Las series de mi vida. Toma III

50.- MARCO, DE LOS APENINOS A LOS ANDES

Si hablé de Heidi, no tendría sentido pasar por alto Marco. No conozco a nadie que sólo haya visto una de las dos series de animación. Ambas van como en un pack generacional. Sin embargo, aunque reconozco al personaje y sería capaz de garabatear a su mono Amedio, no recuerdo nada de la trama de la serie. Ya sé, tanto no me flaquea la memoria, que Marco estaba basado en un relato corto de Edmundo de Amicis y que bastaría buscar el texto para refrescar todas las aventuras que le sucedían al crío. Pero no es ahí donde quería llegar. Lo que quería explicar era que aunque no recuerde secuencias de la serie, no logro olvidar el principio y el final. Marco corriendo en el muelle mientras su madre se despedía de él, a lágrima viva, desde el barco que zarpaba hacia América, destrozó el corazón de mi generación. Es tremendo lo mucho que han puteado nuestra infancia los japoneses y la Disney, pero ese es otro tema. Del mismo modo, y con la misma intensidad, recuerdo el día que Marco encontraba a su madre. Incluso recuerdo que la noticia se dio en el Telediario previo a la emisión del último capítulo.

49.- STARSKY Y HUTCH

Si “Los hombres de Harrelson” abrieron la brecha, “Starsky y Hutch” la hicieron áun más grande. La trama era sencilla y quizá por eso se imitó, años más tarde, hasta la saciedad: dos policías de California investigando todo tipo de casos. La serie relanzó el fenómeno fan –muy potenciado a finales de los 70- sobre la figura de David Soul (Kenneth Hutch) y Paul Michael Glaser (David Starsky). En los años en los que triunfaban Los Pecos, las chicas se debatían entre rubios y morenos, ganando por goleada los primeros. Yo, sin embargo, era más de Starsky.
Con Starsky y Hutch tuve, por cierto, uno de mis primeros encontronazos con la puta realidad, cuando decidí ilustrar la cubierta de mi cuaderno escolar con una foto de los dos actores (exactamente la misma que ilustra este post) y, al llegar a clase, mis ‘adorables’ compañeros se burlaron de mí asegurando que aquello era “cosa de maricones”. A los tíos lo que les molaba era pintar una raya blanca a su Seat 127 rojo, como si fuera el Ford Gran Torino del 75 de los protagonistas. En esa edad, en la que tenemos tan pocas herramientas para defendernos, que hacemos equilibrios sobre la inseguridad, esos comentarios nos hacen que, a escondidas, arranquemos la foto de la cubierta y asistamos a clase, todo un curso, con un cuaderno manchado de cuatro pegotes de pegamento Imedio.

Supervivencias aparte, me compré el single de David Soul cantante, titulado Silver Lady. Tremendo. Y la chaqueta que lleva Starsky en la foto, se vuelve a llevar. Me pareció ver una similar el otro día en H&M.

48.- CAÑAS Y BARRO

Con el lejano recuerdo de “El conde de Montecristo”, las series españolas no existían para mí hasta “Cañas y barro”. La adaptación de la novela de Vicente Blasco Ibáñez me atrapó desde el capítulo 1. Es verdad, sólo eran 6, pero ese es otro tema. Aunque hablase de un universo tan cercano, mucho más que el de la California de los 70, me enfrenté a la serie como si estuviera viendo lo más original del mundo. Sagas familiares, envidias y rencores; vamos, una maravilla. Los Paloma, con el tío Paloma (Alfredo Mayo), Tono (Manuel Tejada) y Tonet (Luis Suárez) trabajando duro en el cultivo del arroz en La Albufera valenciana para intentar adaptarse al cruel paso del tiempo. Pero tres aspectos de la serie me impactaron especialmente: los nombres de los personajes, típicamente valencianos, pero que me parecían de una contundencia emocional brutal. Borda, Neleta, Samaruca,…me volvían loco. Otro valor de la serie fue descubrir, aunque uno sabe muy bien con qué fin, a Victoria Vera. Su personaje de la joven Neleta, la mujer del cacique del pueblo a la que deja embarazada Tonet –Luis Suárez era el chulazo de Cañas y barro-, se quedaba en tetas de repente, como quien no quiere la cosa, y aquello servía para que no se hablase de otra cosa en la carnicería de mi barrio. Sin embargo, aunque no le resto importancia a esa secuencia, a mí lo que realmente me quitaba el sueño era en enfrentamiento entre Neleta y su cuñada Samaruca, la gran Terele Pávez. Ella es el tercer valor de la serie. Descubrí a Terele Pávez en esa serie y nunca he dejado de admirar su talento interpretativo. Posiblemente muchos la vean encasillada en papeles de mujer dura y cruel, condicionada por un físico potentísimo y una voz escalofriante, pero jamás podrán decir que no se les hiela la sangre cuando ella aparece en el plano. El capítulo de la pelea entre Neleta y Samaruca sólo puede igualarse a aquel en el que Krystle y Alexis se tiraban de los pelos en Dinastía. Si alguien no la ha visto, Cañas y barro quiero decir, se puede ver ahora en la página de RTVE. Repito, sólo son 6 capítulos.

