Las series de mi vida. Toma V

39.- DALLAS

Los Ewing fueron los primeros. Antes que los Carrington, que los Channing y, desde luego, que los Cortázar. Sus intrigas familiares, que siempre son las mejores intrigas, nos ayudaron a sedar el incontrolable sentimiento de proletariado que a la mínima de cambio se nos dispara y monta una lucha de clases en menos que un empresario de la CEOE nos manda a trabajar a Laponia. Gracias al placebo de que el dinero no daba la felicidad (Mafalda contestaría “por eso quiero ser millonaria, no feliz”) nuestras neuronas se solidificaron y empezamos a ver a los ricos como unos tipos entrañables que también sufrían.

Fue un producto muy de los 80. Y no me refiero a los jeans ajustados del capataz ni a los modelos indescriptibles de Lucy, sino a que realmente revolucionó la televisión dejando a un lado el melodrama de las familias humildes para adentrarse en las miserias de los poderosos. Aquella era una sociedad en crisis, como la actual, y ese tipo de contenidos servían de inhibidores a la rabia y la acción. Ver a los ricos matarse por las acciones de la industria petrolera nos permitía olvidar, por un momento, nuestras miserias. Pura evasión. Exactamente igual que sucede ahora. Es lo mismo que hace Callejeros o Comando Actualidad cuando se mete en la vida de pijas adictas al feng shui o supermillonarios más preocupados por la salud de su mascota que por la dignidad laboral de sus empleados. De hecho, Carmen Lomana es un producto de la crisis. Sin ella, difícilmente hubiese encontrado un hueco en nuestro famélico star system.

De la serie, que tuvo 356 episodios, yo solo recuerdo claramente la cabecera. Me encantaba que fuera una “a Lorimar productions” y yo me imaginaba a esa tal Lorimar como una chica estupenda, muy cardada, rubia y de traje chaqueta. La realidad nunca está a la altura de nuestra imaginación. La pantalla del televisor se dividía en tres y allí aparecía JR, interpretado por Larry Hagman en uno de esos personajes que te da la fama universal pero en el que, seguramente, te estás cagando el resto de tus días; la madre, el padre, el pelazo de Patrick Duffy que le hacía demasiada cabeza pero, en aquellos años, era el prototipo de masculinidad,  la sobrina, esa Lucy, un personaje muy desaprovechado; Victoria Principal,…No entiendo por qué el capataz del rancho nunca salía en los créditos iniciales. Quizá para evitar que toda una generación de niños ‘sensibles a la belleza’ le diera por ir a buscar fortuna a Texas.

Reconozco que también recuerdo aquel capítulo en el que disparaban a JR y se acababa la temporada. Y es que Dallas inventó los cliffhangers, esos ‘ganchos’ finales que te dejaban ansioso hasta el episodio siguiente. Eso que algunos creen que es mérito de Lost, pues no. Otro mérito de la serie fue matar a un personaje y revivirlo después, empleando el sueño como excusa. Eso abrió la caja de Pandora de los argumentos y los giros de guión.

Pero un párrafo especial se merece la mujer de JR, Sue Ellen. Cualquier secuencia en la que apareciese ella sirviéndose una copa y pasando luego un dedo por el borde del vaso se convertía en un acontecimiento. Tanto nos impactó Sue Ellen que prácticamente toda mi generación tuvo alguien en su panda de amigos al que denominaron Sue Ellen por su afán desmedido por el alcohol. Cuentan que David Jacob, su guionista y director, contactó con Linda Gray, la actriz que interpretaba a Sue Ellen, después de verla encarnar a un transexual en una comedia. Ya solo por eso, me gusta.

 

38.- RAÍCES

Posiblemente, una de las series favoritas de mi madre junto con Anillos de oro y Teresa de Jesús. Quizá por eso forma parte de mi vida. No tanto por gustarme a mí como por lo mucho que le gusta a ella. De hecho, no la vi completa hasta muchos años después, cuando mi madre se la compró en VHS.

La primera reacción tras ver Raíces, una serie de 1977, es que El color púrpura, Norte y Sur o Arde Mississippi están bien, o muy bien, pero ya no te impactan de la misma manera que lo hizo esa serie. Para muchos de mi generación, fue la primera vez que nos enfrentamos al espanto de la esclavitud, al terror del racismo, a la crueldad de la raza blanca. Y lo hacíamos a través de la tele.

Recuerdo que se emitía los domingos por la noche; un día y a una hora que, en mi vida, solo destila malos recuerdos. Los domingos por la noche significaban la clausura del fin de semana y el regreso insalvable al colegio, el lugar en el que el acoso escolar no estaba tipificado y simplemente eran “cosas de chiquillos”. Pero no me voy a poner melodramático ahora, que no viene a cuento. Yo no lo veía porque Raíces tenía dos rombos como un sujetador de esos talla 120, así que mis padres nos mandaban a la cama. Luego, al verla completa, no entendí muy bien de qué nos protegían esos rombos. Me dicen que la serie emitió los primeros desnudos. No me acuerdo. Mucho no debieron impactarme. Y un desnudo frontal de un negro impacta. Y más a esa edad y con esas dudas.

