El sitio que duele

Tal vez no recuerdes un mail que te escribí en noviembre en el que te anunciaba que Marta y yo, cansados de buscarnos a nosotros mismos en fosas comunes emocionales, optamos por husmear en terapias alternativas. Fue Juliana, la maquilladora de la tele, la primera que me habló de los talleres de escritura como una vertiente más de la terapia oral. “Aprender a escribir implica aprender a mirarse dentro”, dijo. Pues bien, ya nos hemos apuntado a uno. Josep nos recomendó el que imparte Steven, un joven de Illinois -una tierra en la que yo pensaba que solo había maíz y casas museo de Abraham Lincoln- que ahora vive en Buger -una tierra en la que él pensaba que solo había campanes y picarols-. “Sólo por saber qué le empujo a cambiar Illinois por Buger, me apunto”, me avisó Marta. Su taller estaba basado en la ‘dangerous writing’, o sea, en la escritura peligrosa. A nosotros, que nos tira más el lado oscuro de la fuerza que a Marta Sánchez un photoshop, nos pareció una manera muy excitante de empezar a comprendernos por dentro, como si fuésemos un módem desmontado sobre la mesa de un niño inquieto. Pero el peligro del que hablaba Steven no se parecía en nada al que imaginamos, sobre todo después de ver Fuego en el cuerpo por ya no sé qué vez. El taller no tenía nada que ver con encuentros carnales descarnados. Más bien consistía en revelar, con papel y lápiz, aquello que más te asustaba, o te avergonzaba, o te arrepentías de haber hecho, o pensado hacer, o simplemente haber pensado. “Es encontrar el sitio que duele”, dijo Steven. “Qué bonito”, dijo Marta. Y empezó a llorar y a redactar. Miré a mi alrededor, con esa sensación de desamparo que sufría en el colegio, cuando había examen sorpresa y todos mis compañeros escribían en sus folios mientras yo no tenía nada que plasmar en el papel, y estuve a punto de escapar de allí. “Haz un esfuerzo”, me susurró Steven. “Nunca olvides que en el error, hay un tesoro”, añadió. Confieso que tuve una erección, pero de eso mejor hablo otro día, que lo mismo estás comiendo…
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Un Comentario

  1. Si aprender a escribir es aprender a mirarse dentro, que afortunado es usted al verse con claridad.

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