Nuestro ‘follies’

Como Phyllis y Benjamin, personajes del musical de Sondheim, todos deberíamos tener nuestro follies, nuestra revista al final del día. Ser las coristas de nuestras desdichas, ponerle tocados de plumas a los sueños rotos y picardía al desencanto. Llegar a reírnos de nuestras desgracias aunque solo fuera por un instante; el tiempo justo para romper en mil pedazos la realidad y poder, después, conciliar el sueño.

Eso pensé tras salir del Teatro Español donde Mario Gas ha estrenado su versión de Follies, un musical de 1971 con libreto de James Goldman y música y letras de Stephen Sondheim. El montaje rinde homenaje a las coristas de los espectáculos de variedades que triunfaron en Nueva York en la primera mitad del siglo XX. Y ahora, en esta época áspera e intoxicada, se monta por primera vez en España y creo que no hubo mejor momento para hacerlo. Si ahora necesitamos algo de verdad, eso es ilusión, entretenimiento, cultura, evasión. Todo eso es Follies, sin olvidar que, en el fondo, estamos ante una reflexión amarga sobre el paso del tiempo, sobre quienes soñamos ser y quienes somos. Pero, como el teatro donde se reúnen los personajes de la función, ese lugar que al día siguiente será derribado para construir un parking, algo nos dice que sobreviviremos. Aunque solo sea nuestro espíritu el que lo haga.

Veo, en el canal 24 horas de TVE, un reportaje en el que una pija adicta al feng shui hace una entrevista de trabajo a un matrimonio filipino para que trabajen en su casa. Sus exigencias imposibles, que si los cojines tienen que estar orientados de una manera y no de otra, la colocación intransigente de los muebles, el hecho de que solo puedan pasar el aspirador cuando ellos no estén en casa, me hacen pensar en la necesidad que tiene esa mujer de un follies en su vida.

El follies de la pija: Esta pija, tan ‘espiritual’ pero tan insolidaria con otros seres humanos más desfavorecidos, se colocaría encima de la escalinata iluminada que todo buen espectáculo de variedades debe tener. Vestiría con las prendas en perfecta armonía de colores y estampados. Muy feng shui. Un buen cuerpo de baile masculino, compuesto por señores de la CEOE, encabezado por  el señor Feito, repartidos por todos los escalones y moviendo la cadera y la chistera al compás de algún ritmo sami. Y cuando la pija feng shui comenzase a descender por la escalera, sin mirar al suelo, como hacen las auténticas vedettes, la luz se apagaría. El estrépito y los gritos podrían anunciar una catástrofe. Pero no. Aquí lo único realmente catastrófico es que alguien se guardó el dinero en el bolsillo, pagando comisiones para edificar aeropuertos sin tráfico aéreo, y luego se encontraron con que no había dinero para pagar la factura de la luz y, claro, te la acaban cortando. La luz, se entiende.

 

 

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Un Comentario

  1. … a todas ‘ellas’ …

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