Aún hoy está considerado uno de esos mitos de la historia de la televisión. Mi madre hasta se compró el libro después de ver la serie. Justo al revés de lo que hacía la mayor parte de la gente en esa época, que era comprarse el libro para colocarlo en el mueble del salón y no abrirlo jamás y luego ver la serie, o la película, para argumentar que lo habían leído. Recuerdo a Kunta Kinte (ese nombre forma parte de nuestra cultura popular) y no olvido aquella secuencia en la que él defendía su nombre mientras el capataz le azotaba para que aceptase que, igual que tenía un amo, ahora tenía otro nombre: Toby.

 

37.- LA ESCOBA ESPACIAL

La escoba espacial se titulaba realmente Quark pero no me acordaba de eso. Ni siquiera me acordaba de que debía ese nombre al capitán de la nave, Adam Quark, interpretado por el actor Richard Benjamin, que siempre me pareció que tenía cara de madelman. Pero sí recuerdo que me divertía mucho viéndola todas las tardes, que esa mezcla de ciencia ficción y humor conectó con esa mente mía que ya empezaba a ser una olla a presión.

Nunca he sido de Star Trek. Yo era más de Star Wars, pero tampoco un fan desbocado de la saga. Y lo que siempre me hizo gracia fueron las parodias basadas en la ciencia ficción. Por eso La escoba espacial, esa serie que contaba las aventuras de la United Galaxy Sanitation Patrol –o sea, un camión de basura espacial- y esa tripulación imposible, me ganó desde el episodio uno.

Había un personaje fascinante que me gustaría recuperar hoy para poder valorar exactamente cómo estaba tratado, ya que con el paso del tiempo creo que solo he conservado un recuerdo quizá muy idealizado. Era el ingeniero de la nave, un personaje con genes masculinos y femeninos llamado Gene/Jean. Recuerdo que el personaje, apuesto y decidido, tenía unos arrebatos de femineidad, siempre relacionada con la cobardía y la coquetería, en los momentos más inoportunos que conducía directamente al gag. A mí entonces me gustaba pero tendría que volver a verlo para redescubrir si era un personaje atrevido para la época o simplemente un rol con ramalazo al estilo arévalo.

La nave tenía muchos más personajes, como Betty 1 y Betty 2, que eran unas gemelas clónicas que ahora no llego a recordar si además estaban unidas por el hombro, y un robot que si lo vemos hoy nos parecerá entrañable mientras que a un chaval de 15 años le parecerá, directamente, una mierda.

El jefe de toda esta misión, y que tenía tremendas migrañas cada vez que el capitán Quark pasaba de recoger la basura y se enfrentaba al espacio como si fuera Han Solo, era una gran cabeza, sin cuerpo, llamada Palindrome. Ese cráneo, desproporcionado, nos sirvió a todos los de mi curso escolar para bautizar al tutor de nuestra clase. Don Alfredo, era el profesor; Palindrome, el mote que le marcó durante cursos enteros. Don Alfredo tenía una cabeza grande y una cara poco atractiva. Y además, nos reprendía con la misma intensidad con la que su alter ego televisivo reñía al capitán de la nave. La diferencia es que don Alfredo no me hacía ni puta gracia. Y eso que era profesor de lengua, una de mis asignaturas favoritas.

 

36.- FORTUNATA Y JACINTA

Creo que de todas las series que he comentado en estas actualizaciones, es la única que me compré. En VHS. Creo que aún las conservo, en casa de mi madre están. A veces he pensado en que debería volver a comprármela, en DVD, pero me falta el impulso.

Mi relación con la miniserie de TVE, Fortunata y Jacinta, está directamente ligada a unos años de mi vida en los que era fan total de Ana Belén. El año del estreno de Fortunata y Jacinta, había sacado al mercado el disco Ana, y yo, con mis ahorros, me compré el single Agapimú. Luego, cuando logré el dinero necesario para el l.p., me acerque hasta MF, la tienda en la que adquirí la mayoría de los vinilos que hoy tengo, y me compré el larga duración.

Era tan fan de Ana Belén que coleccionaba las fotos que de ella encontraba en las revistas. Iba a todos sus conciertos, me grababa sus actuaciones en televisión, compraba entradas para sus obras de teatro, por supuesto que tenía (tengo) toda su discografía y, como era de esperar, si Ana Belén protagonizaba una serie de televisión, allí estaba yo. Muchos, pero muchos años después, haciendo prácticas de periodismo en Mallorca, me encontré con ella, de frente, en el aeropuerto. Pero esa…es otra historia.

