Hoy me siento español


Hoy me siento español. Ya sé que cuando un gentilicio ha sido patrimonio y emblema de una etapa histórica frustrante, castrante y abominable, cuesta tiempo volver a sentirlo parte de uno, pero yo lo he logrado. Al menos las próximas veinticuatro horas voy a ejercer de español. ¿La razón? Según mi madre, por incordiar, que dice que es algo que ya se me daba de maravilla cuando era pequeño. Pero no es por eso. He recuperado un libro que escribieron un grupo de corresponsales extranjeros en España en el que nos analizaban y que han titularon “Vaya país“. Ellos, con mucho sentido del humor, no vaya a ser que nos mosqueémos y nos dé por quemar embajadas, han dicho de nosotros -nosotros somos los españoles, ¿te acuerdas?- que hablamos muy alto, vamos que no hablamos, que gritamos; que pedimos perdón para poder interrumpir una conversación y así arrebatarle la palabra al otro y seguir hablando; que escuchamos poco, o nada; que somos egocéntricos y que hay que ser condescendientes con nosotros como lo serían con una tribu Masai. Pero no todo es negativo. También valoran muy positivamente nuestro sol, como si tuviésemos algo que ver en que salga cada mañana. ¡Ay, si Carlos I levantase la cabeza, él que fue monarca de un imperio en el que nunca se ponía el sol! Para mí que el patriotismo no tiene nada que ver con los cuarteles, ni con las banderas y mucho menos con la unidad de España. El patriotismo es un resorte, un mecanismo de defensa que aparece cuando a uno le tocan las costumbres más propias. Cuando llega un noruego, con cara de listo, y te dice que gritas cuando hablas, que la siesta es una pérdida de tiempo o que no comprende cómo puedes meterte una caña y una tapa de callos a las doce del mediodía. De repente, no importa que seas vasco, extremeño, canario o catalán, te recorre una bestia parda por las venas que si en ese momento te encuentras a Rajoy con su hojita en la mano, vas y le firmas. Porque a nosotros, las fronteras y las financiaciones nos dan más o menos igual, pero que nos digan que el vermut no es bueno,…uf, por ahí sí que no pasamos. “Aquí me gustaría ver a mí la tan traída unidad de España”, decía la abuela de Emma cuando se lo conté. Así que hoy, me voy de tapas y cañas. A beber y a cantar. Y luego, a dormirla. Que yo soy muy español.

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  1. Señor Paco Tomás, estoy totalmente de acuerdo con su definición del patriotismo. Viviendo en el extranjero (Alemania concretamente) me encuentro con que andaluces, madrileños, gallegos, catalanes y vascos nos reunimos todos bajo la denominación de "españoles". En este grupo hay más de uno al que, si estuviéramos en la península, le saldrían estigmas inmediatamente al pronunciar la frase "soy español". Pero aquí, por comparación con los que nos rodean, resulta que somos todos muy españoles. Y orgullosos de ello la mayor parte del tiempo.

  2. España se rompe.Pero nos va ganar Bélgica.

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