Una confusión

Primera cita en…ya ni me acuerdo. Y sin ayuda de los profesionales del sector. Quedé con Marta para contárselo, porque si una cita no es lo suficientemente buena como para narrarse, lo mismo es que no era tan buena. “Nos conocimos en una librería”, comencé. “¿Librería? ¿Qué pasa, habían cerrado todos los bares de la ciudad?”, añadió Marta mientras le daba otro trago a su gin tonic. “Buscaba libros de antropología y yo…yo nada, pero me mostré muy interesado por un ensayo de Ian Buruma y Avishai Margalit sobre los estereotipos del mundo occidental que alimentan el odio”. En este punto, Marta estaba decidida a morderse la lengua y dejarse morir, así que fui al grano. “Acabamos en la misma estantería y…bueno, el resto ya te lo imaginas”. “¿Hubo sexo?”, preguntó. “No. Pero hemos quedado para vernos otra vez”. Como la expresión de Marta no resultó muy halagadora opté por soltar lo de la profesión, un as en la manga a la hora de sorprender a los amigos. “Es antropólogo”, dije. Marta puso cara de salir de ver ‘Embrujada‘ (un espanto) y brindamos por el amor. Al día siguiente, Marta merendó con Encarna y le dijo que yo había quedado con un antropólogo y Encarna, a su vez, llamó a Emma, la rubia, para decirle que yo había tenido una cita con un antropomorfo, algo que sorprendió a Emma que, acto seguido, llamó a Josep para contarle que yo tenía un romance con un antropófago, a lo que Josep puso el grito en el cielo y llamó a Santi para comunicarle que yo tenía previsto casarme con un canibal que, además, era antropomorfita. Santi se indignó de tal manera que me hizo sospechar que no tenía ni puñetera idea de lo que significaba esa palabra pero, de todos modos, llamó a David para decirle que me había casado, en una ceremonia íntima, con un antropopiteco, algo que llegó a los oídos del propio antropólogo, al que sus amigos le recomendaron, entre carcajadas, que me controlase no fuera a ser que le pusiera los cuernos con el Myotragus. A él no le hizo mucha gracia y me quedé sin cita en menos que sientas un tránsfuga a tu mesa. Una pena.

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  1. Puedo decir que has logrado sacarme una sonrisa en este lunes maldito (como casi todos los lunes) 😉

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