¿Quién escribe la Historia?

¿Quién escribe la Historia?, nos pregunta Helena de Troya en el magnífico monólogo “Juicio a una zorra” que se está representando en el Teatro de la Abadía de Madrid. Un texto de Miguel del Arco que ya nace con vocación de clásico y que está interpretado, durante una hora, por una Carmen Machi absolutamente grandiosa. Lo que hace esa mujer sobre un escenario es puro virtuosismo interpretativo. Sobrenatural. Tuve la oportunidad de asistir a ese espectáculo de emociones, y casi justicia mitológica, el pasado miércoles.

Llegaba de una semana de debates políticos que hicieron más pequeño y vulnerable a mi corazón. Llegaba de una semana de impotencia ante discursos que reclamaban un cambio pero no sabían decirme de qué. Tal vez es que de lo único que vamos a cambiar sea de gobierno. O de partido en el poder. Pero poco más. Llegaba de una semana contradictoria en la que, a mí, me sucedían cosas estupendas pero eso no me impedía sufrir la realidad. Llegaba de una semana en la que la realidad estaba empezando a tornarse sepia, como una foto vieja. Llegaba de una semana que anunciaba cielos nublados y precipitaciones.

Y, de repente, me veo frente a Carmen Machi interpretando a la mujer más hermosa del mundo, a la mujer que desencadenó la más famosa guerra de la Antigüedad. “Pero, ¿quién podía creerse que todo ese despliegue era realmente por mí?”, pregunta una deteriorada Helena de Troya, condenada, por adúltera, al eterno envejecimiento; a vivir afeándose hasta que nuestro olvido la absuelva.

¿Quién escribe la Historia? ¿Quién convirtió al capullo de Ulises en un héroe? ¿Quién ocultó que los hermanos de Helena tardaron un año en rescatarla de los brazos de Teseo, que abusó sexualmente de ella, niña, todo ese tiempo? ¿Quién decidió que ella representase la traición y no Paris? ¿Quién la convirtió en la gran meretriz de la Historia? “Yo solo tomé una decisión” –dice Helena de Troya sobre el escenario-. “Amar a un hombre por encima de todo”.

Tengo la impresión de que los libros de Historia han quedado relegados a manuales pedagógicos o a bibliografía para los propios historiadores. Para contar la Historia hace falta tiempo y eso es, precisamente, lo que dicen que no tenemos. Es la letra pequeña del contrato del ser mortal. No tenemos tiempo; por eso nos aterra la sensación de estar perdiéndolo. La impaciencia nos domina. Las ciudades se convierten en videojuegos donde sus habitantes, como avatares, le echan cada día un pulso de 24 horas al tiempo. Por eso, en esta época confusa, lo rápido es lo eficaz. La comida es rápida, el transporte es rápido, tu conexión adsl debería ser rápida, la información es rápida. Y la velocidad hace que lo que ahora mismo está frente a nuestros ojos, en un segundo esté a mil metros de distancia. Creo que los líderes de opinión, los tertulianos, los analistas políticos, han sido encumbrados como los nuevos historiadores. Ellos nos cuentan la Historia como a ellos les interesa pero, sobre todo, nos la cuentan rápidamente, inmediatamente, cuando ni siquiera ha tenido tiempo de concluir. Y esa es la Historia que consumimos: veloz, inmediata, de ‘trending topic’. No podemos reflexionar. No tenemos tiempo. Y del mismo modo que compramos comida precocinada para no tener que cocinar, adquirimos análisis y pensamientos de otros para no tener que forjar los nuestros propios. Porque eso lleva mucho trabajo. Y mucho tiempo.

Entro en el Facebook de Francisca Pol, la ex candidata del PP balear al Senado, la mujer que colgó en el muro de su red social una foto denigrando a otra mujer. Me sorprende la manga japonesa con la que sus ‘amigos’ valoran su tremendo error. “Ánimo Fany. Recuerda el sabio dicho…se pica el que ajos come”, le dice un individuo. “No tenías que dimitir. La bromilla que has hecho tampoco es para tanto. (Chacón) Ha salido en fotografías escotada y bastante escotada”, dice otro. “Muy mal deben estar en el PSOE para sacar punta a este asunto”, le cuenta otra mujer. ¿Se imaginan lo que dirían estos mismos individuos si la foto la hubiera colgado Chacón y denigrase a Pol? Fingimos ser seres humanos racionales pero funcionamos como animales de tiro, siguiendo la senda que nos marcan las riendas, sin querer mirar hacia los lados, no sea que la reflexión nos confunda en el camino.

No sé si algún día tendremos la oportunidad, como esta Helena de Troya del teatro, de poder mirar a los ojos a los demás, con una copa de vino en la mano, y darles nuestras razones, las propias, las extraídas no de la verdad absoluta, que no existe, sino de la verdad plural, que es más objetiva, sin que sean menospreciadas ni eclipsadas por la Historia que, unos cuantos, decidieron que fuera la oficial.

Al día siguiente, mientras iba a por una barra de pan, un señor de traje le contaba a otro señor de traje que, si por esos antojos absurdos del destino, los socialistas ganasen las elecciones, en España tendríamos una nueva guerra civil. ¿Quién coño nos está contando la Historia? Mientras pellizcaba el cuscurro y me lo comía, pensaba que eso me pasaba por vivir cerca de la calle Génova.

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