La Casa de la Portera

Cuando nuestra revuelta cultura popular piensa en casas encantadas, piensa en lugares sombríos, abandonados, espacios tétricos donde dar rienda suelta a los fantasmas del terror más gótico. Me atrevería a decir que desde que Tim Burton forma parte de esa cultura popular, las casas encantadas también pueden ser lugares llenos de color, diversión y emociones. Hoy, las casas pueden estar encantadas sin necesidad de fenómenos paranormales. Las casas pueden estar hechizadas de talento, inquietud, inspiración y arte.

Ayer se inauguró La Casa de la Portera, en Madrid. Tras una semana de previas y varias de ensayos, un piso bajo del barrio de La Latina se convirtió en el surrealista hogar de Iván y la familia Leyva en Iván-Off, la versión de Ivánov, de Antón Chéjov, que ha dirigido y adaptado José Martret.

Entrar en un portal castizo y avanzar, con la incertidumbre magnética con la que Alicia caminaba por la sala de las puertas, hasta el pasillo de La Casa de la Portera ya es una experiencia. Y girar la cabeza y descubrir que, tras de ti, se encuentra el maestro Josep Maria Flotats, acompañado por la actriz María Adánez, es la constatación de que hay que empezar a creer en ese lugar.

La Casa de la Portera seduce porque es mucho más que un espacio cultural; es un ser vivo. Alberto Puraenvidia y los cuadros de Roc Alemany, magníficas obras de teriantropía y surrealismo pop, han envuelto el lugar de detalles, de particularidades, que aparecen ante tus ojos como las alucinaciones de una droga elegante e inocua. La Casa de la Portera es la casa de Iván, el lugar en el que un hombre se consume en su propia apatía. Pero también es la casa de los Leyva, un matrimonio compuesto por Carlos, un hombre que prefiere diluir en vodka una vida amarga, y doña Bárbara, tacaña millonaria que, como todos los millonarios, considera el lucro una necesidad. Pero también será aquello que precisen los futuros habitantes –el dios Apolo quiera que sean muchos- que descansen su equipaje en ese lugar.

Si las casas encantadas fueran centrales energéticas, con lo que sucede allí cada noche que se representa Iván-Off podríamos alumbrar Madrid durante tres años. Veintidós personas rodean a nueve actores. La cuarta pared hace mucho tiempo que se derrumbó y ahora asistimos, en primer plano, al trabajo de actores y actrices en estado de gracia. El pudor inicial que te producen sus miradas, sus palabras, rompiendo esa distancia de seguridad que nos acota y que solo dejamos invadir en la intimidad del afecto, se transforma en voyeurismo emocional cuando comprendes que tú, sin pretenderlo, formas parte de esa historia. Pocas veces un reparto está tan cohesionado, tan a favor de obra, como en este montaje. Y sé, porque le conozco, que gran parte de ese mérito es obra de José Martret. Pero es que es tal el nivel de los nueve actores –Raúl Tejón, David González, María Salama, Roberto Correcher, Javier Delgado, Maribel Luis, Rocío Calvo, Germán Torres y Cristina Alarcón-, es tal su entrega, es tal su honestidad, que siento que mis aplausos no son suficientes para agradecer su regalo. Ayer, supongo que borracho de emoción porque aún no me había bebido la copa de vino con la que se celebró el estreno, pensé en voz alta que me había gustado tanto la representación que les haría el amor a todos. Inmediatamente me arrepentí de semejante fanfarronada y me terminé la copa. Ahora que lo pienso, antes de entrar en La Casa de la Portera, me tomé dos vinos con Màxim Huerta, que también vino al estreno. Lo mismo fue eso. Mucho mejor echarle la culpa al alcohol. Eso siempre funciona.

Quizá esta casa también esté, a su manera, hechizada. Los hechizos mezclan ingredientes singulares que acaban creando pócimas con propiedades increíbles. Aquí la portera ha cocinado con talentos. Además de todos los que ya he mencionado, la fotografía de Jesús Ugalde y el dibujo de Pi Hortelano para los carteles, la ambientación musical de Antonio Martín y los indispensables puntos de vista de Cristina Fenollar y Luis Luque, han contribuido a hacer más grande el maravilloso espectáculo del teatro. Por cierto, a todos aquellos que me preguntan si Raúl Tejón aparece en la obra tal y como luce en el cartel de Jesús Ugalde, la respuesta es no. Raúl hace algo mucho más difícil que desnudarse; da cuerpo y voz a la tristeza vital, al hombre que se quiebra cuando aún debería transpirar ilusión, al desconcertante vacío del ser humano acorralado, quizá, por la crisis, los mercados, los recortes y el maldito miedo que nos hace vulnerables y maquiavélicamente manipulables.

“Habéis conseguido lo imposible; que un ojo esté llorando mientras el otro, ríe”. Así definió Josep Maria Flotats lo que acababa de ver. Rescatar el humor ruso que se filtra entre las palabras y situaciones que escribió Chéjov y que los directores suelen pasar por alto para cargar las tintas en el drama. Pero no voy a seguir contando nada más. Tienen que verlo, sentirlo, ustedes mismos. Eso es el teatro. Es instante. Y perdérselo es renunciar voluntariamente a la emoción.

 

Anuncios

  1. La obra estoy deseando verla. Pero lo que sí puedo decir ya es el placer que provoca leer textos como éste.

  2. Por fin.n.n.n. pura y dura droga . de corazon deseo poder asistir

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: