No son dignos de mi voto

Llevo una semana muy combativo. Si tuviera unos bíceps como Rafa Nadal, hasta me hubiera puesto una camiseta verde militar sin mangas y me hubiese tiznado la cara. Sé que voy a generalizar, pero detrás de una generalización siempre se esconde un hecho: tenemos una clase política indigna. Y ahora vendrá alguien y dirá “¡no todos!” Claro, no todos. Pero cuando Balears, comunidad en la que debería votar en las próximas elecciones, tiene el más alto número de políticos imputados y condenados en casos de corrupción de toda España, podemos pensar que sí son mayoría. Y la mayoría es la que vence la balanza. Eso es democracia.

Estoy reflexionando una de las decisiones más importantes de los últimos años: votar o no votar en las próximas elecciones. Y a día de hoy, es muy posible que no lo haga. No creo que los políticos de mi Comunidad estén a la altura de mi voto. Ni a la altura del voto de mi familia, vecinos y amigos. Sinceramente, no creo que estén a la altura del voto de ningún ciudadano honesto del archipiélago. Por supuesto, en esta lista (abierta) de ciudadanos no figuran aquellos que se verán ‘obligados’ a cumplir con la disciplina de partido, o bien por que sueñan con puestos de salida en las mismas o bien por ser familiares del político/a en cuestión. Es que la sangre tira. Y en ocasiones, tira al monte.

En mi ingenuidad casi bohemia pienso que nadie, con un mínimo de dignidad, puede votar, en una comunidad como la mía, al Partido Popular o a UM (aunque ahora se llamen Convergència per les Illes Balears). Están estigmatizados pero con razón. No hace falta que vuelva a sacar aquí la lista de políticos imputados, ni los nombres de todos esos que, a pesar de tener que aclarar su participación en casos abiertos de corrupción, aún van en las listas de las próximas elecciones. No será necesario que recuerde el caso Palma Arena, el caso Picnic, caso Cloaca, operación Xoriguer,… Pero si hasta la Policía y la Guardia Civil están desbordadas con el trabajo que les están dando los ‘presuntos’ políticos corruptos. Y luego están aquellos que se limitan a mirar, a ver pasar el cadáver de su enemigo por delante de su puerta pero sin mover un dedo para hacer la vida de los ciudadanos (y votantes) más justa, más digna, más amable. No sé si nos merecemos la clase política que tenemos. Creo que no pero, por si acaso gana el PP y alguien me lo recuerda, diré que ninguno de los candidatos estaba a la altura de mi voto y no desperdicié la dignidad de mi voto en ellos.

Mi voto, el voto de los ciudadanos, ha costado mucho. No a mí, que al cumplir 18 ya me vino como caído del cielo. A generaciones predecesoras que se partieron el alma por hacer oír su voz, por reclamar su papel a la hora de elegir a sus gobernantes, por acabar con sistemas que pensaban solo en los poderosos y nunca en los ciudadanos. Pueden llamarlo demagogia, bien. Pero ahora busquen otra palabra para definir las estrategias políticas que prostituyen nuestro voto, que comercian con él, que lo venden, lo compran, lo manipulan, lo disfrazan, lo arrastran, lo golpean, lo zarandean, y, en el caso de los tránsfugas, hasta se orinan en él. Sospecho que esta vez no. Mi voto vale más que ellos.

Y no voy a volver a caer en la trampa del voto útil. Mi voto siempre es útil. Otro tema es que los políticos sepan usarlo.

