la justicia el caso haya prescrito pero para su Dios, me temo que no. Y en ese caso, yo que ustedes no estaría nada tranquilo. A no ser que ustedes sepan algo que la mayoría no sabe y descubrirlo, a estas alturas, lo mismo les envía la empresa al garete, ahora que con la crisis pretenden aumentar plantilla.

Sé que lo acabarán haciendo. No les queda otra salida. Tal vez yo no lo vea, les recuerdo que tardaron casi 50 años en pedir perdón por su postura ante el genocidio nazi, pero lo acabarán haciendo: pedirán perdón. Pero habrá que tener la virtud de la paciencia porque las cosas de la iglesia van infinitamente más despacio que las de palacio.

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