Familia tradicional


No sé qué pedirle a los Reyes. La verdad es que lo que deseo ya se lo he pedido a Papá Noel. Para mí, los regalos son como el transporte: hay que elegir el que antes llegue. Y algo como eso se ha convertido en una característica antipatriota. Internet está lleno de mensajes contra Santa Claus y a favor de los Reyes Magos. El virus del nacionalismo es lo que tiene, que muta a la velocidad del AVE. “Nuestra tradición son Melchor, Gaspar y Baltasar y no ese gordo que no tiene nada que ver con nuestra cultura”, soltó mi amiga Encarna mientras se zampaba un Whopper con queso y extra de pepinillos. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral. Pensé que las costumbres que pasan de generación en generación no tendrían porqué suponer un conflicto social, excepto en la mente de aquellos que lo único que les interesa de la tradición es ese ingrediente conservador que bloquea todo progreso. Olvidan que la tradición también es susceptible de cambio; que las cosas pueden llegar a ser tradicionales, o dejar de serlo, en el plazo de una generación. Y aunque hay tradiciones aparentemente sólidas, hay que entender que deben ser compatibles con otras, como no puede ser de otra manera en ese famoso planeta multicultural que nos venden cada día. Hay hombres, mujeres y obispos que hablan de la tradición como si fuera una condecoración militar, una medalla que ganaron en vaya a saber usted qué batalla. Salen a las calles y se manifiestan en defensa de la familia tradicional, eligiéndose representantes de esa institución. Mi familia, que es una familia tradicional, no se siente reflejada en las señoronas y señorones que salen a la calle diciendo que ellos protegen un modelo de familia, como si la familia fuera el lince ibérico. Y como mi familia, miles más. Esa gente no representa a la familia tradicional. Esas personas representan a confesiones como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y demás doctrinas de extrema derecha. A esas familias son a las que representan, no al resto. Que mantengan a salvo sus tradiciones que yo mantendré las mías lejos de ellos. Con lo monas que estarían todas en sus casas, poniendo regalitos bajo el árbol de Navidad y encerradas en la Misa del Gallo por los siglos de los siglos. Amén.

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