Las 7 diferencias

Artículo publicado el 25 de febrero de 2006


Cuando aún toda España critica, con cierto aire de superioridad occidental y colegio de pago, el fanatismo de aquellos capaces de morir -y matar- por unas caricaturas de Mahoma, el Instituto Pontificio Juan Pablo II organiza un seminario sobre la familia en la Universidad Lateranense de Roma para hablar de “los peligros” de reconocer la homosexualidad. Curioso, ¿no te parece? Después de leer esa información uno se da cuenta de lo acostumbrados que estamos a ver la paja -con perdón- en el ojo ajeno. Me resulta tan familiar como preocupante comprobar que los fanáticos y los que “no han sabido evolucionar” sean ‘los otros’ y nunca nosotros. Como en los cuadernos de pasatiempos, yo no encuentro las 7 diferencias. Nuestros fundamentalistas también se dan golpes de pecho, también rechazan las resoluciones, las normas y hasta las leyes amparándose en sus creencias. Y, desde el verano pasado, le han pillado el puntito a salir a la calle para manifestar su ira, eso sí, de forma pacífica. Los cinturones de bombas son cosa de ‘los otros’, que no valoran la vida. Pero nuestros fanáticos no son de andar por casa, aunque vivan en ella. Los nuestros son…más occidentales. Ellos no te matan; simplemente te hacen la vida imposible, que para el caso, es lo mismo. Aunque si hacemos memoria, seguro que encontramos alguna que otra víctima de su moderado fanatismo. Ahora, como son mucho más cabales que ‘los otros’, optan por la tranquilidad. No necesitan gritar consignas en las calles, ni orar a voz en grito, ni quemar banderas y símbolos como hacen los otros fanáticos. Los nuestros son corredores de fondo y saben de la importancia que tienen las futuras generaciones, el adiestramiento de los cachorros. Como esos colegios en los que niños y niñas están separados -no es nuevo, llevan haciéndolo años- con el objetivo de crear un caldo de cultivo en el que crezcan sus consignas con la misma robustez con la que uno de ‘los otros’ se juega la vida en pos de una guerra santa. Pero no se confundan: los fanáticos son ellos, no nosotros. ¡Hombre, por Dios! Que aquí todos somos…otra cosa. Mientras, el Instituto Pontificio Juan Pablo II dice: “Nuestra sociedad intenta hacer todas las posiciones equivalentes e incluso considera la homosexualidad algo normal y quien sostenga lo contrario pierde su derecho a expresarse al ser tachado de intolerante”. ¿Tú qué crees?

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Un Comentario

  1. Que razón tiene Sr. Paco Tomás, todo esto me recuerda mucho a un "amigo", ahora ya ex-amigo (porque si hay algo que no soporto es un homosexual homófobo y de derechas… lo segundo puedo obviarlo, lo primero no) que cuando veia a los chiitas falgelandose con cadenas y pinchos hasta que sangraban sus espaldas decía "¡que bestias que son! ¡si son animales!" pero en cambio era capaz de emocionarse en un paso de Semana Santa en Zaragoza viendo como los que tocaban los tambores se hacían sangre en los nudillos aposta, y exclamaba "se me pone el vello de punta" ante tal exhibición masoquista de fe. ¡Santa hipocresía!

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