Sintomatología ibérica

España es hipertensa. Tenemos épocas, las menos, en las que nos ponemos a plan; apartamos el colesterol de nuestros comentarios, reducimos las proteínas del acaloramiento, dejamos de llenar de nicotina los pulmones de nuestra democracia e intentamos poner más corazón en lo que hacemos. La dieta y la vida sana nos debe aburrir tanto que rompemos el tratamiento en menos que canta un telediario. Nos instalamos en la crispación, en el ataque, en el enfrentamiento. El problema es que, como sucede con las personas que tienen la presión arterial alta, nos estamos acostumbrado a ella, como si fuera algo normal. Y no lo es. Es una enfermedad.

España está enferma. Nuestra sangre está contaminada de jueces partidistas, de políticos corruptos, de espantosos gestores, de fondos de reptiles, de banqueros ambiciosos, de religiosos nada piadosos, de cazas de brujas y, por si corríamos pocos riesgos con eso, además, un Foro de la Familia. Campan por el organismo nacional sin que haya facultativo capaz de poner un tratamiento.

La España que retrató Valle-Inclán en Luces de bohemia tenía un historial médico muy similar al que padecemos hoy. La hipertensión es una enfermedad hereditaria. Aquel era un país convulso, lleno de tensiones sociales, donde los diversos polos ideológicos se iban agrandando y repeliendo mutuamente. Como leo en el programa de mano de la versión teatral que ha puesto sobre el escenario del Centro Dramático Nacional el actor Lluís Homar, “en la memoria de todos nosotros están las consecuencias de todo eso”. Es tremendo comprobar que de 1920 hasta hoy, no hemos cambiado tanto. Débiles de salud. Nuestra democracia está entrando en una especie de esclerosis económica que afecta a todos los órganos. Especialmente a los vitales.

Esta semana, por poner solo un ejemplo del cuadro clínico en el que habitamos, el Foro de la Familia le pedía a su Partido Popular que derogase la ley del matrimonio igualitario, que no esperase a la sentencia del Tribunal Constitucional. Total, ¿para qué? El Foro se pasa por el forro la libertad y las instituciones democráticas. Ese tipo de actitudes, cargadas del abuso que da una mayoría absolutista, provocan altos niveles de colesterol en sangre. A la vez, el poli bueno, Gallardón, dice que no ve nada de inconstitucional en la ley. Los polis malos, desde su mismo partido, le desautorizan. Supongo que Valle-Inclán, si pudiera, les dejaría mirarse en los espejos deformantes de la concepción emocional e ideológica en la que han (hemos) sido atrapados.

España es hipertensa y padece leucemia en su ética. Me cuentan que el PP se frota las manos cuando piensa en el día en el que, por fin, entre en RTVE. No sé por qué me lo cuentan, pero lo hacen. No quiero que me inoculen el miedo. Eso me haría más vulnerable de lo que ya soy. Procuro hacer caso omiso a los gritos que alertan de la llegada del lobo. Sobre todo porque, hace meses, 10.830.693 españoles abrieron las puertas del corral. Intento reflexionar sobre lo que vivo, lo que veo, más que hacer conjeturas sobre lo que me cuentan. El procedimiento es distinto pero la conclusión no varía mucho, la verdad. A veces, incluso empeora. “¿Han quitado ya el programa?”, me preguntan unos. “¿Habéis empezado a notar ya los cambios?”, curiosean otros. La respuesta es no, pero yo ya no sé qué contestar. Mientras, una tertuliana aboga por los trabajos precarios porque “al menos, son trabajos”. No se cuestiona que las personas puedan cobrar un sueldo digno por un empleo porque, según ella, esos empleos, en España, ya no existen. La clase política no parece haber renunciado, todavía, a ninguno de sus privilegios cuando usted ya tiene que empezar a renunciar a sus derechos. Mientras, un tipo paga casi 70.000 euros para entrar en Gran Hermano y a la primera semana, ya estaba nominado. Quizá tengamos los políticos que nos merecemos.

Con respiración asistida, regresamos a casa. Según salía de la boca del Metro, en plena calle Génova de Madrid, donde se alza la sede del PP, noté que se iba materializando, ante mí, un anuncio expuesto en una marquesina. A medida que subía las escaleras rumbo a la superficie, los malos pensamientos se debilitaban y la imagen de David Beckham, como la estrella invitada de un peepshow, cobraba presencia. Al principio solo veía su cabeza pero, en pocos segundos, voy descubriendo sus tatuajes y su torso desnudo hasta llegar a su calzoncillo, una prenda que él mismo ha diseñado para H&M. Sonrío por primera vez en todo el día. Y pienso que al final de la subida, por muy altos que sean los escalones, siempre hay una recompensa. Tiene que ser así. Y si no es así, no me lo cuenten. No quiero saberlo.

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Un Comentario

  1. como me gustaría expresarme mejor

    hace mucho que quise enterrar la sardina y al príncipe de maquiavelo, sí a ese que nos dijo que para dominar la masa hay que asustarla y una vez acojonada proponerle una solución, ya sea mística o política y si las cosas no se arreglaban dar mas miedo para que uno tomase mas dosis de religión o de mala política. El caso es que el miedo es siempre muy eficaz para los maquiavelos ya sean religiosos o políticos.

    Yo los entierro a besos, porque si ni la gripe del cerdo evitó que nos besaramos y con solo pronuciar dos números “treinta y tres” y “setenta y siete” me surge una sonrisa (no puedo evitar sonreir al pronunciar esas letras) no hay miedo ni partido que me resista.

    No el miedo paraliza y no hay cinco millones de parados sino de desempleados y no creo que este sea un país de miedosos.

    Dice que tenemos los políticos que nos merecemos, y vaya si que nos merecemos pocos. Yo creo que unos políticos que mientan menos, que no dominen la justicia y que sean mas sinceros, si nos los merecemos. Vamos que unos políticos que crean no solo en el matrimonio igualitario sino en los derechos igualitarios, nos merecemos. Y si alguien dijo ser el partido de los trabajadores y al ganar dijo que gobernaría para todos, y de pronto algunos no somos todos, no debemos de tener miedo y recordarles que nosotros los pusimos ahí no para dar miedo sino para quitarnos el miedo. De entrada podrían quitarnos el miedo a los políticos a base de sinceridad, sentido común e igualdad.

    Si siempre hay motivos para una recompensa, o una sonrisa, ya sea escuchando cierto programa de radio cinco o radio tres.

    Entre tanto quiero hacer un regalo a todos los que lean o no lean esto. Dos palabras que a mi me han abierto muchas puertas en la vida: TIRE Y EMPUJE

    UN MILLON DE BESOS SIN MIEDO Y CON SORISA ENOOOOOORME

    post escritum, yo no temo que levanten Wisteria, porque podrán demoler una urbanización radiofónica, pero jamas un pensamiento transversal sin miedo. GRACIAS.

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