47.- EL SHOW DE LOS TELEÑECOS

Jim Henson nos demostró dos cosas: que otro humor era posible y que las marionetas no son sólo cosa de niños. Esas marionetas de felpa, algunas fijas de Barrio Sésamo, un programa infantil, convertidas en personajes con los que podía carcajearse un adulto fue todo un hallazgo. De hecho, creo que era lo mejor de los domingos. La rana Gustavo se convertía en maestro de ceremonias de un gran cabaret de esos que tanto nos gustan. Porque un templo de variedades siempre será un templo. Había su humorista, el oso Fozzie, que contaba unos chistes malísimos; Animal, que era como un demonio de tazmania; el perro pianista Rowlf, pero, sobre todo, la primera hembra que despertó en mí la fascinación de una diva: Miss Peggy. Esa cerda enamorada de Gustavo y con un arrebato de orgullo violento creo que fue un símbolo para todas las cerdas, de carne y hueso, que años después interpretarían a las grandes vamps del cine contemporáneo. Otros personajes de los que es imposible olvidarse eran Slater y Waldorf, los dos ancianos que desde un palco criticaban y comentaban todo lo que veían en el show. Esos personajes cumplían una misión que yo recomiendo en cualquier programa: reírse de uno mismo antes de que lo hagan los demás. Te da una seguridad tremenda.

Pero lo realmente fascinante era el nivel de los invitados al Show de los Teleñecos, en Estados Unidos conocidos como Muppets: Charles Aznavour, Twiggy, Julie Andrews, John Cleese, Blondie, Liberace, Liza Minnelli, Elton John,…y no sigo para no llenarlo todo de nombres propios y purpurina. Todos cantaban y demostraban un sentido del humor a prueba de representantes. En España se intentó algo que podríamos definir como ‘parecido’: ‘Una nochebuena con Los Lunnis’. El resultado no soportaría la comparación. Y no será porque en España no exista un buen equipo de personas capaces de crear unas marionetas divertidas y unos guiones que funcionen perfectamente sino porque creo que a nuestras ‘estrellas’ les falta sentido del humor.

Por cierto, si alguien sabe dónde se puede encontrar el especial que Los Teleñecos dedicaron a La Guerra de las Galaxias, que me lo diga.

46.- LOS ÁNGELES DE CHARLIE

«Había una vez tres muchachitas que fueron a la academia de policía. Les asignaron misiones muy peligrosas. Pero yo las aparté de todo aquello y ahora trabajan para mí. Yo me llamo Charlie».

Sí, es un poco tópico pero…¿quién no veía Los Ángeles de Charlie? Eran años en los que ver la televisión formaba parte de un ritual que, como todos los rituales, no puede diversificarse entre varios ídolos a los que adorar. Vamos, que sólo había un canal, o dos si contamos el UHF, y cualquier cosa que se emitise en aquella TVE era susceptible de convertirse en icono.

Sabrina Duncan, Jill Munroe y Kelly Garrett eran tres mujeres que dejaron el cuerpo de policía, donde realizaban trabajos menores, para entregarse a la emocionante existencia de las detectives privadas en una agencia dirigida por Charlie, un hombre de voz profunda que, durante las cinco temporadas, nunca dejó ver su rostro en pantalla. Su mano sí. Pero figuración especial de mano, cobra menos.

Yo jugaba, con mis vecinos y vecinas de portal, a Los ángeles de Charlie. Las chicas se repartían los papeles protagonistas dejando siempre, para la más feucha, el de Sabrina. Los dos chicos que jugábamos con ellas nos teníamos que repartir el de Bosley, el ayudante de Charlie, y el del propio Charlie. Ni qué decir tiene que si una tarde te tocaba ser Charlie, ya podías subirte a casa a merendar porque esa tarde te ibas a aburrir un huevo, sentado solo en la escalera del portal.

Kate Jackson, Jaclyn Smith y, por supuesto, Farraw Fawcett se convirtieron en rostros universales y, seguramente, eso hizo que ninguna de las tres lograse encontrar un hueco relevante en el mundo de la interpretación. Como siempre, la rubia se llevaba todos los aplausos y el peinado de Farraw comenzó a lucirse en la cabeza de todas las jóvenes americanas. Ese boom cegó al representante de Farraw, creo recordar que en ese momento también esposo, y animó a la actriz a renunciar a la serie para cumplir con ‘otros muchos’ proyectos. Pocos recordarán algunos de esos millonarios proyectos; sin embargo, todos saben que Cheryl Ladd fue la actriz que sustituyó a Farraw, haciendo de su prima Kris. Luego llegaron más ‘ángeles’, todas con nombre de actriz porno: Tiffany Welles, Julie Rogers,…pero ya no era lo mismo. Es cierto que, como sucede con casi todas las series que nos fascinaron en aquellos años, el regreso a ellas suele doler. Cumplen con su valor nostálgico, e incluso vintage, pero no envejecen bien. De todos modos, ver correr a esas mujeres sujetando la pistola con las dos manos, eso vale su precio en laca.


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  1. Muchísimas gracias!!!Un abrazo

  2. Lo que me he podido reir. Es cierto que vuelve la famosa chaqueta de punto de Starsky. Que gratos recuerdos. Te diré que a mi me pasó algo parecido con la carpeta del instituto, sólo que con Greese, y me llamaron hortera todo lo que quisieron y más, y eso que soy una chica… Lo de los Muppets ya es fijación. Cuando quiero levantarme el ánimo en Navidad u otro fiestorro horrible me pongo el capítulo que hizo Pierce Brosnan. De Marco prefiero no acordarme, que depresión. Y te olvidas de una de las grandes, Hawai 50, que nadie recordaba hasta la peli de ahora, y está mucho más visible la serie que la peli, a pesar del tiempo y de las risas que te pueden dar algunas cosas como los peinados o los gestos. Saludos.

  3. ay, colegio…etapa cruel donde las haya…

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