El pantallazo azul de la muerte

Como en el cuento de la Cenicienta, el reloj marcó la diferencia. Camino de casa, crucé por la Puerta del Sol unos minutos antes de que el reloj, ese mismo con el que estrenamos los años con griterío, señalase las doce. Imaginaba que como en una de esas películas en las que el protagonista puede detener el tiempo, todo se iba a paralizar. Las personas, los coches, hasta el agua de las fuentes se iba a congelar, permanecerían estáticas ante mi asombro y disfrute.  Dieron las doce y se inauguró, cronológicamente hablando, el jueves.

Lo peor de la cotidianeidad es que acaba aburriendo. En el fondo, no hubo tanta diferencia como en el cuento. Si acaso, un ligero matiz. Digamos que la calabaza se convirtió en pepino; los ratones, en escorpiones y la madrastra,… esa siempre será madrastra. Era un jueves simplemente peculiar. Para algunos era mucho más que eso. Era un día que iba a marcar un antes y un después en la relación entre los gobernantes, los poderosos, los de la vida privilegiada, y el resto: los débiles, los empleados, la mano de obra, la herramienta que construye la vida privilegiada de otros. Vamos, que ese jueves, milagro.

Llevo meses más preocupado que escandalizado con todo lo que nos pasa. Por salud, he reducido el volumen de información diaria que me pueden suministrar y que mi organismo es capaz de asimilar sin quebrarse. He notado que España me genera ansiedad y por eso, intento marcar distancias entre la España que aparece en los telediarios y la España de mi entorno más inmediato. Eso no significa que viva como un ser displicente, ajeno a todo. Más bien, al contrario; me afecta tanto lo que nos pasa, me indigna tanto nuestra clase política, me escandaliza tanto como los mercados trafican con seres humanos, que o dosifico esa información o creo que acabaría lesionándome los nudillos contra los muros, como hacía el personaje de Juliette Binoche en Azul, para mitigar otro dolor mayor.

El milagro del jueves pasado se basaba en una huelga general cuyo objetivo era cambiar. Cambiar fórmulas, conductas, imposiciones, leyes. Sin embargo, el sistema operativo Guindos XP, el procesador instalado en este país desde el 20-N, provoca una pantalla azul cada vez que se menciona la palabra ‘cambio’. Pantallazo azul de la muerte. La gente con pc sabe lo que eso significa: es la pantalla que aparece en tu ordenador cuando no se puede recuperar de un error de sistema. Sabemos que la única solución a eso es reiniciar el sistema, perdiendo todo el trabajo no guardado, el estado de todos los programas que se ejecutaban en ese momento y poniendo en peligro la integridad del sistema de archivos. O sea, que puedes perder toda la información del disco duro. Algo que, popularmente, se conoce como una ‘putada’ y que algunos llaman ‘revolución’.

El Guindos XP aseguró que la huelga general no haría modificar un ápice la reforma laboral. Y lo peor es que le creo.

Vivimos bajo un sistema operativo que nos deja pocas opciones. O pantallazo azul de la muerte o sobrevivir con lo que tengas y como puedas. El gobierno, central o autonómico, se ponía todo serio cuando hablaba de garantizar el derecho de los españoles a acudir a su trabajo el día de la huelga. Más vale que acortasen la frase y se dedicasen a garantizar el derecho de los españoles al trabajo. Digno, para más señas. Precisamente algo que esta reforma laboral no solo impide sino que niega.

Pero al otro lado se levantaron consignas sindicales en un día en el que uno tenía la sensación de que se trataba de una campaña para intentar recuperar un prestigio perdido en conductas muy particulares (aún recuerdo unos señores que, envalentonados en piquetes informativos, insultaban, amedrentaban, intimidaban, pero que, a la hora de la verdad, fichaban a escondidas para que no les descontasen el día) y justificar, de alguna manera, su papel en este sistema. Nada deseo más que volver a creer en su papel pero esto no es como lo de los reyes magos; aquí no vale solo con la ilusión.

Nadie honesto y con un mínimo sentido de la justicia social puede estar a favor de la reforma laboral. Una reforma que abarata el despido e institucionaliza el trabajo precario con el argumento de ‘mejor un trabajo precario que nada’ es nuestro plato de lentejas, que si quieres las comes y si no, “te van a dar mucho por culo”, que expresaba gráficamente una señora, en el metro, el miércoles pasado. Pero nos asusta pensar que la salida a todo esto no tenga una respuesta pacífica. Pantallazo azul de la muerte. No sé si estoy dispuesto a correr el riesgo. Yo, de momento, he abandonado el pc y me he pasado a Mac.

 

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Un Comentario

  1. Antonio

    ¡Afortunado tú que tienes Mac,! ¡Je, je!. Habrá que capear el temporal según venga, no veo en éste momento otro camino que el adaptarse.

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