La serie, de diez capítulos, estaba dirigida por Mario Camus y, como todos sabéis, basada en la novela de Benito Pérez Galdós. Ana Belén interpretaba a una Fortunata estupenda que le robaba plano, protagonismo y hasta hombre a Jacinta, una correcta Maribel Martín. Pero si hay algo espectacular en esa serie son los secundarios. Es un lujo ver ese reparto apareciendo en la serie e iluminándola de talento. Recuerdo a María Luisa Ponte, Manuel Alexandre, Fernando Fernán Gómez, Francisco Rabal, Mary Carrillo, Berta Riaza,…Eran nuestros cómicos. Inmensos.

La música de Antón García Abril ya me enternecía con solo escucharla. Como no podía ser de otra manera, yo estaba con Fortunata, con la mujer pobre que se enamora perdidamente de un cabrón; con la mujer que tiene que sobrevivir y, para hacerlo, tiene que morder. No han cambiado tanto los tiempos si naces en escasez.

Ojo, Pilar y Cristina Torres, o sea Bea y Desi, en Verano azul, hacen aquí dos papeles pequeñitos. Para esos a los que les gusta escudriñar las series. Y para los amantes de lo kitsch, la pelea entre Fortunata (Ana Belén) y Mirtha Miller, que ahora no me acuerdo de quién hacía pero era bien cotilla y bien mala, es memorable. Es verdad que las de Kristel y Alexis en Dinastía también eran buenas pero esta es una pelea nacional. Y como se pegan dos madrileñas de barrio del siglo XIX no se sacuden dos americanas pijas.

Ese año, Ana Belén se llevó todos los premios, desde el Fotogramas al TP de Oro, y la serie se vendió a Francia, Italia, Argentina, República Checa,…

Si alguien no la ha visto, en la página web de TVE puede verse enterita. Y la verdad, aunque es una serie con otro ritmo, basada en una novela clásica, el resultado es magnífico. Para que luego digan que el presupuesto no es importante.

 

35.- EL SHOW DE BENNY HILL

Es la materialización absoluta de la caspa, del sexismo, del humor baboso, pero todos los veíamos. El show de Benny Hill se marcó en nuestro inconsciente colectivo con mujeres que parecían sacadas de la imaginación de Russ Meyer (con bastante menos pecho, la verdad) y perseguidas por un viejo calvo que corría tras ellas, a ritmo de cine mudo, mientras escuchábamos una musiquita inequívocamente humorística. De hecho, en la radio, basta que pinchemos esa sintonía para situar a los oyentes en el absurdo, en el humor grueso, en la broma. Pocas músicas han logrado convertirse en emblemáticas de un género como lo ha logrado la de Benny Hill.

Por cierto, el cómico no se llamaba Benny Hill pero para nosotros, ese era su nombre. Durante los 80 introdujo su humor en España, con bastante éxito. Era curioso que aquellos que aplaudían a ese personaje y su humor basado en la teta y el culo, despreciaban el cine español porque lo consideraban una “españolada”. Y, en el fondo, Esteso y Pajares eran nuestros Benny Hill.

Creo que Telecinco reestrenó la serie, en los 90, pero sospecho que este país había madurado y si bien miraba a la serie con nostalgia, no obtuvo el éxito que sí logró en los 80.

Sin embargo, por muy machista y casposa que pueda resultar la serie vista hoy, no estoy nada de acuerdo con la decisión de la BBC de retirar la serie de su web. Es ficción y aunque el espíritu machista que la inspiró no se ajuste a la nueva mentalidad británica (de eso podríamos hablar largo y tendido; que soy de Mallorca y conozco Magalluf), nada justifica censurar la libertad de creación. Sería tan peligroso como censurar el sketch de Martes y 13, ese de “mi marido me pega”, por ser políticamente incorrecto en la actualidad. El humor también es historia. Y antropología. Saber de qué nos reíamos ayuda a conocernos mejor.


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  1. E-Julian

    Sr. Paco Tomas, en referencia a “la Srta. Lorimar” tengo que decirle que tuvo muy mala vida… Primero se caso con un mindundi llamado Telepictures, pero no fue un matrimonio demasiado largo y duradero, y al final acabaron explotados por un gigante como Warner Bros, que como un banco se quedo con todo lo que tenían y siguen explotándoles en la actualidad, En cuanto a lo de que el capataz (Ray -¿of light?) no salía en los créditos de Dallas, se equivoca, salió desde la primera temporada hasta que le mandaron a Europa en la temporada 11 (¿a que audaz guionista se le puede ocurrir enviar a un cowboy a Paris?)

  2. sam

    De Quark no me acuerdo, me pillaría trabajando….¡qué suerte! pero si de Dallas, que enganche, mi favorita… ¡hás vuelto a beber, Suhelen!!!!
    y Fortunata y Jacinta…., con esta me enamoré de Ana Belén (todavía me dura) ¿qué te pasó cuando te encontraste con ella en Mallorca? jooooooo!!!! ¡Cuenta, por favor!!!
    Me encanta Wisteria, enhorabuena
    Sam

  3. Jajajajjaa, no es nada importante Sam. Ya sabe que lo que me gusta es generar expectación. Pero ya lo contaré, ya…Gracias por leerme y comentarme

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