Cumbres borrascosas

Ayer me llamó nuestra amiga Marta y dijo: “¿Sabes cuando los habitantes de una localidad se manifiestan porque no quieren que les levanten cerca una cárcel, una central nuclear o una planta de reciclaje de basuras? Pues yo creo que teníamos que empezar a hacer lo mismo para negarnos a que celebren en nuestras ciudades cumbres internacionales o de cualquier otro tipo siempre que conlleven gran despliegue de seguridad”. “Me parece un comentario que, viniendo de ti, resulta muy poco solidario”, apunté. “No confundas ser solidario con ser pardillo. La gente comprende que un país necesita cárceles, incineradoras, quizá hasta plantas nucleares, aunque eso no lo tengo tan claro, pero reconocen que no son un atractivo a considerar en la perfecta armonía de una población. Quieren el concepto, pero lo quieren lejos porque puede afectar a la convivencia entre vecinos. Pues una cumbre internacional, por ejemplo, también debería celebrarse lejos, en un lugar en el que las medidas de seguridad no afecten ni alteren la vida cotidiana del lugar”.

Me quedé un rato mirándola fijamente, sin pronunciar palabra, intentando comprender qué demonios me quería decir. “Y si la cumbre es en una ciudad pequeña, ya ni te cuento. ¿Te acuerdas de la cumbre hispano-portuguesa en Zamora, con todos los ministros de los dos países allí? ¿Tú te crees que en una ciudad tan pequeña, una cumbre internacional no es más molesta que un tanga de perlas?”, dijo. “Hombre, yo soy mallorquín y en Mallorca sabemos mucho de ese tipo de cosas y de lo que significa una buena promoción exterior”, añadí. “La promoción exterior la da Rafa Nadal, la ensaimada y Miquel Barceló. Las cumbres internacionales, con ministros de medio mundo por medio, no promocionan nada, solo molestan. Son un calvario para el ciudadano. Propongo que se las celebren todas en un lugar aislado, un sitio donde puedan montar un buen dispositivo de seguridad alejado del mundanal ruido. Así la gente podrá seguir aparcando el coche tranquilamente o circular por la calle de siempre sin que dos policías le corten el paso”, explicó. Cuando se pone así, mejor dejarla. “En el desierto de Los Monegros, ¿por qué no celebran ahí todos los actos oficiales?”, añadió. Y yo, de repente, me puse a pensar en el tanga de perlas y en una conversación que tenía pendiente con Marta.

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  1. A veces me entra la duda y pienso si Marta no será algún alter ego o cualquier recurso literario para tus textos. Luego pienso que si es real me gustaría tenerla en mi círculo íntimo de amistades.(Por cierto, ¿puedo tutear? llevo leyéndote y escuchándote tanto tiempo que no me sale el usted contigo, pero vamos, que me reeduco si lo prefieres)

  2. María, tú puedes llamarme como quieras. Seguro que suena bonito.

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