La ley y la trampa

Les habla un autor. En serio, soy socio de la SGAE desde hace años y viendo la que está cayendo, y la que está por caer, he decidido mojarme. No me gusta algún aspecto de esa Ley de Economía Sostenible que se va a aprobar el próximo martes, casi a escondidas . Soy autor y me gusta vivir de lo que escribo. De hecho creo que lo hago y las cantidades por derechos que he recibido a lo largo de mi carrera solo servirían para comprar varios paquetes de rollos de papel de cocina. De los caros, eso sí. Quizá si el empresario que me contratase me pagase mejor y no dejara parte de mi sueldo en manos de los benditos derechos de autor, todo sería más sencillo. Y más justo. Creo que los autores deberíamos defender nuestros derechos y no los beneficios de los empresarios e intermediarios del negocio de la cultura. La música, el cine, la televisión, incluso la radio, tiene que espabilarse. Darse cuenta que Internet ha cambiado el mundo y ya no vale de nada echar de menos el paraíso de hace 40 años, porque esto ya no hay quien lo pare. Y el que antes se de cuenta, mejor para él. Hace falta un cambio radical y no leyes tirita que no van a solucionar nada. Y me voy a poner chulo. Lo que tiene que hacer el Gobierno es reunirse con los creadores, con las entidades de gestión de derechos y con los responsables de las webs y buscar alternativas, crear un futuro, para que podamos vivir de nuestro trabajo pero permitir que la cultura campe a sus anchas en la sociedad y no sea una propiedad privada. Porque si yo quiero hacer un programa de televisión y necesito una secuencia de una película, o un fragmento de un concierto, para contar algo, no podré utilizarlo porque están sujetos a derechos. Solo si puedo pagarlo, podré disfrutarlo. Eso no es cultura. Eso es un Rolex. Y si hoy en día la cultura llega a cualquier rincón del planeta, es gracias a Internet. Y tranquilos todos porque ni la música ni el cine van a morir. Lo que está en peligro es un modelo de negocio que explota la música y el cine y que tiene que cambiar. Es el signo de los tiempos. Y lo que yo espero de un Ministerio de Cultura es una ley que me permita vivir de mi trabajo pero que también permita que mi trabajo se difunda lo más posible, porque cuantas más personas lo vean, más posibilidades tengo de seguir trabajando.

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  1. Me permito la licencia de mencionarlo en mi blog, caballero. Un abrazo.

  2. Magnífico y muy lúcido. Yo también voy a compartirlo con tu permiso.

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