El misterio


En casa de mi madre ha tenido lugar ese maravilloso acontecimiento anual que consiste en sacar, del fondo de algún lugar remoto, una caja de cartón de patatas Risi donde, desde que tengo uso de razón, se han guardado las figuritas del Belén. Debe ser el único objeto de la casa que no ha sufrido una reforma, una rehabilitación o, directamente, un cambio. El Belén permanece, algo que no ha logrado mi fe, por poner un ejemplo. “¿No crees que va siendo hora de cambiar las figuritas?”, comenta mi hermana mientras saca de la caja una oveja con dos patas y el brazo amputado de vaya usted a saber qué pastorcillo. “Esas figuritas llevan toda la vida con nosotros. No estaría bien cambiarlas por otras más modernas. Sería…como una traición a la nostalgia”, contesta mamá. Y retira el papel de periódico del año anterior con el que intenta proteger a los actores del montaje escenográfico que se representará en el recibidor de casa hasta el 7 de enero. Mi madre es una mujer que se entrega con facilidad a la nostalgia. Yo siempre le digo que la culpa de todo eso la tiene “Cuéntame”, que nos hipnotiza y nos hace pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. La nostalgia es traicionera, pero mi madre no quiere traicionarla. Paradojas familiares. Mi hermana le insiste en que el ritual está empezando a ser algo doloroso, ya que cada vez hay menos figuras. “Como en la vida”, dice mamá. Y nadie rebate la verdad, así que empezamos a desembalar piezas, sabiendo que metemos la cabeza en la trampa. Y hablamos de aquel año que me dió por poner a C3PO y a R2D2 en el portal, adorando al niño, y mi madre me los quitó, con una sonrisa en los labios, al grito de: ¡Hereje! Y reímos con la figurita de la mujer que llevaba el cántaro a la fuente, que al final perdió el cántaro y el brazo pero la seguímos colocando, manca y todo, a ver si los Reyes Magos, que además son majos, le traían un brazo nuevo, aunque fuera sin cántaro. Al Belén le faltan los efectos especiales. Ya no tiene agua, ni luz, ni musgo, que ahora es delito ecológico. El Belén ya parece un campo de refugiados. Creo que mi madre por fín se ha dado cuenta. “El año que viene pondremos solo el Misterio”, ha dicho. “Pues si hay misterio, yo traigo a Harry Potter”, suelto. Y entre risas, mi madre nos manda a todos a la cocina.

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Un Comentario

  1. SBD

    Mi madre dejó de ponerlo el año que pusimos al niño Jesús un rifle de los GIJOE y adornamos a los reyes magos con bazokas … con lo bonita que nos quedó la Intifada!!!Cuando le he leído el artículo a mi madre ha dicho: "ves, no soy la única que os manda a la cocina" ¿?¿? 😉

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