“La alegría es nuestra venganza”

Es como vivir en el quinto acto de Hamlet. Cualquier cosa que hagas, que digas, que defiendas, es susceptible de venganza. Así es la especie humana. Sus miserias no fueron un descubrimiento dramático de Shakespeare. Ni de Sófocles. Ahora, que se ha logrado secuenciar el genoma completo de Ötzi, el individuo congelado hace 5.300 años, hemos descubierto que murió asesinado. Que tuvo una pelea, posiblemente con otro ser humano, que acabó hiriéndole en la cabeza. Ötzi huyó del lugar y, a mitad de camino, puede que de regreso a su hogar, se detuvo a comer algo. En ese momento, una flecha atravesó su tórax, provocándole la hemorragia que le mató. Creo que esa flecha fue disparada desde la venganza. Hemos logrado estructurar la secuencia de un asesinato que sucedió hace millones de años y no hemos logrado progresar, como especie humana, ni un centímetro. Tenemos la inteligencia pero el instinto, un pauta de comportamiento mucho más primitiva y descriptiva, puede más.

Algunos cuentan que desde las elecciones de 2004, aquellas que ganó Zapatero o, más bien, perdió el PP –en este país no se ganan elecciones; se pierden-, el Partido Popular mascaba la venganza. Salir del gobierno con la letra escarlata de la mentira y la manipulación bordada en la solapa empobrece y deslegitima. Duele mucho y ofende. Sobre todo cuando se destapa la verdad, lejos de las literarias teorías de la conspiración que a tantos blogs nutren. Fueron muchos años de anhelar el regreso, cual Gollum acariciando su “tesoooro”, a un lugar que consideraban, de verdad lo consideraban, arrebatado.

Algunos cuentan que todo lo que estamos viviendo en estos días no es más que una flecha dirigida a nuestro tórax. Es la venganza, perfectamente elaborada y con la complicidad histórica de una crisis económica, de aquellos que, en el fondo, están dando salida a un instinto, desgraciadamente, muy humano. Ahogar en reformas laborales, predisponer a la opinión pública contra RTVE, la cultura, los funcionarios para poder manejar a su antojo los restos del naufragio, colocar a la mujer del presidente humillado en la alcaldía de Madrid, hacer que los más débiles paguen la ambición y el despilfarro de los poderosos, sumergir al país en un desolador estado de depresión, de tristeza, de miedo, es su mejor venganza.

Yo me burlaba de esa teoría, aunque aplaudía su genialidad dramática, como quien aplaude los viejos guiones de David Mamet. Ahora ya no me atrevo a aplaudir.

Intentando desprenderme de esa sensación de vacío que nos seca la boca, me acerqué hasta la librería La buena vida, un espacio de cafés, copas y libros que la familia Trueba tiene en Madrid, a cuatrocientos golpes del Teatro Real, para asistir a la presentación de la última novela, póstuma, del escritor Félix Romeo. Los que me conocen saben que Félix fue quien entró en un despacho de RNE y dijo que La Transversal era un programa que debía dirigir y presentar yo. Y así fue durante tres años. Félix era un gran tío, en todas las acepciones de la palabra ‘gran’.

Allí se presentaba Noche de los enamorados pero, realmente, era una reunión de amigos que echaban de menos a su amigo. Fernando Trueba servía copas en la barra, Eva Amaral y Juan Aguirre escuchaban atentos en un rincón, Lara López secaba sus lágrimas tras una columna y David Trueba interpretaba un obituario cómico, como le prometió a Félix que haría el día que muriese y que la tristeza de ese momento le impidió cumplir.

Fue allí donde escuché a la escritora Aloma Rodríguez repetir una frase del también escritor Luis Alegre; una frase que pronunció durante la presentación de Noche de los enamorados en Zaragoza, la ciudad de Romeo. Luis dijo: “Cuando la vida se pone imposible, la alegría es nuestra gran venganza”.

Sé que hay fórmulas químicas más accesibles que la alegría. Y más en estos tiempos envueltos en papel de lija. Pero si no podemos renunciar a la venganza porque somos, en el fondo, biología de hace cinco millones de años, vamos a hacer de la venganza, progreso. Vamos a ser felices. Vamos a estar alegres porque nuestra alegría es su desconcierto. Vamos a amarnos, a besarnos, a querernos, a ayudarnos. Vamos a reírnos. Que nuestra alegría atraviese el tórax de aquellos que quieren vernos desprotegidos, tristes, débiles. Estoy en ello. Aún no tengo del todo planificada mi venganza feliz. Solo espero que, cuando me tiemblen las rodillas, un libro de Félix Romeo se caiga de mi librería, como sucede en las películas con poltergeist, y entonces recuerde que la venganza es un plato que se sirve…con una sonrisa.

 

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Un Comentario

  1. Javi Giner

    BRAVO TÚ.

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