Hace casi más de un mes, en una de las famosas fiestas ‘Qué Maravilla’ que se celebran en Madrid, una famosa actriz (no digo su nombre porque luego dirán que no trabaja por culpa de aquello que yo escribí una vez) arremetió contra la vedette mallorquina Vivian Caoba por unos videos que ella había colgado en el Facebook. En esos videos, Vivian criticaba decisiones de un gobierno de izquierdas que, en su afán por preservar los derechos de la comunidad, limitaba los individuales. Los videos, llenos de sentido del humor, albergaban, a mi entender, la amenazadora idea de un gobierno paternalista que, sospechando que tiene que gobernar a una panda de descerebrados, decide empezar a prohibir cosas en lugar de potenciar la faceta pedagógica de la política, abrir el debate, buscar las alternativas. La actriz no le vio la gracia a los videos y recriminó a Vivian su actitud dando a entender que cuando ganase el PP nos arrepentiríamos de eso, que nos daríamos cuenta de que podemos estar mucho peor y que prácticamente nos iban a correr a gorrazos.

Por supuesto que todos sabemos cual es nuestra opinión, y nuestro voto, cuando nos hablan de leyes sociales justas y necesarias para una comunidad; sabemos la diferencia entre aprobar una ley que ‘permite’, al ciudadano que lo necesite, disfrutar de un derecho y las normas que, amparadas en una fe o creencia personal, vetan un poder al conjunto de la sociedad. Pero eso no significa que seamos marionetas de dudosa movilidad, que nuestra libertad de pensamiento esté sedada, que nuestra capacidad crítica esté cegada por la ideología, que la idea de que siempre se puede estar peor se convierta en un consuelo.

La clase política, excepto aquellos que se pueden contar con los dedos de una mano, votó esta semana reducir las becas Erasmus pero que los eurodiputados sigan viajando a Bruselas en primera. A más de 500 euros el billete, multiplicado por dos o tres viajes a la semana y por 700 eurodiputados…no sé a qué le llaman ellos ajustarse el cinturón y dar ejemplo. Y a esa indignación, Rosa Díez la ha definido como un “ataque de histeria colectiva progre”. Eso es lo que hacen con nuestros votos. Reírse de ellos. Y entre esos eurodiputados, también estaban los de PSOE. Si no voy a poder criticar, con furia incluso, esa postura porque eso podría restarle votos, apaga y vámonos.

Tal vez, si cambiasen la ley electoral, si se dejasen de ‘listas cremallera’ y se preocuparan de las listas abiertas, quizá así podría recuperar la fe en el sistema. Darle la dignidad de mi voto no a la sigla, no a la supuesta ideología, sino al ciudadano político que demuestre, con sus acciones, que lo merece. Esa sería la verdadera fiesta de la democracia.

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  1. No es para comentar esto. QUEREMOS, ADORAMOS a Eusebio y no puede desaparecer. QUEREMOS A EUSEBIO.

  2. ¿Eusebio? Lo siento pero…no sé de qué me estás hablando…

  3. Sr.Paco Tomás, a donde vamos. Tiene usted razón, pero qué se puede hacer para salir de esta espiral. Guardar nuestro voto y preservarlo para cuándo alguien lo merezca? siento que estamos atrapados.

  4. mcarrionp

    Pienso que votar se debe votar. Aqui en VLC tenemos la misma mi*rda de política/os que parece por Baleares, pero debemos hacer notar que no estamos de acuerdo con eso. Siempre hay algún partido minoritario donde si es útil el voto.saludos.

  5. Claro que hay partidos minoritarios, claro que hay personas dispuestas a trabajar para los demás y no para sí mismos, claro que hay ética, pero nada de eso parece encontrarse en el poder, un terreno de arenas movedizas donde difícilmente puede florecer algo positivo. La mejor manera de descubrirlo es permitiéndonos hacerlo y para eso hay que cambiar la ley electoral primero. De lo contrario, seguirán gobernando ellos por los siglos de los siglos, repitiendo la misma fórmula una y otra vez.

  6. mcarrionp

    Eso sería lo ideal, pero en este país donde vivimos es difícil hasta el mismo echo de plantearlo… No la van a promover ni a cambiar ni PPPSOE, a ninguno de ellos le interesa. Por eso y mas razones lo del voto útil y minoritario.Saludos.

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